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Miguel Ángel Romero

Desde mi Tronera

Miguel Ángel Romero

Colaborador habitual de publicaciones cinegéticas

Buscan disminuir el calentamiento global introduciendo herbívoros en el Ártico

Científicos de la Universidad de Oxford señalan que estas introducciones tendrían un efecto de enfriamiento en las tierras árticas y retrasarían el derretimiento del permafrost. No obstante leeremos constantes contradicciones y nos expondrán distintas soluciones.

06 feb. 2020 - 2.291 lecturas - Un comentario

Investigadores de Oxford estiman que introducir en masa a grandes herbívoros en la tundra ártica para restaurar el ecosistema, retrasar el derretimiento del permafrost y mitigar el calentamiento global, resulta económicamente viable.

Se sabe que los animales que pastan como los caballos y los bisontes diseñan el paisaje a su alrededor suprimiendo el crecimiento de los árboles pisoteando o comiendo árboles jóvenes, etc. etc. Cuando este proceso se aprovecha para restaurar un ecosistema a un estado anterior, se denomina reconstrucción. También se puede usar para cambiar un ecosistema a un estado diferente pero más deseable. Esto se conoce como ingeniería de ecosistemas megafaunales.

Los caballos y los bisontes podrían actuar como ingenieros ecológicos para transformar la tundra actual en pastizales. Al eliminar la vegetación leñosa, mejorar el crecimiento del césped y pisotear la nieve en busca de forraje invernal, los grandes mamíferos aumentan la cantidad de energía solar entrante que rebota en el espacio, conocida como albedo.

Bisontes europeos (Bisón bonasus)

Es el mamífero de mayor tamaño de Europa​ y uno de los más amenazados, por lo que es objeto de varios programas de reproducción en cautividad llevados a cabo en parques zoológicos y similares.

Por su parte, desde el siglo XVI las dinastías reinantes en Rusia, Lituania y Polonia consideraron que la muerte de un bisonte era privilegio de la realeza, llegando a castigar el furtivismo incluso con la muerte en algunas ocasiones. En 1919 murió el último bisonte polaco en la región de Białowieża, y en 1927 lo hizo el último ejemplar que vivía en libertad en el Cáucaso. La especie se habría extinguido totalmente y salvo gracias a que había en ese momento 50 individuos viviendo en zoológicos repartidos por todo el mundo.

Bueno, a no ser que haya problemas veterinarios, de convivencia u otros derivados del medio donde vayan a vivir, en España también tenemos el Búfalo de agua y el caballo salvaje de Przewalski perfectamente adaptados. Sería una forma de recuperar los sobrantes para ubicarlos donde corresponda y casi seguro que vienen bien a muchos montes de España ahora que ya casi no hay ganado sin estabular.

Búfalo de agua (Bubalus bubalis)

El apelativo de búfalo acuático o búfalo de aguaprocede de su preferencia por las áreas encharcadas o pantanosas, donde se sumerge parcialmente y camina sobre el lodo del fondo sin dificultad, gracias a sus anchas pezuñas que le impiden hundirse en exceso.

Puede ser peligroso en estado salvaje, pero es un animal muy dócil cuando ha sido domesticado.

Caballo de Przewalski (Equus ferus przewalskii)

El caballo de Przewalski, también conocido como caballo de Prjevalski o Takh por los mongoles, es una especie o subespecie muy cercana al caballo. Este se caracteriza por un aspecto macizo, una cabeza grande, un cuello fuerte y una capa de color pardo. En definitiva, su cuerpo recuerda al que podemos ver en las representaciones de caballos encontradas en el arte prehistórico.

Descubierto en Mongolia en 1879, este caballo salvaje nunca ha sido domesticado por el hombre.

En la carrera por detener el cambio climático, los científicos exploran toda clase de ideas, incluso las que parecen ciencia ficción.

En España hay varios animales como los que he citado viviendo en cercas de varias hectáreas totalmente en libertad y merece la pena conocerlos en profundidad.

 

Referencias:
Wikipedia – Universidad de Oxford — Heraldo de Mexico – Ecoticias – La Vanguardia — BBC NEWS MUNDO— IAgua.

 

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1 comentarios

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12 feb. 10:32
josemiguelmontoyaoli
MI querido amigo D. Miguel Ángel:

Me ha divertido mucho tu perspectiva de mirar hacia delante en el tiempo, a mí siempre me ha gustado mirar hacia atrás, para intentar deducir de dónde vienen las cosas que tenemos alrededor. Recientemente he leído que la gigantesca taiga de coníferas, anillo exterior que rodea la tundra, era en el pasado un espacio a pastos creado y usado por los mamuts, hasta que el Hombre acabó con estos animales que debían reproducirse muy poco y de ser lo bastante mansos como para poder ser abatidos con aquellos medios de entonces. No son los pastos los que crean a los animales que los utilizan, sino estos los que crean los pastos: justo lo contrario de lo que muchos piensan.

La idea de sustituir la tundra por pastos no la he meditado nunca, aunque ahora has conseguido despertar mi curiosidad. Lo que no me gustaría es que alguien llegara a proponer algo similar para la tundra, debe ser por mis raíces forestales a las que no pienso renunciar nunca. Los pastos bien pastados, a los efectos del cambio climático, tienen el problema de los gases emitidos por los animales que pacen, y nunca podrán competir con los benéficos bosques. En estos se produce un efecto sumidero (en maderas y materia orgánica del suelo), un efecto sustitución (biomasas leñosas respecto a fuentes de energía fósiles) y un efecto sustitución (maderas respecto a materiales obtenidos tras fuertes insumos de energía). Es el bosque el camino, y la máxima generación de biomasa a partir de los mismos (máxima renta en especie) el medio. El problema es compatibilizar todo esto con el desarrollo sostenible global y la sostenibilidad local (nuestra España rural); pero este es ya otro asunto

Un fuerte abrazo. Gracias por sembrar curiosidades e inquietudes. Miguel.