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Juan Antonio Sarasketa

El Luchadero

Juan Antonio Sarasketa

Presidente de honor de la Oficina Nacional de la Caza.

Avanzamos

Prácticamente finiquitada la temporada de caza, el monte recobra momentáneamente su propia virginidad a la espera de la desveda del corzo, alegría y misterio del bosque. Pero antes de descolgar el rifle conviene rememorar un poco cómo se ha desarrollado la temporada.

25 feb. 2019 - 1.515 lecturas - No hay comentarios

La tórtola, cuya caza estaba cuestionada, de momento se podrá seguir cazando, una buena noticia. El tan manido y nefasto borrador del reglamento de armas, sorpresivamente y a raíz de la presión de los cazadores, se ha retirado en su totalidad, un paso importantísimo. La chapucera y ridícula Ley de Seguridad Animal que se había estableció en La Rioja a instancias de los animalistas ha pasado a mejor vida, así como suena. Algo habrán hecho los cazadores.

Pero no todo son alegrías para los venadores, los animalistas siguen haciendo de las suyas rompiendo puestos y torretas de caza pese a que Adecap y la Federación Navarra de caza lo han denunciado repetidamente tanto al Gobierno Vasco (Departamento de Interior) como al Navarro. Luego será el llorar cuando a alguno le sorprendan en plena faena.

Mientras tanto en Vitoria-Gasteiz, una ciudad con 250.000 habitantes, los animalistas se han manifestado públicamente contra la caza. ¿No hubiese sido mejor, para dar otra imagen, solicitar la ayuda de los jubilados? Y a pesar de todo siguen dando voces en contra de los cazadores que de momento guardan respetuoso silencio. ¿Hasta cuándo? Ya se verá después de las elecciones.

Así las cosas, todo parece apuntar un poco a que la práctica de la caza está experimentando una nueva consideración entre algunos partidos políticos. Y eso es bueno para todos porque en definitiva va a redundar en una mejor gestión de la fauna en general.

Luego están los que se dicen ecologistas, un poco más refinados y tendenciosos que la tropa de animalistas y veganos. Motivos tienen, porque en tres años han cobrado en concepto de subvenciones 12.500.000 euros que se sepa y que muy bien podrían ser más. ¡Ahí es nada!

Y los cazadores a verlas venir a pegar la hebra. ¿No sé les caerá la cara de vergüenza? Ni siquiera levantan la voz ante la deshumanización que está sufriendo el campo para sacar cuatro perras a cuenta de la vida de cientos de miles de animales. Los malos, una vez más, los que dicen deberían estar arrastrando cadenas por tener el brazo armado, por mucho que no se coman un rosco normalmente. Esos que perfectamente podrían llevar un palo en vez de una escopeta. ¿Cainitas, querido lector? No, cazadores. Gente noble que no te va a fallar nunca y que solo ha pecado de ser menos sensibles, más realista, conocedores como nadie de esta maltrecha Naturaleza.