Es el podenco el perro de caza más popular en España y razones no faltan para ello. Animal rústico, resistente a las enfermedades, frugal en su alimentación, y eficaz en la caza sobre todo tipo de piezas, lo que le convierte en la opción preferida para la caza en toda la zona sur y levantina de la Península.
Eduardo de Benito | 07/12/2010
Es un cazador por antonomasia, con buen temperamento social, lo que a diferencia del ibicenco le permite trabajar en jauría. Caza de sol a sol. Es versátil y duro. El podenco andaluz es una agrupación racial donde las variaciones de talla, pelo y color no hacen otra cosa que evidenciar la esencia natural de la raza, características producidas por su adaptación al medio en el que vive y caza.
Estuvo en el campo, cazando, siendo útil, durante siglos, aunque las instituciones oficiales no se acordaban de él. En el último medio siglo la especialización en todos los órdenes de la vida se ha equiparado a calidad, desde la reparación más elemental de un motor hasta la alta cirugía, el especialista se impone y la caza no ha quedado al margen de esta tendencia. La moda de los perros especialistas fue entendida como búsqueda de razas fuera de España. Perros ingleses y alemanes llenaron nuestras perreras. ¿Por qué volver los ojos sobre el podenco campero? Ese era el perro del pueblo, el perro de cazadores alejados de los circuitos comerciales de la caza, de las organizaciones cinegéticas y cinológicas, de la moda, en definitiva.

Pero el podenco andaluz es mucho perro para sucumbir ante tanta tontería. Este perro, que ha sido sometido a la brutal selección natural de su utilidad durante siglos, eliminándose sin miramientos el que no servía para cazar, permaneció y finalmente emergió como una de las más completas razas hispanas de caza. No podía ser de otro modo. El 29 de marzo de 1992 el podenco andaluz quedó definitivamente inscrito como raza en el Libro de Orígenes Español (L.O.E.) de la Real Sociedad Canina. Aquella mañana, en el patio del Monasterio de San Jerónimo de Sevilla, mañana de sol perfumada por los azahares sevillanos, 160 ejemplares de podenco andaluz de las distintas variedades que el estándar aprobado poco antes contempla, fueron analizadas por jueces especialistas. El examen fue riguroso, 108 consiguieron ser aceptados y fueron los primeros ejemplares de su raza que poseyeron una documentación acreditativa de su pureza.
Más exigencias
Ese reconocimiento supuso un nuevo handicap para el podenco andaluz. Ya no bastaba con tener buen rendimiento en la caza, ahora debía reunir otras cualidades, las morfológicas —talla, pelo, proporciones anatómicas— y las etológicas —temperamento, adaptación al entorno y la función—. De este modo se ponía veto a una costumbre de años, el cruce indeterminado entre tipos y variedades, las mezclas sin sentido, la cría desordenada. Desde entonces aquel que tiene una perra con pedigrí se cuida de mantener la pureza de la raza y no admiten cubrir su hembra con cualquier perro. La modernidad había llegado al más ancestral de los perros cazadores peninsulares. Sus características son las de un perro leptosomático, potente, ligero y muy resistente. Posee sentidos muy despiertos, valiéndose por igual de la nariz, el oído y la vista para la caza. Su temperamento es valiente, nervioso, inquieto irradiando dinamismo.

El podenco andaluz raya hoy a una gran altura, contando con muy buenos criadores que están consiguiendo animales notables en su categoría, a los que se exige no sólo rendimiento en el campo sino también cumplir las más estrictas exigencias zootécnicas en cuanto a su morfología, carácter y crianza. El podenco andaluz afronta el reto del siglo XXI con la certeza de que está a la altura de la demanda de una cinofilia moderna y con la capacidad de satisfacer la necesidad de los cazadores más severos. Este trabajo se encauza a través del club de la raza, la Asociación Española de Criadores y Aficionados al Podenco Andaluz y Maneto.
La caza, lo suyo
El podenco andaluz es capaz de cazarlo casi todo, resulta imbatible para el conejo y tan eficaz para la perdiz como un perro de muestra, sin mencionar su milenario empleo como base de las rehalas monteras hispanas. Es perro para todo tipo de terrenos, responde con sabiduría a su entorno, el monte, la zarza, el barbecho, tierras de secano o regadas por arroyos y ríos, ningún cazadero se le hace difícil.

El conejo es su pieza principal, lo trabaja como un buen levantador y sigue con tenacidad el rastro, empleando por igual nariz, vista y oído, única raza que se vale de estos tres sentidos en igual medida para cazar. Sus orejas enveladas, anchas en su base y puntiagudas en el extremo, de gran movilidad, están adaptadas para captar los más pequeños sonidos que el conejo emite en su huida. La posición de los ojos, pequeños, oblicuos, almendrados, ligeramente laterales, le permite una gran ángulo de visión y una protección contra la intensa luz de Andalucía. Sus narices anchas, amplias, que facilitan la ventilación pulmonar, están dotadas de un olfato de gran finura y capacidad de discriminar convenientemente los olores de las distintas piezas.
El podenco caza con intuición y facilidad, o al menos esa es la impresión que recibe el cazador cuando ve a sus perros trabajar. Laten lo justo, lo necesario, perspicaces ante las tretas del conejo, son rapidísimos de movimientos, exhibiendo una agilidad portentosa. Su pecho poco descendido, quedando por encima de los codos, facilita una gran libertad de movimiento de los miembros anteriores, que no se ven entorpecidos por el roce de los codos con el pecho, facilitando los cambios bruscos de dirección. Quizá no resulten espectaculares cazando al carecer de la plasticidad de la muestra, pero son prácticos y eficaces como ningún otro.

Está dotado de mucho fondo, su resistencia física parece no tener fin y que no derrocha sus energías, las dosifica a lo largo de la jornada de caza, por lo que en aguante supera a la mayoría de las razas caninas. La piel está bien pegada al cuerpo, con ausencia de panículo adiposo, una característica de su adaptación a las altas temperaturas del medio en el que caza, favorece esa proverbial resistencia. Otra de sus virtudes, muy a tener en cuenta, es que son cobradores natos y muy posesivos, nunca entregan la pieza cobrada a nadie que no sea su propietario. Localizan las piezas heridas con eficacia y las recuperan incluso en los sitios más difíciles. Su cabeza seca y alargada, con un hocico estrecho y largo, le permiten cobrar entre los matorrales más cerrados.
El éxito del podenco como perro de caza se asienta en dos puntos bien concretos. Su aguante a las altas temperaturas y su eficacia para la caza de rastro sobre terrenos con bajo o nulo grado de humedad ambiental, en los que los tradicionales sabuesos resultan inoperantes.
Su nombre
Durante años recibió diversos nombres, el más generalizado fue el de podenco ibérico, también podenco español, podenco ibérico andaluz, podenco andaluz de rehala y podenco rondeño, hasta que a partir de 1982, en el Simposium de las razas caninas españolas de la Universidad de Córdoba, y especialmente tras su reconocimiento, se ha afianzado la denominación de podenco andaluz. Etimológicamente la palabra podenco procede del griego podokes y significa «ligero de pies», verdadera cualidad en estos perros tan ágiles y veloces.
Podencos rehaleros
El podenco rehalero es uno de los animales más sobrios y equilibrados que podamos contemplar. Es un perro tosco, pero no exento de elegancia, posee un cuello robusto, un pecho profundo y notablemente ancho, costillar relativamente redondeado, riñón corto y poderoso, pigmentaciones melánicas oscuras, aunque la pigmentación de las mucosas varía notablemente, desde el negro intenso al claro, y una notable resistencia en el trabajo. Sus cualidades psíquicas merecen también reseñarse, el podenco andaluz rehalero es un perro con un sistema nervioso fuerte, buen equilibrio psíquico, que lo protege contra el estrés de la caza, más despierto que nervioso.

En las rehalas podenqueras podemos observar dos tipos básicos: tradición e innovación. El perrero enamorado de las tradiciones cinegéticas busca conservar en sus rehalas las raíces tradicionales, los tipos antiguos de los perros, y para ello sólo cruzan y crían con ejemplares muy correctos morfológicamente y de gran pureza racial. El innovador experimenta cruces diversos, unas veces invenciones propias y otras dentro de las estructuras habituales de la rehala, como puede ser con mastines ligeros o perros de agarre.
Eduardo de Benito
Un verdadero todeterreno es un Drahtaar aunque se han dado casos que algun podenco ha entrado al agua no es un perro apto para cazar en agua.
"Pero el podenco andaluz es mucho perro para sucumbir ante tanta tontería"
Un buen artículo que a todos los podenqueros, gustará sobremanera.
saludos
"El éxito del podenco como perro de caza se asienta en dos puntos bien concretos. Su aguante a las altas temperaturas y su eficacia para la caza de rastro sobre terrenos con bajo o nulo grado de humedad ambiental, en los que los tradicionales sabuesos resultan inoperantes."
Y cuando quiera, debatimos al respecto, Sr. De Benito.
Saludos.
Sobre lo de los podenco en el agua, en este mismo foro he puesto videos de podencos cazando patos en el agua, (algunos de ellos cogidos a dientre entre los carrizos de la orilla).
No me han gustado las fotos. La del perro blanco con el collar de galgo, de cabeza y pecho, es un ibicenco de pelo duro. La de las tres cabezas son tres atravesados de mastin.
Saludos.
Había salido un día de calor inusual para esa época, con temperaturas que al mediodía llegaron a rondar los 23/25º. El monte andaba algo seco, porque las precipitaciones hasta la fecha habían sido escasas. Allá a las tres de la tarde, al acabar el resaque, dos rehalas completas compuestas mayoritariamente por podencos salieron de la mancha para cargar en los carros, por una pista que hace las veces de cortafuegos. Unos metros más atras, les seguía otro resacador con los tres o cuatro perros que le quedaban, todos sabuesos y griffones.En un momento dado, éstos cortaron un rastro en el canto de la pista, en el mismo lugar por donde hacía escasamente dos minutos habían pasado los podencos sin percatarse de nada, y se "enfrascaron" con él durante casi una hora.
Resultó, según comentó uno de los puestos aledaños, que ese rastro correspondía a un jabalí que se coló sin poder ser tirado, allá a las doce de la mañana.
Viene esto a colación de la "inoperancia" de los sabuesos frente a los podencos en terreno seco y con calor.
Seamos serios, con calor o sin él, en la caza DE RASTRO poco tiene que hacer el podenco frente al sabueso. Lo cual no quita para que el podenco tenga otras virtudes, que nadie niega.
Saludos.
Saludos.
José Jiménez
Es lamentable que personajes como ese tal AZUL, que andan criando perrillos franceses que pongan a criticar lo que desconocen, repitiendo vaciedades y, seguramente, con la intención de vender sus sabuesos.
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