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Juan Antonio Sarasketa

El Luchadero

Juan Antonio Sarasketa

Presidente de honor de la Oficina Nacional de la Caza.

Palomas con cimbel

Aunque a algunos les cueste creerlo, todavía siguen pasando muy altas los últimos bandos de palomas. No es fácil verlas. Debe prestarse mucha atención porque la altitud las hace casi inapreciables.

18 nov. 2019 - 1.675 lecturas - No hay comentarios

Con su peculiar zurceo cumbrearán el Pirineo para alcanzar, después de un largo viaje, el sur peninsular, donde pasarán el invierno alimentándose preferentemente de bellotas de encina. Hasta veinte de considerable tamaño llegará a tragar al día una torcaz. Ahí es nada, pura energía para casi todos los animales silvestres de un cierto tamaño. Incluso los arrendajos se las tragan enteras.

Hoy vamos a comentar una modalidad cinegética que, aunque poco conocida, tiene un gran arraigo y tradición: la caza en choza con palomas con caperuza. Se practica en Álava, Navarra y en algunas zonas del sur peninsular. Los cazadores lugareños, perfectos conocedores de las costumbres de esta ave, instalan en puntos estratégicos, especialmente en robles y encinas, unas chozas disimuladas con vegetación. En la techumbre de la choza y en la parte superior de cada uno de sus laterales se abren las troneras, debidamente disimuladas.

El sistema no puede ser más sencillo. Mientras los cazadores charlan tranquilamente en el interior, uno de ellos se encarga de otear el horizonte en busca de los bandos de torcaces. En cuanto lo divisa avisa a sus compañeros que ocupan sus puestos en las troneras. En ese mismo momento, entra en funcionamiento un especialista que se encarga de manejar los cimbeles, colocados en los árboles próximos a la choza.

El engaño no falla. El especialista mueve las orgueras, un artilugio de madera al que van atadas las palomas que se usan como reclamo. El movimiento las hace aletear. Esto atrae al bando, hasta el punto de que las hace descender y posarse en los arboles que rodean el refugio de los cazadores. El cimbel más importante, denominado robón, se ubica en el punto más estratégico. Estas palomas suelen llevar los ojos tapados con una caperuza, con objeto de que su aleteo sea acompasado y no produzca un efecto negativo o alarmante en las palomas que pretende atraer, de ahí el nombre que recibe esta práctica cinegética.

Cuando las palomas están posadas cada tirador elige su víctima. Se preparan y suenan los tiros. Si la descarga no es uniforme se produce lo que se llama un pareado, terceto, cuarteto o quinteto. Cuantas más detonaciones, menores suelen ser los resultados, habida cuenta de que tras los primeros tiros, las palomas levantan el vuelo. Los tiros siguientes no suelen ser tan efectivos, ya que el cazador tiene problemas para corregir la trayectoria del tiro debido a la estrechez de la tronera.

Una vez terminada la jornada se bajan los cimbeles, se les quita la caperuza y se les da de comer. El apetito es voraz. Cada cimbel llega a comer después de una jornada de caza hasta veinte bellotas de considerable tamaño y beber un vaso de agua metiendo la cabeza entera y absorbiendo rápidamente todo su contenido.