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Por Derecho

Santiago Ballesteros

El melón de la edad legal para caza: menores y caza

En la temporada 2018 se produjeron un par de accidentes de caza con la intervención de menores. El último de ellos fue causado por un menor de doce años que disparó en el pecho al participante de una montería. Llovía sobre mojado. Apenas unos días antes un menor —también de doce años— había resultado muerto accidentalmente por su padre. Más o menos en el mismo período se produjo el vídeo de las lamentaciones del agarre al venado al borde del precipicio.

18 feb. 2019 - 2.429 lecturas - No hay comentarios

A mediados de noviembre acudí a la Televisión de Castilla-La Mancha invitado a hablar sobre los aspectos legales de los accidentes de caza. La realidad es que me encontré en medio de un debate en el que la presentadora, aprovechando el río revuelto de los dos accidentes con menores y de la polémica del vídeo de los perros despeñándose, pretendía abrir un debate sobre la pertinencia de que los menores de catorce años puedan cazar.

En apoyo de esta tesis, invitó a una psicóloga infantil que, en síntesis, vino a decir que los menores no estaban preparados para estas escenas y que los convertía en seres potencialmente violentos. Ya en el ring del debate dialéctico, argumentos a favor, en contra y, de postre, el vídeo del despeñamiento de perros y venados.

Creo que, mayoritariamente, la audiencia entendió que abrir este melón esta fuera de lugar, pero no es menos cierto que el hecho de que se debata públicamente sobre el tema en una televisión pública no deja de ser un dato que obliga a no perder la cara al bicho.

Que los menores en la caza no son un problema es un hecho pacífico excepto para los fundamentalistas anticaza. Cualquier argumento es un ariete, cualquier resquicio, una brecha por la que arremeter. Si hay una desgracia o un muerto, se le utiliza.

En Galicia, los de siempre vuelven una y otra vez a la carga para pedir que se eleve la edad legal para cazar; en Castilla-La Mancha, también los de siempre, acaudillados por Ecologistas en Acción y Podemos, solicitaron lo mismo en la última modificación de la Ley de Caza; afortunadamente, se quedaron solos en la algarada, colgados por la brocha. Las Federaciones de Caza de Galicia y Castilla-La Mancha hicieron un gran trabajo en sus respectivos territorios.

Con ministras ñoñas como Teresa Ribera, la Ministra de Medio Ambiente de la señorita pepis y otras chorradas insulsas y descafeinadas que nos han dado un tajo en los bolsillos a cuenta del gasoil y la transición ecológica (menudo palabro chorra), el caldo de cultivo no es moco de pavo. Llevar una psicóloga infantil para decir que la caza es mala, que hace seres violentos, cerrando los ojos a la Play Station y al Fornite es una emboscada refinada y peligrosa. Ya no lo dice un talibán, lo dice un «experto», y eso puede hacer pupa.

Durante los cincuenta años que se viene permitiendo la caza a mayores de catorce años no ha habido estadísticamente grandes problemas derivados de esta circunstancia. La Ley garantiza hoy que el menor tenga que obtener una licencia de caza para la que tiene que pasar un examen, sacar una licencia de armas para la que igualmente tiene que examinarse, ir acompañado por su mayor con licencia de caza que se lo tutele y se haga responsable.

Y, por otro lado, está la libertad individual y la libertad de los padres de educar a los hijos. No hay, salvo en la mente de los conjurados contra la caza, argumentos reales para abrir este melón; pero ahí están siempre, como la amenaza de los vikingos en la Inglaterra de la edad media.

Que Emiliano García Paje y José Antonio Monago se hayan roto la camisa públicamente a favor de la caza, leyéndole la cartilla a su Ministra ñoña es un dato revelador e inédito. La caza vota y cuenta. Por favor, dejen a los menores y a sus padres en paz, y que cada uno haga lo que quiera; el que quiera llevar a sus hijos al fútbol, que lo haga, y el que los quiera llevar al monte, que tenga la garantía de poder hacerlo sin que el animalista de turno le moleste y les riña.

Eso es la libertad y la España constitucional. Lo demás es un país que no quiero.