Reportajes

Ojeando perdices en la finca La Ronca

Acompañamos a un grupo de cazadores hasta la localidad toledana de Escalona

Independientemente de que a unos les guste más o menos, al igual que la montería es la modalidad española por excelencia de caza mayor, el ojeo de perdiz lo es en referencia a la caza menor. Una modalidad que ha mantenido su extensa tradición a lo largo de los años.

CdC

31/10/2018 - 6832 lecturas

«Cada puesto suele hacerse con una pantalla de ramajes que se colocan verticalmente para ocultar al cazador»

«El cargador tiene como misión recargar una mientras el cazador dispara con la otra»

«El ojeo finaliza cuando se juntan las líneas de ojeadores con los puestos»

«Las armas usadas, de manera tradicional, han sido las parejas de escopetas paralelas del calibre 20 y 12»

«Dada la situación actual de la perdiz, es necesario repoblar»

Esta modalidad únicamente se organizaba en grandes cotos, principalmente privados y gestionados por particulares, con la cada vez más escasa perdiz salvaje y a un coste sólo asumible para bolsillos con cierta solvencia.


Sorteo

Acompañamos a un grupo de cazadores, grandes aficionados a la modalidad, hasta la localidad toledana de Escalona. Allí se encuentra una emblemática finca de ojeos, que tal y como destacó Roberto Médem Sanjuán en su segundo libro «El Ojeo de perdiz en España». La Ronca brilló con luz propia en los años 60 y 70, de la mano de su propietario Leo Biaggi.


Línea de puestos

Los puestos

Una línea de puestos se sitúa al final de la extensa zona a batir, en un lugar de la finca en el que la propia orografía del terreno ayude al vuelo de las perdices.

En la modalidad tradicional, cada puesto suele hacerse con una pantalla de ramajes que se colocan verticalmente para ocultar al cazador, al cargador y al secretario que lo acompañan.

Entre 10 y 12 puestos, situados en disposición semicircular, son suficientes para cubrir una zona. Los puestos se echan a sorteo, para intentar que todos los cazadores opten de igual manera a las distintas posiciones de la línea de puestos, estas son el centro y las puntas.


Cargador

Los cargadores

El cazador dispara con una pareja de escopetas. El cargador tiene como misión recargar una mientras el cazador dispara con la otra, para que éste no pierda tiempo ni oportunidad.


Drahthaar cobrando

El secretario

La labor del secretario es apuntar los abates del cazador y posteriormente, acabado el ojeo, encontrar y recoger las piezas abatidas, que colocarán en las perchas. Generalmente para el cobro se auxilian con perros –normalmente retrievers, springer spaniels y, con menos frecuencia, epagneul breton y draathar- .

El secretario ayudará también al cazador a transportar sus enseres, la pajera de escopeta, la bolsa cartuchera, etc. hasta el puesto.


Pareja de paralelas

Los ojeadores

Los ojeadores se sitúan en el extremo opuesto a donde se encuentran los puestos. El ojeo comienza con el sonido de la corneta. Dispuestos también en semicírculos van avanzando de cara a los puestos y haciendo ruido a su paso, batiendo las zonas más pobladas de vegetación con palos, intentando levantar a las patirrojas en dirección a los puestos de los cazadores.

Los «banderas» se sitúan en las puntas, marcan el inicio y el fin de la línea de ojeadores. Su función es intentar que las perdices vuelen hacia adelante y no laterales.

Los ojeadores llevan prendas de vestir fosforescentes que hacen que se les vea mejor y evitar así posibles accidentes. En el momento en que son vistos, los cazadores deben declinar todo tipo de disparos hacia donde se encuentran éstos.

El ojeo finaliza cuando se juntan las líneas de ojeadores con los puestos, a toque de corneta, al igual que el comienzo. En ese momento se lleva a cabo la recogida y recuento de las piezas.

A lo largo de una jornada suelen darse varios ojeos, entre 4 y 5 es lo habitual.


Corneta

A considerar

La idea es que las perdices vuelen de manera natural y gradual para que entren a los puestos «chorreadas» para dar más oportunidades de disparo a los cazadores. Si los ojeadores no realizan el batimiento de la zona adecuadamente, las perdices pueden asustarse y aplastarse, dando lugar a que se concentren demasiado ejemplares que, a la hora de arrancar en vuelo –se denominan «barras»- hacen muy complicado para las escopetas elegir y apuntar a un blanco, desaprovechando además el resto de ejemplares.


Pantalla de seguridad

Las armas usadas, de manera tradicional, han sido las parejas de escopetas paralelas del calibre 20 y 12. Hoy en día se utilizan igualmente superpuestas y, aunque menos acertadas, también las repetidoras se han ido introduciendo poco a poco en la modalidad. El calibres 20 se mantienen de la mano de los cazadores más puristas, encontrando también parejas del 28 sobre todo en cazadores extranjeros que viene a disfrutar a España de esta modalidad.

La munición que suele utilizarse es de gramaje 6ª y 7ª con gramaje de 30 – 32 gramos.

El plantel o «tableau», con las perdices colocadas por parejas, bocarriba y de cara al cazador, pondrá el broche de oro a un buen día de ojeo.


Bandera

La gestión

Dada la situación actual de la perdiz, es necesario repoblar, utilizando la perdiz de mayor calidad, procedentes de granjas con certificado de pureza genética, lo más próximas a la finca para garantizar su correcta adaptación al clima. La suelta de los ejemplares suelen realizarse a principios de junio, con refuerzo en septiembre.


Tableau

Se cuida todo el año. En la finca se intercalan las siembras de trigo, cebada, avena, como cultivo de otoño con barbechos y zona de erial. En verano se hacen siembras de garbanzo y girasol. Estas siembras se suelen aguantar el máximo posible para que la perdiz pueda nidificar y criar bien. Para ello, se realizan censos de nidos, que serán marcados para evitar su destrucción y mantener un control de las polladas. Además, existen unos 40 comederos artificiales.

El agua no es menos importante. Hay cincuenta bebederos repartidos por toda la finca, que evitan que la perdiz tenga de desplazarse para cubrir sus necesidades básicas.

A lo largo del año las perdices y perdigones encuentran refugio en las zonas próximas a los árboles, donde se dejan pequeños rodales de maleza que permite a estas bellas aves protegerse de sus depredadores, de los que se lleva un control legal.