Reportajes

Hurones, conejos y escopeta

Una caza necesaria

Finalizamos 2018 cazando en una de las modalidades de mayor arraigo y tradición de cuantas practicamos: la caza del conejo en madriguera con hurones, herramienta efectiva de control de poblaciones allí donde el conejo hace más daño.

CdC

03/01/2019 - 3342 lecturas

«La caza con hurón es algo muy antiguo»

«Los envites ecologistas no han podido imponerse»

«El hurón es un animal que hace gala de una temeridad sin límite»

«La entrega de estos dos hurones macho es exquisita»

«El terreno en el que cazamos cuenta con gran cantidad de madrigueras»

La caza con hurón es algo muy antiguo. El geógrafo y viajero griego Strabo o Estrabón (58 a.C.-24 d.C.) incluyó en su tratado Geographica, una visión grecorromana del conocimiento que imperaba en aquella época, que los romanos utilizaron los hurones más que las mangostas, ya que eran más sencillos de domesticar que estas. Acudieron a ellos para controlar la sobrepoblación de conejos y para mantener alejados a los roedores de sus villas.

Esto se corresponde con la utilización de estos mamíferos mustélidos en la actual caza del conejo, ya que se posiciona como una manera óptima de controlar sobrepoblaciones y daños agrícolas en determinadas áreas.

Una caza necesaria

Ese arraigo en la cultura cinegética rural se ha mantenido fuerte a pesar de los intentos administrativos por acabar con su uso en la caza del proclive lagomorfo. Los envites ecologistas no han podido imponerse a una modalidad, un arte venatorio que es requerido donde todo lo demás se hace inservible e inútil.

¿Fácil?

Requiere el conocimiento de los hábitos del conejo y de la manera de cazar del hurón. Conocer profundamente a predador y presa es lo que condicionará el éxito de la jornada. Las madrigueras, las salidas del conejo que están usadas últimamente, saber desechar las que están abandonadas, hacer uso del más absoluto sigilo, saber por dónde acercarse, ya que si los conejos nos oyen o nos ven dirigirnos allí, se resistirán a abandonarlas a pesar de que el hurón le esté mordiendo la cola.

También hay que conocer a nuestros aliados en esta caza. El hurón es un animal que hace gala de una temeridad sin límite. Es fiero, predador que muerde a la presa y la matará si le da opciones. También es un animal que se cansa si abusamos de sus bondades, por lo que debemos saber cuándo parar, darle descanso o relevo con otro ejemplar.

Una jornada con buenos hurones

Hemos acompañado a dos cazadores con dos hurones muy bravos, pero también muy dóciles. La entrega de estos dos hurones macho es exquisita. Hacen su trabajo con una eficiencia incontestable, y acuden a las manos de sus propietarios con una mansedumbre que pocas veces he podido ver antes.

El terreno en el que cazamos cuenta con gran cantidad de madrigueras, pero hay que ir seleccionando las que, debido a las circunstancias, se ajustan a lo que vamos buscando. Tan solo una escopeta intentará culminar el trabajo de los hurones. Por esta razón, buscamos madrigueras no muy complejas, con un número limitado de bocas que el cazador pueda cubrir. De otra manera, si cazásemos en madrigueras con múltiples galerías y salidas y cados, agotaríamos a los hurones en pocas horas y los conejos, si abandonasen el subsuelo, contarían con más posibilidades de pasar desapercibidos.

Los mejores lances

En dos de las madrigueras elegidas, los hurones no tardan mucho en desalojar tres conejos de cada una de ellas. En la primera de ellas, dos de estos orejudos escaparon al salir por donde menos se les esperaba. Esta caza no tiene nada de sencilla, y los conejos se escabullen, ya sea por salir por donde el monte les oculta, por burlar a los hurones en el entramado de galerías de las madrigueras o por escurrirse de una boca y entrar en otra cercana, imposibilitando el disparo por motivos obvios de tiempo para efectuarlo y espacio para que los perdigones no dañen la carne de estas preciadas piezas, que tantas posibilidades culinarias nos ofrecen.

En la segunda de estas madrigueras, un primer conejo es desalojado a los pocos instantes de que el hurón se internase en la tierra. Un primer regate al percibir al cazador que le esperaba, le lleva a intentar buscar cobijo en la zona más manchada de vegetación, pero el disparo le frenó justo en el límite del monte.

Como vemos en el vídeo, el segundo y tercer conejo salen por la misma boca con un intervalo de pocos segundos, los justos para que el cazador recargue el cartucho empleado en el primero de ellos. Y menos mal, porque el tercer conejo se tragó los tres disparos de su semiautomática. ¡Qué velocidad alcanzan en pocos segundos estos bravos conejos!

Al finalizar la jornada, volvemos con la experiencia de una jornada con grandes lances y con un buen trabajo huronero en la retina.