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Miguel Ángel Romero

Desde mi Tronera

Miguel Ángel Romero

Colaborador habitual de publicaciones cinegéticas

Ya están aquí las acuáticas migradoras

Los recuerdos de mi remota juventud me asaltan recordándome un pasado que no volverá. Pues el tiempo se me fue demasiado deprisa y ahora, por razones de salud y una mala praxis legal no puedo practicar muchas modalidades que me parten el corazón al castigarme con la afrenta de mi nulidad.

30 dic. 2019 - 4.119 lecturas - No hay comentarios

Dios mío, hace años que no salgo a perdices, con la cantidad de pollos de perdiz e incluso perdices que en su día cogí a la carrera.

Cuando medito sobre los tiempos pasados en estas andanzas me viene a la mente Mariano Haro. ¿Qué será de él? Bueno, Mariano también sacaba su rentabilidad a los entrenamientos haciéndoles polivalentes. O sea: corriendo campo a través detrás de las perdices. Y con ese entrenamiento llegó a ser el mejor del mundo y no se creerán, pero fue un gran cazador.

Caza de acuáticas

Yo tengo el gusto de conocer a muchos furtivos de mala baba y a otros que proceden sin saber si matan o espantan.

Mal se puede aprender y estar al día en la biodiversidad si uno se dedica a otros menesteres que nada tienen que ver con la caza o la pesca y toda su realidad sin excepciones. Pues bien. Voy a decirles que en nuestro colectivo hay tantos malos y buenos como en los demás.

Me junté con una cuadrilla de tres que tenían una barca Zodiac sin motor pero con remos y un cuidado exquisito a base de talco, resinas, parches, etc. etc., pues ninguno de la sociedad sabíamos nadar y el trecho era corto, pero la corriente era muy fuerte. Pues aun cuando la cuadrilla se disolvió por razones legales al renovarse el coto y declarar a la isla zona no cazable yo seguí cazando con mesura. Para ello, me hice amigo del señor Velázquez (Cencerra de sobrenombre heredado de sus antepasados herreros, como él, quienes hacían en su centenaria fragua las mejores cencerras de la zona). La herrería era de esas de: yunque, fuelle, fuego y martillazo hecho con precisión de relojero. Por eso iba de vez en cuando a cazar a las orillas del Duero.

Miren ustedes, debajo de las hojas caídas de las choperas abatí varias becadas, si bien es cierto que lo mío eran las acuáticas a las que nadie les metía mano. Yo jamás disparé a ninguna pieza de las que cazaban los del coto, excepción sea hecha de un jabalí que pasó por encima de mí y a punto estuve de pasar a ser difunto con un bicho que parecía una montaña andante y resoplona, daba miedo aun cuando huía con tres tiros de escopeta que le matarían alguna garrapata, pero no dobló la rodilla donde otros hubiesen perdido la vida. En trances tales, uno no se entera de lo que está pasando y reacciona por pura intuición. Por eso no les doy la matraca con falacias de salón.

El lugar de la caza

En la carretera que va de Toro a Zamora se ve un edificio monacal de posguerra (ladrillo rojo, ventanales tremendos pintados de blanco) que en su día fue convento y ahora es un hotel. Pues bien. En vez de girar al hotel se gira a la orilla del Duero por la camera de la cantera hasta encontrarnos frente a frente con una isla tremenda. Allí se refugian los patos, las becadas, las agachadizas, las torcaces, los jabalíes, etc. etc. O sea: prácticamente todas las acuáticas cazables y muchas otras especies. Más arriba hay otra isla a la que no iba nadie y nadie decía nada cuando me metía, es más, lo agradecían que se moviesen las especies cazables, como por ejemplo las torcaces.

Migración de las aves acuaticas cazables

He escogido de mis ficheros fotográficos las aves acuáticas migratorias cazables según la Directiva Aves y he hecho un montaje que tal vez sea de su interés.

Todas las fotografías están hechas por mí y si me falta alguna, como en el caso de la Agachadiz chica, no la pongo; pero sí la detallo una a una en un rectángulo rojo con el nombre en latín y castellano para que ustedes lo copien y lo peguen en Google y vean la imagen y un siempre muy atrasado texto que les dará una composición de lugar.

Siempre hui de las granjas no científicas, pero los inmorales nos han ganado la partida y el día menos pensado nos anunciaran que el tordo campanario padece Mixomatosis. Por eso, queridos todos y todas, procedo en consecuencia.


Agachadiza común

Ánade friso

Ánade rabudo

Ánade real

Ansar común

Silbón europeo

Cerceta común

Focha común

Pato cuchara

Porrón común

Porrón moñudo

Cerceta carretona

Pato colorado

Agachadiza chica

 

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