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El Luchadero

Juan Antonio Sarasketa

Lo mejor de nuestra gente

Defender los derechos de cazadores y pescadores evidentemente no es tema fácil, por muchos argumentos conservacionistas que se aporten. Generan muerte y hay personas sensibles que no los admiten, sin más, por principio.

08 abr. 2019 - 2.153 lecturas - No hay comentarios

Ya puede uno cargarse en su defensa de toda clase de razones, que da la impresión que suscita más comprensión la presencia de un cormorán impregnado de petróleo que las docenas de muertes diarias que generan las bombas a unos pocos kilómetros de distancia. Somos así y así nos crece el pelo. El personal no quiere problemas y la tranquilidad importa y mucho. A grandes rasgos, esta es la triste realidad de una sociedad de urbanitas donde, de manera alarmante, se tiende a humanizar a los animales.

Sin embargo, y a pesar de este oscuro panorama, existen sociedades de caza y pesca donde unos directivos desinteresados y altruistas luchan a diario contra corriente y sin medios para situar estas prácticas donde por derecho propio les corresponde. Obviamente en estas sociedades no existe competencia para ocupar cargos de responsabilidad como en algunas entidades de postín donde el dinero aflora fácil. Son gente que no ocupa palcos ni salen en los medios, es gente de tinta entera que ha pecado quizá de ser menos sensibles, más realistas. Por esos y muchos más quiero romper una lanza en su defensa y expresarles mi apoyo y respeto.

Abril es un mes eminentemente corcero. No en vano la primavera, eterna promesa de futuro para los animales silvestres, es época importante para el devenir de los corzos. La Naturaleza está en su máxima expresión y los corzos buscan delicadamente en una alfombra de brotes dulces las energías suficientes para recuperarse de las penurias que han soportado durante el invierno.

Dependiendo de las zonas, paren las hembras uno o dos corcinos, macho y hembra, y los machos adultos lucen esbeltos una cuerna limpia del correal que la cubrió durante el invierno. El cazador recechista, consciente de estas exigencias, intentará localizarles al amanecer y atardecer no sin antes preparar toda una serie de rituales. No es una tarea fácil, ni para los cazadores de nuevo cuño ni para los veteranos, aunque a veces la curiosidad y su gran capacidad de huida le hace bajar la guardia y verse sorprendido por la ingente capacidad de muerte que cobijan las armas modernas.

Afortunadamente las poblaciones corceras están en clara progresión y todo cuanto se someta a un plan de explotación debidamente elaborado debemos darlo por bueno. Sin embargo, para que un lance tenga todas las bendiciones venatorias, donde esté autorizado o sea factible debe participar solamente el cazador, sin ayuda de especialistas ni personal de la zona. El cazador se sentirá mucho más venador y en su fuero interno sentirá esa satisfacción del deber cumplido.

El mayor enemigo del cazador que rececha es el viento. Un viento de cualquier parte que sople hace que los corzos no controlen con seguridad su zona, evitando desplazarse a lugares despejados. Los días serenos o aquellos que reine un norte suave son los más propicios para recechar. Tampoco la lluvia es buena compañera, aunque si no es muy insistente y copiosa los corzos no abandonarán su rutina.