Reportajes

Perros de rastro, monte llovido, un gran disparo y un jabalí de 107 kilos

Batida en Fonsagrada

Una pequeña batida en Fonsagrada nos permite asistir, en primera persona, a un precioso lance en el que el montero escucha cómo el jabalí rompe monte hasta su posición y, finalmente, da la cara.

CdC

16/11/2018 - 5215 lecturas

«Se trató de un gancho pequeño, de unas 5 hectáreas»

«Tras abatirlo, y viendo que el jabalí se levantaba, el cazador repitió el disparo.»

«Es un animal grande para lo que solemos tener por la zona»

Fonsagrada se encuentra a unos 60 kilómetros al este de la ciudad de Lugo. El pasado fin de semana, una cuadrilla de cazadores organizó una batida con la esperanza de que un buen jabalí cumpliera en alguno de los puestos tras el trabajo de cortar los rastros, «cerrar» el monte, y trabajar esos rastros con los perros para levantar los jabalíes hacia los puestos.

Todo salió a pedir de boca, como nos narra Julio Roxo, uno de los compañeros del cazador que lo vivió y grabó todo.

Un pequeño gancho

Organizamos una pequeña batida en una zona muy cercana a suelo asturiano. Por la mañana, los monteros fueron a cortar los rastros para organizarlo todo bien y colocamos 18 puestos en forma de triángulo aprovechando pistas forestales y valles, intuyendo donde estaría el encame del jabalí. Se trató de un gancho pequeño, de unas 5 hectáreas, porque, cuanto más nos aproximemos, más posibilidades tenemos.

Fue un levante rápido. Prácticamente fue levantarlo y los perros lo empujaron hacia la zona de puestos que cerraban el monte.

En el vídeo se aprecia que el cazador permanece atento. Está escuchando al jabalí en su paso por la vegetación. De repente, encarar su rifle Tikka, meter al jabalí en la cruz del visor Zeiss y disparar se lleva a cabo en menos de un segundo.

Tras abatirlo, y viendo que el jabalí se levantaba, el cazador repitió el disparo. Esto nos contó después que lo había hecho sin dudarlo porque, además de ahorrarle sufrimiento al animal, la semana anterior se le había escapado un jabalí al que disparó y cayó fulminado, pero que de repente se levantó y se perdió entre el monte sin que pudiera hacer nada por evitarlo.

Un jabalí grande para esta zona

Es un animal grande para lo que solemos tener por la zona, pesó 106,9 kilos. Es un jabalí muy gordo para el tiempo en el que estamos y con poco colmillo. Suelen ser jabalíes que vienen de otras zonas donde tienen más alimento, de la costa o de zonas donde tienen más comida, y en estos meses suben al monte.

Se trató de la única «levanta» que conseguimos llevar hasta los cazadores ese día. Fueron cinco jabalíes los que rastreamos y levantamos, pero estos animales saben mucho. Además, ese día estuvo lloviendo mucho y el viento soplaba fuerte, lo que hace que los jabalíes se muevan mucho.

Los perros y su trabajo

Tras ver las huellas, los corta rastros sabían que se trataba de un ejemplar grande. Por eso, hay que extremar las precauciones con los perros, porque si se vuelve contra ellos, les puede hacer mucho daño. Nosotros solemos soltar a los mejores perros de rastro y, cuando se localiza al jabalí, se suelta a «los refuerzos». De esta manera, si el jabalí aguanta a los dos o tres primeros perros, cuando llega el resto de canes, esto le intimida y, generalmente, se ve obligado a salir del encame. Así conseguimos ese levante.

Los perros que trabajan aquí suelen ser cruzados. Hay poco sabueso cántabro y español, en cambio, hace unos años se puso de moda el azul de Gascuña. Pero aquí se recurre mucho a los cruces. Debido a que los montes son muy duros, buscamos la fortaleza y la habilidad en los perros, perros de tamaño mediano, que se mueven con soltura entre la vegetación.

Un jabalí viejo y experto

Este jabalí describió un ‘1’ en su recorrido. Fue casi hasta uno de los puestos, y se volvió. Afortunadamente, dio la cara en el puesto del compañero, que estuvo fino con su arma y pudo abatirlo. Porque hay veces que los jabalíes de este tamaño, que son animales viejos y expertos, recorren todos los puestos sin llegar a entrar buscando una salida.