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El Luchadero

Juan Antonio Sarasketa

Pólvora progresiva

El simple hecho de apretar el gatillo de un arma y que se produzca acto seguido el pequeño “milagro” del disparo con todo lo que conlleva lanzar el perdigón a velocidades de 400 y más metros por segundo, es algo familiar para los cazadores pero técnicamente su proceso interno bastante desconocido para algunos.

03 dic. 2018 - 570 lecturas - No hay comentarios

Una cosa tan rápida y en apariencia tan sencilla como el disparo de una escopeta de caza supone una serie de procesos rapidísimos en la recamara del arma y a su vez dentro de la vaina del cartucho. Al apretar el gatillo, el martillo o mechero percute con la aguja y esta con el pistón del cartucho. La mezcla del fulminante de este detona y se produce el fogonazo que enciende la pólvora; la combustión desarrolla, en un tiempo muy reducido, una gran cantidad de gases, lo que, al ejercer una elevada presión sobre el taco del cartucho, le obliga a desplazarse rápidamente, y con él a los perdigones, a través del cañón del arma.

Del cañón salen los proyectiles a una cierta velocidad, y ya en el exterior de la escopeta siguen avanzando con velocidad decreciente a causa de la resistencia opuesta a su paso por el aire. Esta energía de movimiento en el momento del choque con el animal se denomina cinética y aumenta con el peso del proyectil y de una manera especial con la velocidad que posee en el instante del impacto.

La forma progresiva de la combustión de la pólvora es una característica importante y factor decisivo de las balísticas resultantes. De forma que como el espacio ocupado en el cañón por los gases es limitado inicialmente por la situación del taco, aumenta al avanzar este por el ánima. Por eso es necesario que sigan produciéndose gases por todo el recorrido, para aumentar la velocidad. De ello se deduce que la pólvora no debe arder de una manera instantánea, hecho que las distingue de las explosivas cuya velocidad de detonación es enorme.

La pólvora progresiva que se utiliza en la actualidad necesita el recorrido mínimo de un cañón de 62 cm. Para que se produzca la total combustión de la pólvora y alcance el perdigón en ese punto la máxima velocidad. Todo lo que sea una longitud superior a los 62 cm no hará más que frenar la velocidad del taco y en consecuencia la del perdigón.

La CAV produce el 90% de los cartuchos que se fabrican en España y prácticamente el 100% de las armas deportivas, al margen de las de importación. Pues bien, así y todo Bizkaia no dispone de un mísero campo de tiro y ni de un triste campo de adiestramiento oficial de perros. Cuando en cualquier comunidad y muchos pueblos de cierta entidad tienen su campo de tiro hasta con tres canchas.

No terminan de entender los cazadores tanta marginación por unos políticos que ni saben ni quieren saber nada de los cazadores. Y a los hechos me remito. ¿Cuánto van a aguantar los aficionados sin que esto reviente? Posiblemente menos de lo que piensan los responsables de estos despropósitos.