La caza y los cazadores de hoy

La caza deja grabada una huella tan importante en el cazador, que es capaz de condicionar para siempre su manera de vivir.

Evaristo Espada Moliner

07/06/2017 | 5276 lecturas

Acostumbrados a pasar los años con ocupaciones frenéticas, se suelen apreciar primero e ignorar después ciertos detalles pensando en el ego personal oportunista. Se desea influir en casi todo, observando como conclusión que existen tareas en las cuales importa más el efecto adquirido que la forma de conquistarlo, dejando de analizar si ha sido ausente de irregularidades.

La caza no debe tratarse como una competición de efectividad personal ejercida por el cazador frente al animal en tiempo récord

Desde el punto de vista cinegético, la caza no debe tratarse como una competición de efectividad personal ejercida por el cazador frente al animal en tiempo récord. Se desarrollará con calma y adaptación al lugar, intentando corregir los errores de actuación.

Para que un cazador con mayúsculas alcance este gran nivel, debe aprender a disparar bien, exige conocer mejor las peculiaridades del campo que registra cuidadoso y requiere luchar con mucha inteligencia contra la sagacidad de los ejemplares que lo poblan. En su camino también tendrán relaciones anexas, tanto el modo de entender la caza, como la destreza en la acción de cazar que practica ilusionado.

Esta actividad apasionada que llamamos caza es diferente a las demás. Nuestro protagonista alcanza buenos resultados cazando porque posee un sentido innato en su interior, sabe apreciar las diferentes distancias en las que la pieza puede ser abatida con éxito y le permite aprovechar al máximo las ocasiones que se le presentan, dejando volar la magia de su imaginación con paso firme en el monte.

Hay ocasiones que el cazador desea ser visto con entusiasmo por su habilidad practicando el pasatiempo favorito, como se trata de una ocupación legal regulada, le añade cierto valor al sentido real de la caza y a quien la ejerce sabiendo adaptarse al entorno con libertad y decisión. Por eso, me parece lícito que cada cual se forme para ello en el sentido más amplio de lo que esta palabra significa.

Puede que existan cazadores con la mayor simpatía por la caza dentro de su cabeza que difícilmente se sientan saciados con el grado de capturas, aunque sea muy bueno. El anhelo desenfrenado es difícil de controlar, pero si existe voluntad de que prevalezca la ética ante lo demás, sabrá reconducir la situación como es su propósito.

Sin embargo, de no conseguir aplacar ese afán desmesurado por desasosiego, condicionará la capacidad natural de cazador que tiene en sí mismo modificando los rendimientos prácticos obtenidos. Será el propio cazador el que deba acomodarse a ello sin renunciar a su carácter, adquiriendo experiencia para dejar de apretar el gatillo en lances concretos que afecten a su intervención.

Un cazador que estrictamente cazando demuestre a los demás que es honrado y justo con su identidad, avalando su conducta y compromiso con el hábitat, jamás debe sentir temor a los juicios de valor intempestivos y tendenciosos, vengan de donde vengan. Porque lo seguirá siendo si mantiene esa memorable actitud que le complace.

El cazador de renombre hace gala de ello aplicándose al menos tres comportamientos que lo identifican perfectamente.

De una parte, quiere y ampara la naturaleza en cada momento y lugar.

Por otra, solo dispara cuando existen posibilidades de capturar el ejemplar, en caso contrario sigue buscando nuevas oportunidades.

Finalmente, no siente ningún deseo de realizar tiros en lances difíciles, analiza la situación y decide no disparar siendo leal a sus principios.

Reivindiquemos con sentimiento ser cazadores con solera y lo que representa

Hoy en día, todo cazador debe conocer que la esencia de la caza es abatir animales salvajes recuperándolos íntegramente. Pero solo el genuino sabe cómo actuar en cada momento utilizando sus facultades para ese fin, algo que enorgullece su proceder porque a los animales de caza siempre debe tratarlos con respeto.

En estos tiempos modernos que nos ha obsequiado la vida, existen cosas que por desgracia van quedando con pocas de las virtudes que poseían. Si nuestro equipo cinegético no es el más novedoso del mercado comparado con los demás, parece que al cazador modesto se le considera de una categoría inferior, en vez de reconocerlo y admirarlo por su historial digno y destacado.

Reivindiquemos con sentimiento ser cazadores con solera y lo que representa, sin dejarnos llevar por cualquier falsa corriente de origen dudoso, animándonos a ignorar los ecologistas de turno que critican nuestra labor sin aportar una sola prueba real creíble en ese juego de interés creado y tendencioso, demostrándoles que están equivocados. Allá ellos, les falta talante para iniciar un diálogo constructivo.

Si en el futuro practicamos la caza de manera contraproducente, sin preocuparnos por defenderla junto a las piezas salvajes, podemos aparentar ser unos cazadores extraordinarios, pero queramos o no, dejaremos de saborear para siempre la caza natural sin adulterar y también perderemos irremediablemente al auténtico cazador, su fiel representante en la sierra. Debemos protejerla todos unidos, sería un triunfo primordial para los cazadores insustituibles que la ejercen con su valioso ejemplo.

Los que formamos parte de este colectivo genuino nos sentimos plenamente identificados con esta atávica y maravillosa práctica, nacida de la afición más pura y más grande.

Evaristo Espada Moliner

 

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