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Juan Antonio Sarasketa

El Luchadero

Juan Antonio Sarasketa

Presidente de honor de la Oficina Nacional de la Caza.

Desconcertados y cabreados

Como no podía ser de otra forma, ni por lo más remoto los cazadores pensaban que se iba a restringir la caza en la CAV, simplemente porque si alguna actividad no tiene peligro de transmitir el puto virus es el ejercicio de esta práctica.

02 nov. 2020 - 4.263 lecturas - No hay comentarios

Vamos a ver, la caza, tanto la menor como la mayor se practica con muy pocos cazadores y todos ellos separados, incluso a distancias que ni siquiera se ven. En la CAV la caza es de los humildes, los que tienen pocas alternativas, los únicos que como en otras comunidades pueden ejercer una labor importantísima para regular las poblaciones de ciertos animales mayores y menores. Ahora bien, si los políticos se dejan influenciar por algunos memos que prefieren la muerte de los cazadores a la de los animales, apaga y vámonos.

A la caza hay que juzgarla desde aspectos meramente ecológicos, biológicos, conservacionistas, donde prima la dificultad y el respeto hacia los animales respetando el patrimonio faunístico y retirando solamente sus intereses. Los sentimientos en esta materia no aportan absolutamente nada, simplemente ñoñerías. El hombre ha intervenido con una fuerza brutal en la Naturaleza trastocando todo el equilibrio ecológico y de ser él quien lo regule por medio de un práctica racional y respetuosa como es la caza bien ejercida.

Más de sesenta entidades representativas del medio rural firmaron un escrito a mediados de octubre para solicitar al Gobierno de España que declarase la caza como actividad esencial. En este avisaban de algunos riesgos asociados a la posible paralización de la caza, todos ellos avalados por numerosos estudios científicos: riesgos para la salud pública, la sanidad animal y la sanidad ambiental, tuberculosis, peste porcina africana, brucelosis, sarna, triquinosis, enfermedad de Crimea-Congo, severos perjuicios para la seguridad vial ciudadana con un incremento de los accidentes de tráficos, daños en cultivos y producciones ganaderas, ataques a las producciones ovinas y caprinas en extensivo, efecto directo sobre el mundo rural y de empleo con grave riesgo de abandono demográfico…

En definitiva, que procede que los políticos hablen con las federaciones que están reclamando por activa y por pasiva la solución a tanto despropósito. Háganlo por el bien de todos antes de que sea tarde.