Relatos

¡Oh… gran Blanco!

 

AYER… vi pelear a mis perros, allá en el bajo de una quebrada y ver su enardecida lucha entre navajas, jetazos, atropellos, y ramadas… todo lo VI… y me dolía el ALMA…

Y como una tromba blanca, amontonarse con una cohesión toditos, sin rendirse, ni aflojar, embestidas y jetazos sin importar dolor… Oh GRAN BLANCO… todavía, en mi ser todo lo siento, y al NO poder bajar por una ladera de la montaña… mi desesperación… ¡toda era! Todo lo veo y, ¿sabes, dogo?… solo me senté de impotencia sin ayudar aquel día.

Vi desde arriba la maraña del monte, vuelan los pájaros, que escapan en estampida, bramaba el bosque de navaja y colmillos… y en un claro VEO al padrillo gigante… ¡BESTIA ANIMAL, muy grande! Pa mis perros; arrasa los churquis, como palos sueltos… y un sol frío… helado de invierno… huele a sangre, sangre de mis DOGOS… que manchan con gotas la tierra, blanco es su cuerpo y en color púrpura, suavemente se va convirtiendo.

Luego todo silencio, y en un instante encuentro pasillo y le llego al bajo, trato de agudizar sentido… pego un silbo profundo como pa llamar a mi perro campana (garronea y ladra) es mestizo talla mediana. Y nada… a la gran siete… pa donde se fueron, busco en todo el revuelo; rastros de mis perros… y cuando ingreso al monte virgen veo y digo… solamente una bestia puede penetrar tamaña maraña de monte; y de estar; siento a lejos aullido de mi perro campana (Carbonilla)… se llama… ¡choco negro señor!… muerde garrón y sale… pega ladridos… y entra de nuevo a la pelea, mientras los pesados mis dogos… Buey… Yango… Yunque… Firpo… hacen destrozo en cuello con presa… tipo tijera y tenaza pero hay veces que no es suficiente, para tamaña bestia… BERRACO GRANDE pelean, y pelean, pasa el tiempo, y EL AMO, matador, que NO llega.

Y ¿saben?, ¡llegué tarde, hermanos! El berraco se fue… dejó tajos, cortadas, pelos sueltos en ramas, sangre en las piedras esparcidas… la tropa esta salva; lastimada y agotada… ¡y ninguno me reclama! Toditos se acercaron y al verme en silencio todo rameado, cansado también por el salvaje monte, de rodillas los abrazé, OH mi GRAN BLANCO, dije en eterna humildad: Pa consuelo mío… y dije «perdone, no llegué a tiempo pa despenar al padrillo que se fue, soy un hombre con errores e imperfecto, pero usted, DOGO, ES LO QUE ES…».

¿Sabe una cosa?, tuve miedo… de perderlo a usted, tal vez pánico, no sé qué pasó; era una bestia infernal, quería que se fuera… ¿saben?… ¡Soy humano… perdone, mi perro, perdone!… aunque no entienda… ¡perdone!… y los abrazé de nuevo. Y en mi camisa, que todavía la llevo… esta grabada la mancha de sangre de mis perros… ¡Nunca la lavaré! porque… es mi SÍMBOLO de lucha y de miedos. Y en tardes amarillas de mi vida… en silencio, me inclino… ante mis perros, PERRO BLANCO… Y PÚRPURA TU PECHO… porque vi… TU LUCHA Y TU NOBLEZA SIN IGUAL.