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04/11/2020
Lecturas: 1765
Aquedados
Aquedados.-
(carta a JC, mi viejo amigo de estos foros)
Pues aquí seguimos amigo. Aquedados estamos desde el día que me llamaste preocupado. Tenías razón: lo peor es que no se ve un final, pero hay que resistir.
-- No hay más remedio que resistir.
Con tu experiencia y conocimientos de viejo ganadero supongo que lo de “aquedado” te sonará familiar; era lo que se hacía a las reses díscolas que se separaban de la manada o al hato que se distanciaba del rebaño. Se les echaban los perros de aqueda para meterlos en cintura
Eran aquellos perros de aqueda, los careas, de capa alrequinada, ágiles e inteligentes, que obedecían ciegamente al amo; “ajuntaban” el rebaño y hasta ponían en movimiento a la artillería pesada de los mastines cuando los vientos del norte traían las emanaciones del temido lobo.
De toda la estúpida terminología que se emplea en estos días: confinados, encerrados, distanciados, yo elijo lo de aquedados porque me da que la situación actual se asemeja – más que otra cosa - a lo que siempre se ha hecho con el ganado, con los rebaños y con los borregos. La diferencia es que ahora los aquedas –los perros- son más torpes que aquellos que conocimos de niños; son de todos los pelajes y colores y salen de los hemiciclos, esos nuevos corrales tapizados de terciopelo que no sabemos si son teatros o zahúrdas.
La aqueda en el campo se lleva mejor que en las ciudades y es mucho más sano, aunque nuestros políticos no acaben de entenderlo, o no les entre en sus pequeñas cabezas; salir al aire libre a cazar, pescar, ir a setas o a pasear el aburrimiento o el reuma es más sano que el maldito confinamiento.
Te decía que se lleva mejor…en el campo; el otro día cuando salió la segunda luna llena de octubre - la luna azul - se debió de llevar una sorpresa. Encontró un mundo vacío. Ni un ruido cercano ni lejano, ni siquiera la estela y el zumbido distante de un avión en el cielo.
Jamás había sentido una sensación igual y ya sabes que nos sobran noches de esperas y emociones en montes y sierras de todas latitudes. Una sensación de estar en el vacio absoluto, en un mundo irreal, plateado y estéril como el de la luna misma que nos miraba. Terrible sensación de soledad que –te lo puedo asegurar – me encogió el alma.
--- ¡Que no son las “gotitas “ leche… que son aerosoles! ----- ¡A ver si se enteran de una pu...a vez!
Perdona amigo este desvarío profesional que no estamos a rolex sino a setas, digo a jabalís en noche de aqueda.
El macareno no llegó, normal con tanta luz. Una corza con dos crías salió del maizal y se fue a los rebrotes de una alfalfa. Una zorra hizo su recurrido nocturno con sus habituales carreritas, paradas y saltos a los ratones campestres y una liebre vino, como todas las noches, al césped del jardín de la casa y se sentó a mirar tranquilamente la luna.
En el molino, el agua de la zaya resplandecía bajo la luz plateada y, sobre una pilastra, una nutria devoraba un cangrejo; los chasquidos del caparazón al romperse fueron los únicos sonidos de la noche.
La vida sigue, me dije, mientras me metía en la cama, pensando solamente en lo inmediato: ¡qué frío hace!
Cuídate mucho por favor y recibe un fuerte abrazo de los de antes de tu amigo aquedado, pero resistiendo.
J. Lobón

 

Este post ha sido modificado por el autor el 07/11/2020 9:22:55

 

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