Editorial

Pasan los días…

Tras repasar las distintas crónicas publicadas de la última Asamblea General de la RFEC, y teniendo en la memoria esas presuntas disputas de poder, manipulaciones varias buscando el beneficio propio, hipotéticos votos vendidos al mejor postor que presagian una ruptura total de la estructura federativa, al margen de recordar la vergüenza de todo un colectivo ante la forma de actuar de aquellos que se autoproclaman representantes de los cazadores y que dudosamente buscan el interés general de éstos, nos encaminamos a cumplir el segundo mes de mandato de la actual junta orgánica, con las vacaciones navideñas a la vuelta de la esquina, pasando el tiempo y… seguimos sin tener claro el futuro.

Hemos de pensar que cuando alguna entidad, una empresa, un país, un paciente enfermo o cualquier iniciativa no parecen ir bien, el tiempo es un factor determinante. Perder un día no es bueno, perder una semana es peor, perder un mes puede llevar al caos y a un desastre definitivo; demostrado está que cuando se deja pasar el tiempo sin hacer casi nada, es, o bien porque no se sabe, o bien porque no se quiere, o bien porque no se pueden aplicar las soluciones que sin duda existen. Mal presagio.

Del resultado de aquella Asamblea parece que salió una estructura fragmentada. Una de las partes lleva tiempo empeñada en tratar de demostrar que el paso del tiempo solo sirve para mejorar la economía de unos pocos, empeorando la del resto; no tiene sentido entrar a valorar otros aspectos de su actividad, claramente reflejados en años de vacío. Pero, ¿y la otra parte?, la que pedía y proponía cambios ¿donde está ahora?, ¿hace algo?, ¿trabaja?, ¿se mueve?, ¿se ha contagiado de esa forma de actuar tradicional en la federación basada en el silencio y en la falta de explicaciones?, ¿en actuar sin vincular a los cazadores, sin animarles a participar, sin contar con ellos, sin explicarles la necesidad —si es que de verdad existe— de un cambio?, ¿ de motivarles y de exponer los nuevos caminos y proyectos? ¿Qué sucede en este sector que todo el mundo se empeña en ir por libre sin dar explicaciones, sin preguntar ni debatir, sin transmitir motivar ni animar, sin tratar de unir en un proyecto a todos los interesados con argumentos y con personas carismáticas?

Son muchos los cazadores que no entendieron la razón por la cual la oposición al entonces presidente de la RFEC no presentó, desde el principio, un candidato carismático respaldado por un buen equipo que ofreciese un proyecto ilusionante, de cambio, y esperaran hasta el último momento para mover ficha. Son muchos los que no entienden que se dejasen perder votos sin que algunas comunidades presentasen candidatos entre los jueces, otorgando, así, mayores posibilidades al rival. Los mismos que no entienden cómo, posiblemente, se perdió algún voto de algún delegado por haber presentado como tales a personas afectas al entonces presidente. Los mismos que echaron de menos que, aún sin ser delegados, algunas personas pudieran asistir a la asamblea. Los mismos que, durante lo que llevamos de ‘legislatura’, han visto una oposición blanda y aparentemente falta de interés, que no se esforzaba por dar a conocer sus opiniones y planteamientos, que no transmitía su ilusión por ese cambio que propugnaba cerrar un ciclo para iniciar otro. Los mismos que esperan que esa ‘oposición’ no termine por volverse cómplice del ‘stablisment’ perpetuando esta rocambolesca situación.

Son cada vez más los que ahora piensan que ese órgano representativo, que debía formarse para tener más peso sobre el resto de entidades cinegéticas y servir de nexo de unión, es mejor que desaparezca en caso de terminar fragmentado; esta situación llevaría aparejada una pésima imagen del colectivo de cazadores y enterraría en el fondo de las catacumbas sus justas reivindicaciones.

De nada valen diecisiete federaciones si no colaboran y trabajan todas conjuntamente bajo un único paraguas; pues, aunque algunas cuenten con una buena gestión y en su ámbito territorial lograsen beneficiar al colectivo, la mala gestión del resto y de su cuerpo central terminaría por arrastrarles y, con ellas, a todo un sector. Los cazadores no se merecen el desprecio que actualmente están sufriendo.

A pesar de haber pasado más de un día, más de una semana y más de un mes, continuamos con la ilusión de ver llegar cambios, de poder disfrutar de un nuevo camino que nos haga olvidar el oscuro pasado y los nubarrones actuales, ofreciendo un futuro despejado que permita lucir un sol que alumbre al mundo cinegético.

Pero el tiempo y las oportunidades se agotan; que nadie que pretenda representarnos lo olvide.

 

Club de Caza (3012 lecturas) 

 

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