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Alberto Miñambres

Con el Viento de Cara

Alberto Miñambres

«Mis dos grandes pasiones son los galgos y las esperas al jabalí, soy cazador por condición y galguero por pasión»

Entrevista a Josito Solera

Hoy traemos a nuestro blog una entrevista de uno de los jóvenes valores de la caza internacional en nuestro país.

22 abr. 2020 - 2.811 lecturas - No hay comentarios

Se trata de José, o Josito para los amigos, que pese a su juventud, cuarenta primaveras, ya se ha hecho con importantes piezas del panorama cinegético internacional, destacando de entre todos ellos el impresionante Marco Polo que abatió en tierras de Kirguistán, en la zona Naryn, en al campamento Karakolka en los Tian Shan, a 4970 metros, además según nos cuenta tiene intención de poco a poco seguir ampliando su «pequeño pabellón», un apasionado sin duda de toda la caza en general, desde la menor a la mayor en sus más diversas modalidades.

Esperamos que os guste y os ayude a pasar el confinamiento, y que os haga olvidar por un momento la delicada situación que atravesamos.

—¿Cómo fueron tus inicios en la caza?

—Bueno, pues mis inicios fueron de la mano de mi padre, allá por el año 1985 , cuando aún se pagaba el famoso carné de acompañante ,es sobre todo a él al que quiero agradecerle que me inculcara esta afición, bueno más que afición, pasión, una forma de vida en definitiva.

—¿Cuáles fueron tus primeras piezas tanto en caza menor como en caza mayor?

—Mi primera pieza fue una perdiz con 16 años en Saceda Trasierra (Cuenca), en cuanto a caza mayor, fue un jabalí cazado en montería con amigos, en el Puerto de San Vicente, allá por el año 2000, aún le guardo un bonito recuerdo y su correspondiente tabla.

—¿Qué modalidad te apasiona más hoy en día?

—Sin duda alguna el rececho, y dentro de esta modalidad en este orden, rebeco, macho montés y corzo, este último es el que más práctico por cuestiones de cercanía y de tiempo.

—De todas las piezas que has cazado, ¿cuál consideras la más difícil en cuanto a la astucia del animal?

—Sin lugar a dudas, de las especies españolas, un buen macareno en la modalidad de espera, si hablamos fuera de España, de las que he tenido la oportunidad de cazar, el Marco Polo, son muy astutos y siempre están en alerta constante por la presencia de lobos en su hábitat.

—Por no quedarnos cortos, ¿cuáles son tus dos calibres favoritos?

—Lo tengo claro el 300 y para corzo y rebeco el 6,5 X65r, de ahí no me saques, el 300 por su versatilidad, el otro por su rasante y equilibrio entre disparo y pegada, es agradable de disparar y «amable en el retroceso».

—¿Cuándo y por qué motivos decides dar el salto a la caza internacional?

—Siempre he sentido una pulsión dentro de mí hacia la aventura y lo desconocido, cuando pude tener cierta independencia económica me lancé a ello sin pensar, es algo muy enriquecedor porque te permite conocer lugares y culturas que de otra manera no podrías, a veces la caza llega a lugares alejados de las tradicionales rutas turísticas.

—¿Cuál es la jornada de caza más dura que has tenido?

—En España sin duda ha sido la caza del rebeco en la montaña leonesa, concretamente una jornada vivida en Ocejo de la Peña, donde la altura y el frío hacen que las jornadas en su mayoría sean para verdaderos aficionados dispuestos al mayor de los sacrificios.

Fuera de nuestro país, pues también he de reconocer que la caza de alta montaña es la que se lleva la palma, detrás del Marco Polo y el Ibex, donde es fácil cazar por encima de los 4500 metros de altitud en condiciones meteorológicas cambiantes y a veces peligrosas para la integridad de los cazadores.

—Cuéntanos que países has visitado y háblanos un poco de las especies que has conseguido abatir.

—Mi primer viaje fuera de nuestras fronteras fue Turquía en 2004, tras los grandes jabalíes, el segundo destino Letonia 2006, a jabalí y venado, en tercer lugar Rumanía 2014 y 2017 con sus batidas de jabalíes para grupos de amigos, en cuarto lugar vino Sudáfrica 2017 a un safari de antílopes, dónde conseguí hacerme con dos elands muy buenos, un kudu, dos facocheros, orix, impala , dos Springbook, un ñu negro y una cebra que me costó un riñón, pues me parecieron dificilísimas de cazar, destacar que fue una experiencia fantástica, eso sí los disparos larguísimos (por encima casi todos de los 400metros) lo que me encantó es que allí todo sigue siendo muy salvaje, tal y como lo recordamos en las películas y el trato exquisito, merece la pena conocerlo, además el cazador en este país es visto como una fuente de ingresos que favorece el conservacionismo de las especies y la creación de infraestructuras para los más desfavorecidos, escuelas, pozos de agua, centros médicos de atención primaria.

Quiero aclarar, sobre todo para los lectores que hayan visitado Sudáfrica, que aunque la mayoría de las áreas de caza son muy comerciales, aún quedan paraísos de la caza salvaje como la zona que yo visité Kimberley.

Después de África vino Kirguistán, montes Tian Shan tras el Ibex Siberiano y el preciado Carnero de Marco Polo, de aquí guardo muchos recuerdos y anécdotas, recuerdo que el disparo al Marco Polo lo realicé por encima de los 4900 metros de altitud y a una distancia de 220metros y el ibex a 534 metros.

En este viaje quiero darles las gracias especialmente a Natalia Beck y a su padre, por el trato y el recibimiento que nos brindaron en Biskek, capital de Kirguistán, ciudad por cierto que se encontraba en la antigua y célebre Ruta de la Seda, sobre todo al facilitarnos el papeleo (risas).

Tras un precioso viaje de nueve horas desde la capital hasta los montes Tian Shan, pasamos por la frontera de Kazajstán, y más adelante en el trayecto pudimos ver las famosas minas de oro del país, custodiadas por el ejército, hasta el campamento base en la zona de Karakolka.

Estas cacerías se realizan en su mayor parte a caballo, con el que tuve un pequeño susto al resbalar el animal y caer los dos pendiente abajo, fueron unos segundos interminables dónde realmente me asusté. La parte más elevada y de acercamiento a los animales se hace a pie, en el caso del Marco Polo lo conseguí al tercer día, tras cinco horas de ascenso más seis de rececho hasta que pude tirar a la distancia antes mencionada.

Una vez abatido tardamos otras cuatro horas en bajar al animal, cuando llegamos al campamento base, yo estaba casi congelado por las temperaturas y por unas fiebres que llevaba arrastrando unos días, en definitiva, toda una aventura el Marco Polo.

Para el Ibex, aunque me resulto algo más fácil, (dentro de lo «fácil» que puede ser cazando en esas latitudes) me tire otros tres días «penando alegrías» que decimos los cazadores, al referirnos al mal tiempo, hasta que al final me pude hacer con un ejemplar precioso.

En 2019 viaje a Rusia, organizado de nuevo por mi amiga Natalia Beck, junto a mi buen amigo Darío, en pos de los grandes osos de Kamchatka, que como muchos sabréis es la península mas al oriente ruso, bañada por las aguas del mar de Bering, en otras palabras, nos fuimos a la otra punta del mundo (risas).

Para llegar a nuestro destino hicieron falta cinco horas de vuelo a Moscú (Aeropuerto de Sheremetievo) dónde hicimos los pertinentes trámites con las armas, y después doce horas hasta el aeropuerto de Magadan, una vez desembarcados nos fuimos al barco que haría las veces en los próximos diez días de campamento base.

En todo este periplo nos acompañaban tres guías de caza y el traductor, como curiosidad decir que los guías eran ex militares soviéticos, hombres rudos y de pocas palabras.

La caza la realizamos de la siguiente y peculiar forma, salimos de puerto al anochecer con la subida de la marea, el propósito era costear unos 450 km en dirección a Kamchatka bordeando la costa del mar de Ojotsk, mirando la costa con los prismáticos y tratando de localizar a los osos.

Durante los primeros cuatro días solo vimos hembras con crías, pero el quinto día divisamos un ejemplar descomunal, cogimos una zodiac y nos dirigimos a la costa para hacerle la entrada.

Con este ejemplar se hizo mi buen amigo Darío tras un certero disparo.

Durante el sexto y séptimo día, conseguí hacerme con sendos osos, el segundo de ellos tras un durísimo rececho por pantanales con agua hasta las rodillas con frío, nieve y viento.

Me quedé con ganas de un tercer ejemplar de mayor tamaño, pero el último día nos volcó la zodiac, caímos al agua a cero grados, con ropa y rifles y toda la munición, así que con hacer fuego y entrar en calor tuvimos de sobra (risas).

De este viaje me gustaría resaltar que es de los territorios más salvajes que he conocido, una tierra en la que parece que el hombre no haya pisado jamás. Tuvimos la experiencia de conocer a unos esquimales inuit, que nos brindaron toda su hospitalidad sin esperar nada a cambio, se negaban incluso a aceptar nuestros obsequios, a pesar de que ellos nos habían ofrecido todo lo que tenían, sin duda una experiencia que me ha hecho reflexionar sobre la condición del ser humano en los lugares más extremos.

—¿A qué trofeo internacional le tienes más estima?

—Sin duda el Marco Polo.

—¿Tu próximo destino internacional será…?

—Tengo preparado ir a Groenlandia, pero que la fatalidad de la pandemia se me ha fastidiado de momento, en busca del Caribú y Mouskox o buey almizclero, ese sería mi próximo viaje previsto, creo que ya lo dejare para el 2021 por el tema de la temporada de invierno.

—A las personas que están en contra de la caza sostenible, ¿qué argumentos les daría en favor de la conservación de las especies y del mundo rural?

—La caza ayer, hoy y siempre es necesaria, aunque los contextos sean diferentes, hace cincuenta o sesenta años se cazaba por subsistencia de las personas y las familias, hoy se caza para garantizar la subsistencia de los animales a través de los recursos económicos que genera.

Además otro factor muy importante es de los daños a la agricultura y los accidentes de tráfico caza, si no recuerdo mal, éstos últimos se han incrementado en más de un 40% en los últimos años, con las consecuencias económicas y daños personales que en ocasiones hay que lamentar.

No me cabe la menor duda de que aquellos que se posicionan en contra de cazar animales, en su gran mayoría lo hacen por moda o esnobismo, si llegasen a pasar penurias, serian los primeros en comer carne de caza si fuese necesario, porque eso, es parte de la idiosincrasia de los seres humanos como especie.

—¿Sueles ir de montería?

—Sí, es una modalidad que me gusta, porque además me permite juntarme con amigos a los que por circunstancias de trabajo y de tiempo no tengo mucho tiempo de ver, es la excusa perfecta para tenerlos a todos reunidos. Suelo ir a unas treinta al año aproximadamente, por toda la geografía nacional, sobre todo por la zona de Cíjara y por la zona de Cuenca.

—¿Qué crees que ha cambiado en la esencia de la montería en los últimos años?

—No cabe duda de que los tiempos han cambiado, ahora se gestiona mucho más las fincas, la óptica y las armas son de mejor calidad, los todoterrenos hacen más fácil la llegada al puesto y la recogida de las reses, pero también es verdad que una vez iniciada la montería, con los perros en la mancha, todo se vuelve primario, ancestral, las ladras, el romper del monte con las reses, las voces ,la sensación de que se te va a salir el corazón al oír una ladra y el romper el monte hacia tu postura, creo que eso no ha cambiado ni cambiará, y de hecho por eso creo que sigo monteando.

—¿Qué opinas del perro de rastreo en sangre? ¿Posees alguno? ¿Cuáles son sus cualidades?

—Pienso que si se tiene la posibilidad de tener y adiestrar un buen ejemplar, quita mucho tiempo a la hora de encontrar las piezas heridas y abatidas, permite la recuperación de piezas que de otra forma sería imposible, evitando el sufrimiento innecesario de los animales.

Además, si se caza previo pago del trofeo, puede incluso ser una herramienta para no malgastar el dinero (risas) por algunos tiradores.

Yo tengo una pareja de Jadgterrier de línea serbia, es un perro que por su reducido tamaño me permite llevarlo a cualquier sitio, en poco espacio y además bloquea bastante bien la caza herida, son valientes hasta extremos temerarios, llego a pensar que no conocen ni el miedo ni el dolor, por eso hay que tener cuidado de no soltárselos a un cochino herido.

—En comparación con otros países, en España, ¿se respeta al cazador?

—Me alegro de que me hagas esa pregunta, pues aunque hay una parte de la sociedad, principalmente urbanita, que está en contra, muchas veces por desconocimiento, en general creo que sí, y se respetaría más si algunos políticos en busca de votos no frivolizasen con este tema, pero la política prefiero dejarla aparte (risas).

Creo que a esas personas que desconocen nuestra actividad y la critican hay que demostrarles con hechos la realidad de los beneficios que aportamos los cazadores, no entrar en polémicas con ellos, porque eso es lo que buscan, a los radicales no les convenceremos nunca, pero si podemos evitar que ellos convenzan a más gente para que se posicione en contra de la actividad cinegética.

—¿Hacia dónde se dirige el sector cinegético en nuestro país? ¿Hay Futuro?

—Sí, a pesar de lo que muchos piensan creo que sí, a ver como salimos de la pandemia… seguro que al principio cambiarán algunas cosas, pero nada más, ha de seguir cazándose, es totalmente necesario, además ahí están las noticias de como las especies aprovechando el confinamiento de las personas, están haciendo estragos en nuestros campos, sobretodo está el caso de los jabalíes que con la peste porcina africana que ya tenemos en Europa y que en caso de llegar a España supondría un desastre para el sector porcino.

Además pienso que a medio-largo plazo, la caza mayor se impondrá al resto de las modalidades.

—¿Quieres agradecerle a alguien en especial que te haya ayudado en tu trayectoria cinegética?

—Aquí me has pillado, en el buen sentido, afortunadamente tengo a muchas personas a las que agradecer, de lo cual me alegro, pues quiere decirse que hay mucha gente que me aprecia (risas).

Mis agradecimientos, a mi madre, por haber estado noches en vela esperando que volviera de de aguardo y sin ella nada de esto hubiera sido posible.

A mi padre por meterme en este mundillo y enseñarme el respeto por la caza.

También muy en especial a Natalia Beck y su orgánica Beck´s Hunting por ser una fantástica amiga y estupenda organizadora, a Felipe de Sierra España, que tras muchos años hemos vuelto a coincidir, a mi gran amigo y armero de confianza Cesar por aguantarme tardes enteras pidiéndole consejo, a mis amigos de Cuenca, David Cámara, Javier Jiménez, Juan Carlos Ballega y su hijo Carlos.

Mención aparte también para Joaquín Márquez de Prado por haberme dado la oportunidad de conocer gente y grandísimos cazadores y mejores personas, a Paco y Gonzalo Domínguez Chacón por haberme abierto las puertas de su «campo», que además están pasando momentos difíciles por el maldito virus, a mis primos Félix y Julio por esos domingos de fatigas interminables tras las patirrojas, a Jaime Figueroa, a Julio Montejo, a José María Herrero y Jesús Herrero, a José Antonio Rodrigo guarda de caza, por escucharme largas horas estos días de confinamiento, a todos los que hacen posible la caza en nuestro país desde rehaleros, Guardia Civil que velan por nuestra seguridad, Taxidermistas, armeros, curtidores, cocineras, bares y restaurantes de los pueblos, guías, guardas, etc… porque sin ellos nada de esto sería posible y como no, el epílogo final para mi gran amigo y compañero de aventuras Darío Jiménez.

—No te dejas a nadie, ¿no? Madre mía (risas).

—Creo que no, pero si alguien se da por aludido que me perdone (risas).


Para finalizar, como autor de la entrevista quiero agradecerle a José los ratos tan agradables que hemos pasado charlando estos días difíciles de confinamiento, sobre todo para personas como nosotros y como muchos de nuestros lectores, que amamos el campo, y necesitamos volver a él cuanto antes.

Para nuestro cazador protagonista, sin duda, la célebre frase «la vida es un viaje y quien viaja vive dos veces» le viene como anillo al dedo, y en esa tarea tiene puesto todo su empeño e ilusiones futuras.

 

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