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El Cazador Conservador

José Luis Charro Caballero

El perro

La palabra perro, que solo existe en castellano, tiene un origen onomatopéyico es la emulación del sonido ‘brr’, con el que el animal manifiesta su agresividad. Que este término se utilice más que el vocablo ‘can’ procedente del latín es una curiosidad más de las que adornan a nuestro mejor amigo.

01 ago. 2019 - 2.325 lecturas - No hay comentarios

El siguiente texto es un extracto del libro de Reflexiones sobre La Caza. Beneficio medioambiental que reporta. Su ejercicio, su cultura y su arte. Capítulo 4.

Investigar el origen del perro tal y como hoy lo conocemos, es una labor estimulante por lo interesante y compleja. Este animal entra en domesticidad en el último capsiense, hacia fines de la época paleolítica, y se baraja la hipótesis plausible de que es él quien se acercó al hombre, atraído por los restos de alimentación que éste dejaba. Otras hipótesis rozan la leyenda, como la que establece que el lobo ártico, del que descienden nuestros canes, buscó al hombre por su compartida afición a la caza, para ser compañero de sus jornadas cinegéticas. En cualquier caso, parece que es el único animal que se autodomesticó.

Y a partir de la domesticidad de este compañero animal, el ser humano ha obtenido de él las más variadas utilidades. Históricamente ha sido una constante la mutua compañía, por la satisfacción que al hombre le provoca el comportamiento de esta mascota como acompañante, lo cual está relacionado con que el perro es en sí una realidad ontológica intermedia entre el puro animal y el hombre, para el que ha realizado servicios de guardia y de defensa, de caza, de pastoreo, de lazarillo, de rescate, de búsqueda y siempre de compañía.

El perro guarda la propiedad de su amo porque éste es su líder, el que le proporciona el sustento, y defenderá tanto a su dueño como a la familia de éste a la que identifica como su manada. Este comportamiento es lo que hace que el hombre paleolítico lo proteja, pues sabe que obtendrá avisos de alerta durante la noche si se aproximan animales peligrosos, que serán ahuyentados, o si esta aproximación es de tribus rivales.

El perro comenzó a ser utilizado para la caza en el periodo maglemosiense, al principio del neolítico. Debe analizarse el papel del perro en esta labor por su protagonismo en la cinegética, que aunque utilizado este concepto como «relativo a la caza» en general, tiene su origen etimológico en la caza «con perro». Es un animal que se aprovechó de la civilización, se adaptó a ella y ayudó al ser humano a consolidar los niveles alcanzados y a continuar progresando en su evolución. Cazar con perros fue clave para lograr mayor efectividad en las jornadas cinegéticas y gracias al aumento de capturas se pudo comer más, y comer mejor. La etología aplicada a la evolución del hombre, la que hemos dado en llamar universal, nos muestra como la domesticación del perro cambió los modos de cazar, hasta el punto de que hay teorías muy acertadas que relacionan la extinción de los mamuts a que los humanos aumentaron su botín de caza a cantidades enormes, por haber educado a los perros a acorralar y atacar a estos grandes animales.

Si bien el hecho de que un perro cace está completamente relacionado con su origen predador, el adiestramiento venatorio lo convierte en un ayudante para ese ejercicio de estrategia que es la caza. El perro no colabora en ella para alimentarse directamente, porque sabe que el sustento se lo tiene asegurado su amo, caza porque le divierte, y reprime el vestigio de su instinto silvestre de comerse el botín entregándoselo a su dueño.

Esta actitud llevada al extremo de la depuración técnica es la que tiene el perro de muestra de caza menor para su dueño; el lance cinegético se inicia cuando el perro detecta con su olfato a la pieza e indica donde se encuentra mediante su muestra.

El acoso a la pieza por parte del perro continua lenta y pacientemente hasta que ésta sale buscando una vía de escape, momento en que el can espera a que el cazador la abata. No termina ahí su función ya que se dirigirá hacia donde haya caído la pieza y ayudado nuevamente por su olfato intentará encontrarla, tarea algunas veces de lo más complicada. Cuando cobra el botín se lo lleva al cazador, esperando un gesto cariñoso como recompensa.

 

Reflexiones sobre La Caza. Beneficio medioambiental que reporta. Su ejercicio, su cultura y su arte
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