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Ha muerto hasta el 80% de las reses en la Serranía de Cuenca

Primicia

Hemos investigado la excepcionalmente alta mortalidad de ciervos y gamos, sobre todo hembras y crías, que se ha producido durante la primavera en la Serranía de Cuenca. Las cifras oficiales ascienden al 80% del total de reses de la zona o, lo que es lo mismo, han muerto 8 de cada 10 reses.

CdC

23/10/2018

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La pregunta clave en esta investigación es ¿qué ha producido la masiva muerte de tantos ejemplares de gamo y ciervo? Las especulaciones que han circulado entre cazadores y orgánicos son muchas. Hay quien piensa que los fundentes de nieve que se repartieron por las calzadas de la zona han afectado a las reses. Otros acuden a la procesionaria para explicar el desastre, al creer que, dado que la superficie arborícola de la Serranía de Cuenca se reduce básicamente al pino, con las grandes nevadas fueron muchos (hablan de miles) los pinos que cayeron al quebrar sus troncos y ramas. Y, con ellos, las bolsas de procesionaria, que han podido intoxicar a los animales. También se ha sugerido la palabra veneno…

Pero hemos hablado con la persona indicada para que nos explique las causas que ha producido una elevadísima, exagerada, mortalidad de ciervos y gamos, principalmente, y corzos en bastante menos proporción. Las cifras apuntan a un 80% de la población de algunos cotos, dato oficial aportado por la Administración.

Una bacteria es la causante de todo

Hemos contactado con Miguel Ángel Verona San Juan, Veterinario oficial de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, que trabaja en el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de Albaladejito. Lleva 30 años como responsable del control sanitario y veterinario del Parque Cinegético El Hosquillo, trabajando con fauna silvestre como cérvidos, osos, lobos…

Miguel Ángel, háblanos de este inusual suceso: ¿qué ha pasado con las reses de la Serranía de Cuenca?

—A finales de abril, tras una primavera muy lluviosa y unas nevadas terribles, comenzaron a avisarme, tanto del parque del Hosquillo como de la reserva que hay alrededor del Parque, de la aparición de numerosos animales muertos, sobre todo cérvidos (ciervos y gamos).

Me trajeron 15 reses muertas que habían encontrado tanto en el Hosquillo como en la parte alta de la Serranía de Cuenca, y realicé necropsias.

Tras comprobar las lesiones que habían padecido los animales, mis conclusiones fueron que, como la primavera había sido muy lluviosa, la consecuencia fue que los pastos, que en esta zona de Cuenca son bastante pobres en fibra y en nutrientes, incluían un alto porcentaje de agua.

Alimentarse de este pasto de tan mala calidad durante un tiempo prolongado, unido a las fuertes nevadas que sufrió la zona, que prolongó que los pastos acumularan humedad y frío, ocasionó una Disbiosis ruminal, en palabras que entendamos todos, una indigestión que acarrea unas terribles consecuencias. La indigestión cambia drásticamente el PH del aparato digestivo de los animales, que normalmente cuentan en el intestino con una bacteria (el Clostridium) que, en condiciones normales no produce problema alguno.

Pero cuando se produce este tipo de indigestión, el aparato digestivo de los animales cambia el PH y la bacteria comienza a multiplicarse rápidamente. El Clostridium tiene la peculiaridad de que libera toxinas, que son muy virulentas y patógenas. Acceden al torrente circulatorio, lo que ocasiona unas lesiones muy importantes, que causan la muerte a los animales en tan solo 24 horas.

¿Qué lesiones encontraste en los animales que analizaste?

—Cuando realicé la necropsia a los animales, encontré el rumen lleno de un agua verdosa y no había restos de alimento. También encontré congestión en las cavidades, congestión pulmonar, abundante espuma en tráquea y bronquios, alteración del hígado.

Si le queremos poner nombre, lo que produce este tipo de bacteria se denomina Enterotoxemia, que generalmente necesita una predisposición alimentaria. Es decir, tiene que haber un desencadenante alimentario, que en este caso encontramos en este tipo de pastos pobres nutritivamente, fríos y muy húmedos.

Y nos hemos encontrado que este Clostridium, porque hay muchos tipos de bacterias de este tipo, ha afectado sobre todo a hembras, preñadas o no, y a crías.

¿Cuáles son las zonas donde ha sido más elevado la incidencia de muertes?

—El área más afectada ha sido la Serranía Alta. En la zona de La Serna y Huélamo los datos de mortalidad son los más altos, sobre todo coincidiendo donde las nevadas fueron más importantes. El Hosquillo, por ejemplo, está situado en el corazón de la Serranía Alta, y allí la mortalidad no ha sido tan alta como en los cotos circundantes, ya que hay un control poblacional exhaustivo y se alimenta a las reses durante todo el año con pienso compuesto. Allí hemos tenido un 50 % de bajas del total de ciervos y gamos. Pero en los cotos colindantes las bajas han supuesto hasta el 70 y el 80% del total de la población de ciervos y gamos. En cambio, en la Serranía Media y en la Baja, el porcentaje ha sido menor.

¿Es la primera vez que ocurre algo así en la zona?

—Hace seis o siete años sucedió algo parecido, pero con una mucho menor magnitud. En cambio, hace quince años, en tiempos de la entonces Reserva de Caza, se llegó a morir el 40% de las reses bajo muy similares factores y con la misma sintomatología en los animales muertos.

También hace diez o quince años se registró un caso igual en Castilla y León, donde aparecieron focos de Enterotoxemia. Entonces las causas fueron las mismas que se han registrado aquí.

¿Tenemos que preocuparnos de que se extienda por otras zonas?

—No, no se trata de una enfermedad infecto-contagiosa. No se ha transmitido de un animal a otro. Tampoco es una zoonosis que se pueda transmitir a las personas. Por eso no debemos preocuparnos.

Cuando realicé la necropsia, tomé muestras de sangre de varios animales y las llevamos a analizar, sobre todo para descartar enfermedades infecciosas como tuberculosis, lengua azul o similares, y todas las muestras dieron resultado negativo.

¿Se puede evitar una situación tan terrible? Y, si se puede, ¿cómo se haría?

—Es muy complicado, porque, en este caso de Cuenca, teníamos una densidad muy alta de animales, lo que lleva a que no tengan una disponibilidad de alimento suficiente. Además, las nevadas impidieron la movilidad de las reses, y ya hemos señalado que la calidad nutritiva del alimento es muy baja.

Lo único que podemos hacer para combatir esto es colocar en todos los cotos comederos que permitieran que los animales dispusieran de alimento constantemente. Además, mantener una densidad adecuada a la capacidad de carga alimenticia del coto.

La sobrepoblación de reses ha tenido mucho que ver en este problema, ¿verdad?

—Efectivamente, desde que despareció la Reserva de Caza de la Serranía de Cuenca, la densidad de algunas especies se ha disparado, mientras que los censos y los cupos de capturas no se han llevado a cabo como se debería haber hecho. Por el tipo de orografía tan cerrada y cubierta, por el tipo de montaña que tenemos aquí, la caza resulta muy complicada, sobre todo si hablamos de control de poblaciones.

Y la Naturaleza siempre tiende a mantener un equilibrio. Si no somos capaces de conservar esa armonía entre animales y recursos, suele autorregularse mediante casos como el que hemos sufrido o a través de enfermedades infecto-contagiosas. La Naturaleza será la que ponga el justo equilibrio en el campo.

¿Cuánto tardará la zona en recuperar su salud en cuanto a densidad de especies cinegéticas?

—A nivel de fauna, no tenemos que contemplar solamente la mortalidad acaecida en cuanto a hembras y crías, sino que a esto se suma la época en la que ha ocurrido, ya que las hembras estaban muy cerca de parir. Estamos hablando de abril y mayo. Murieron las hembras y las crías que iban a nacer ese año.

Si no hay más problemas de este tipo y el año próximo todo transcurre de manera positiva, creo en un par de años se puede recuperar la zona.

Casi todos eran animales jóvenes

Rubén es presidente del coto de Valdemeca, en plena Serranía de Cuenca. Hemos querido que nos cuente cómo ha vivido la tragedia. Nos corrobora que han muerto bastantes animales, sobre todo de corta edad, por toda la Serranía de Cuenca. Esto se suma a otros problemas que han azotado a las reses de la zona: «El año pasado estuve hablando con parques naturales porque aparecían muchísimos animales muertos con Miasis, el gusano que les afecta al aparato respiratorio. Estamos hablando de un porcentaje casi de 40% de los animales que se cazaban, en gamos, ciervos y corzos. No era normal la alta mortandad de animales, y me dijeron que era probable que la falta de alimento por sobrepoblación podría ser la causa. Nos dijeron que echáramos pienso, porque si los animales están fuertes, expulsan estos gusanos, pero la economía de los cotos de la zona no puede soportar que compremos pienso para dárselo durante todo el año. Hemos hecho comederos, muladares, pero, económicamente, no podemos comprar camiones de pienso».

En cuanto a la mortalidad de este año, Rubén comparte con nosotros cómo han vivido en su coto este problema: «Además, el año anterior el campo fue castigado por una sequía muy severa, y después las lluvias que llegaron de golpe, para dejar paso a unos nevazos tremendos. Esto, ante la gran cantidad de animales que había en la zona, donde el cultivo se ha abandonado y los animales han proliferado con total libertad, creo que ha sido el desencadenante de que, sobre todo los animales más jóvenes, murieran. Algunos de ellos sufrían un grado muy severo de desnutrición».

También hablamos de superpoblación con Rubén: «Con las formas permitidas de caza que tenemos los cazadores resulta muy difícil o casi imposible efectuar un control de una población tan enorme de hembras. Nos permiten la caza en mano y ganchos, pero una mancha al año. El rececho es la forma de caza esencial que se practica en la zona. Ante los animales muertos, no hemos enviado ningún cadáver a analizar porque al día siguiente ya no quedaba nada por los buitres y los jabalíes».

La conclusión que saca Rubén de lo que ha pasado es que quizás sea una desgracia que le venga bien a los cotos de la zona, ya que se han regulado las densidades: «Podrá entrar sangre nueva que sea más fuerte y haga frente a las enfermedades. La consanguinidad que se venían produciendo en estas especies será mucho menor y las poblaciones que han sobrevivido son las más fuertes y, a partir de ahora, tendrán más pasto al reducirse la competencia. El esfuerzo se centra ahora en conseguirles toda la comida posible, hacer comederos, echar maíz…».

Un invierno muy duro

Miguel es orgánico en varios cotos de la zona. Nos confirma que ha muerto mucha caza y la densidad de hembras y de crías ha bajado mucho durante los meses de primavera. Sus estimaciones cifran entre el 60 y el 70% del total de ciervas y gamas las que han muerto en los cotos que gestiona. En otras especies, como muflón y cabra, las muertes han sido mucho menos numerosas. Y la mayoría de los machos tampoco se han visto afectados por esta mortandad.

Miguel nos habla de un invierno muy duro para los animales: «El invierno ha sido muy malo, muy seco, sobre todo desde noviembre, y los animales no encontraban comida en el monte. Y cuando la primavera debería haber normalizado la situación climatológica y llegó la hora de que brotasen los pastos, llegaron las nieves, que cubrieron el suelo a un metro de altura. Los animales venían flojos del invierno, y con ese inconveniente muchos no pudieron hacer frente a esas nevadas, sobre todo los más débiles, que son las crías y las hembras que cuidan de ellas. Y las nevadas sumaron otro inconveniente a la ecuación, ya que estuvimos varias semanas sin poder subir a echarles comida por culpa de que no se podía transitar por los caminos».

Preguntamos a Miguel si recuerda algo parecido en años anteriores: «Personalmente, no he vivido una situación similar, pero he preguntado a cazadores y guardas mayores que trabajaron en la zona, y sí que recuerdan algo muy similar. Y me han comentado que pasaron cuatro o cinco años hasta que se recuperaron las poblaciones de reses».

Un precedente: Castilla y León

Si salimos de territorio conquense, podemos encontrar un caso en el que los ciervos sufrieron una mortandad muy elevada. La reserva de caza de la Sierra de la Culebra vivió una situación de mortandad muy elevada de cervuno en el año 2010. Una treintena de cotos del entorno de Sanabria-Carballeda principalmente y en La Cabrera leonesa.

Por aquel entonces, fuentes veterinarias oficiales encontraron la explicación en la escasa alimentación que tenían a su disposición lo ciervos, las bajas defensas que esto ocasionó en su organismo y la incidencia del carbunco sintomático. Esta enfermedad está provocada por una bacteria telúrica, que está en el suelo y se desarrolla cuando llueve mucho, ya que el suelo se ha lavado y las esporas quedan al descubierto. Esto, sumado al estado de debilidad y a un organismo con las defensas bajas, explicó la alta mortalidad de ciervos en la zona.

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