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Por Derecho

Santiago Ballesteros

Meat Eater: La caza y la cocina conquistan la televisión en todo el mundo

Zapeando por las televisiones, salta de vez en cuando al morral algún contenido interesante y novedoso. Es el caso del programa de televisión Meat Eater que comercializa la cadena estadounidense Netflix. Se trata de un programa de aventuras y viajes en los que se mezcla la pasión por la naturaleza y la caza en escenarios completamente salvajes como las montañas rocosas y donde principalmente lo cazado se cocina (generalmente venados de cola blanca, ciervos mula, caribues y especies en general norteamericanas).

13 dic. 2018 - 2.617 lecturas - No hay comentarios

El protagonista, Steven Rivella, se define además como cazador, escritor y ecologista. La imagen que trasciende a cazadores y no cazadores no puede ser mejor: sin complejos, muy natural. La caza como un hecho normal, sano y una aventura. Justo el mensaje que hace falta que llegue al personal. Y que esto salga en Netflix, que hoy por hoy consume el 16% de la banda ancha mundial, no sólo es interesante, sino revelador. Tras la rudeza y las condiciones de caza al límite en muchas ocasiones hay mensaje muy interesante: «esto no se consigue… esto no está a la venta… algo inolvidable». Mejor publicidad imposible, realmente es difícil mejorar el mensaje.

También en Netflix se distribuye la película Cazando con mi padre que, en la misma línea de caza en medio de parajes naturales increíbles, trata el hecho de la caza con una naturalidad y una normalidad impensable en nuestro país. En la película hay un trasfondo de familia y se tocan además temas tan sensibles como la paternidad, el divorcio y el vínculo padre e hijo. Una película con el que todo cazador con hijos se sentirá identificado y en la que se verá reflejado en sus pensamientos más íntimos respecto del triángulo padre-hijo-caza.

Por su parte, el Canal Mega tiene un programa de un corte parecido, Mountain Man. La serie es la mar de interesante y entretenida. Es una secuencia de capítulos que cuenta la vida en las montañas en condiciones parecidas a las de hace un siglo donde los distintos personajes viven de la naturaleza y en armonía con ella. Todos son cazadores, casi todos son tramperos, pescan, aprovechan la madera y viven en comunión con lo que les brindan los bosques de Alaska, de Arizona, de Montana. A mí, personalmente, personajes reales como Tom, Eustace o Jason me producen una gran atracción. Se trata de individuos, los últimos de la tribu, que han hecho del motosierro, la trampa o el rifle su modo de vida. Nevadas de pronóstico y una naturaleza hostil en la que estos hombres de la montaña sobreviven y cazan para obtener carne y pasar el invierno. Y todo ello convertido en una serie de éxito.

Norte Salvaje o Mi familia vive en Alaska son otras de las series que hoy se comercializan con el trasfondo de la vida en la naturaleza y muestran la caza y la pesca con un hecho completamente normalizado y natural. Y lo mejor es que llegan a todos los hogares del mundo.

A mí, en cierto modo, estos personajes me han recordado a Jeremiah Johnson, una de mis películas de culto protagonizada por Robert Redford en los años 1970. Un canto a lo auténtico, a la libertad, al hombre y la naturaleza de las montañas rocosas: «La médula del mundo» en palabras de uno de los tramperos locos y aventureros que Jeremiah se encuentra en su errabundo viaje por la cadena montañosa.

La última gran producción en el cine de este género fue The Revenant, El Renacido (1995), una auténtica obra de arte que le supuso a Leonardo DiCaprio y a Alejandro González Iñárritu el Oscar al mejor actor y mejor director respectivamente. El filme estuvo nominado prácticamente en todas las categorías, incluida la de mejor película. La primera escena es una escena de caza en mitad de un río donde padre e hijo abaten un ciervo. En cierto modo, incluso en esta primera escena, me he sentido identificado con el personaje en muchos momentos. La historia resulta fascinante: un hombre al que se entierra vivo, se le deja atrás y se da por muerto, que resurge de sus cenizas y, en un prodigio de superación y sufrimiento, es capaz de sobreponerse en mitad de la desolación y el hielo y hacer justicia respecto a aquellos que quisieron enterrarle vivo. La película está basada en la vida de Hugh Glass, ambientada en Dakota del Norte y del Sur, y refleja las aventuras de este trampero, aventurero y hombre de la montaña que, en cierto modo, reflejan las series de nuevo cuño Mountain Man y Meat Eater.

Que cadenas como Netflix apuesten por este tipo de contenidos no es una chorrada y resulta muy esclarecedor. Que directores aclamados internacionalmente como Sidney Pollak o Alejandro G. Inárritu opten por estos personajes y estos temas no deja de ser esperanzador. No va a ser todo malo.