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Juan Antonio Sarasketa

El Luchadero

Juan Antonio Sarasketa

Presidente de honor de la Oficina Nacional de la Caza.

Los reyes del viento

Poder establecer cuál es el mejor perro de caza o la raza más adecuada a cada modalidad no es tarea fácil, más bien imposible diría yo por mucho que algunos se empeñen en decantarse siempre por los suyos. ¡Y es que son tantos los factores que influyen!

02 dic. 2019 - 2.485 lecturas - No hay comentarios

Empezando por el temperamento del perro en cuestión y terminando por la del cazador y maestro. Sin desestimar lógicamente el tipo de terreno, climatología y modalidad de caza o especie.

El perro adquiere rápido tanto las buenas como las malas cualidades de su dueño. De hecho, un buen cazador siempre tendrá un buen perro, y a la inversa. De ahí el refrán «dime qué perro tienes y te diré qué cazador eres». Matémosle caza y aprenderá rápido.

Si por el contrario el cazador no le pega a un cerro más vale que eche mano de la cartera y se haga con buen perro, al que posiblemente no haya que decirle nada, solamente seguirle sin interferir en su trabajo. Rápido aprenderá del animal, incluso a la hora de doblar el índice lo hará más tranquilo.

En cuanto a la capacidad olfativa, a todos los animales les sobra, lo que les falta a algunos es afición y eso se arregla matándoles caza.

En fin que teorías hay para todos los gustos, y si cada cual se da por satisfecho con lo que tiene bien está la sentencia del refrán «el mejor perro, el de uno y la escopeta, la del vecino». Ahora se están utilizando para cazar sobre todo la becada animales de un tamaño medio, más bien pequeños –no voy a citar ninguna raza para no herir sensibilidades— que mueven mucho monte y facilitan en extremo la labor de sus dueños siempre y cuando lleven el cencerro electrónico. La localización del animal es mucho más fácil aunque los hay que siguen con el cencerro clásico, cazando en corto y con el perro siempre a la vista. No deja de tener su encanto.

Un buen perro bien adiestrado, que ande mucho, firme y prudente, en principio no debe ser perjudicial jamás. Otra cosa será el que lleve un chucho que aguante la muestra 10 segundos, arrancando sobre la pieza o que se embale sobre su rastro. A esos no hay que dejarles que se alarguen, todo lo contrario, en corto. Ahora bien, aquel que cace por alto, muestra a distancia y no rompe la puesta hasta que se lo indiquemos, dejadle que cace, no os duela la pieza que ha arrancado sola. Si no se ha detenido ante él, menos lo hubiera hecho ante vosotros.