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El Cazador Conservador

José Luis Charro Caballero

Historia de los bosques de España

Para indagar sobre la presencia de las especies silvestres y su abundancia o escasez a lo largo del tiempo, hay que analizar la evolución histórica del entorno. Pasemos ahora a ver cómo ha sido dicha evolución en España, ya que diversos hechos y acontecimientos ocurridos en el pasado han determinado su paisaje, su medio natural, y por supuesto su fauna.

03 jul. 2019 - 2.094 lecturas - No hay comentarios

La historia de los bosques, es decisiva para interpretar la variedad y cantidad de fauna que en ellos habita y cómo ha variado en el tiempo con las modificaciones de los ecosistemas. Tras documentarnos y revisar bibliografía, hacemos un análisis histórico y vemos que el paisaje habla a partir de sus las variaciones, debidas a la capacidad que ha tenido el hombre para realizar modificaciones y también a fenómenos medioambientales. Podemos pensar en un paisaje pretérito, formado por bosques, pastizales naturales, matorrales y roquedales, que variaba lentamente por acontecimientos naturales, como los incendios, durante mucho tiempo permanecería apenas invariable, desde inmediatamente después de las glaciaciones hasta finales del periodo paleolítico, ya que las modificaciones que el hombre podía realizar eran escasas, salvo quemas intencionadas, y la densidad de población humana ha sido mínima comparada con la actual.

El hombre sobrevivía, extrayendo de la naturaleza lo que necesitaba de manera inmediata. Tal y como reflejan los testimonios gráficos de aquella época, cazaba animales de fauna mayor, algunos de aquellos como el uro extinguido actualmente.

Mucho tiempo después, en el periodo neolítico, comienza a establecerse en poblaciones, en torno a las cuales extrae madera (del latín materia) para combustible y material de construcción. Este consumo de madera dio lugar a una deforestación que se hizo cada vez más intensa en función del crecimiento de los núcleos poblacionales y alrededor de los mismos. Momento a partir del cual se interioriza el concepto de que no vivimos ya en el monte o bosque si no que este está afuera. De hecho, el término forestal cuya acepción es relativo al monte y bosque viene de los adverbios foras, foris, que derivan del latín foranus, forestis, es decir, afuera.

En esta época pasada antes de iniciarse la deforestación masiva, abundaban las especies de caza mayor en general que se encontraban en un hábitat tranquilo para colonizar en toda su extensión. Esta amplitud de distribución de herbívoros daba lugar a un gran margen de campeo para los predadores que aparecían con una abundancia relativa a las poblaciones de las especies de las que se alimentaban, estos predadores, también encontraban gran serenidad y tranquilidad en sus áreas de caza, poco transitadas por el hombre en donde disputaban su territorio. Eran los tiempos de los lobos y los osos de la Península.

En épocas pasadas ni se pensaba en una ordenación forestal, se deforestaba a discreción, y el empleo de madera para combustible y para material fue constante. En España ocurrieron dos acontecimientos muy significativos.

El primero ocurre cuando la Armada Española decide planificar las extracciones de árboles, porque durante varios siglos la construcción de barcos requirió de grandes cantidades de madera, ¡para la construcción de un barco se necesitaba la corta de más de 50 hectáreas de bosque de roble! Al comprobar que se agotaban los recursos por esta desforestación, se tomó la decisión de planificar las cortas. Se podría decir que la armada Española fue la primera administración forestal.

El segundo es un hecho oscuro para los bosques españoles. Por la desamortización de Mendizábal, los nuevos propietarios de los bosques buscaron obtener rentas inmediatas de ellos, deforestaron para la venta de la madera, y los terrenos se utilizaron para cultivos o se convirtieron en pastizales.

El avance de la agricultura, aprovechó todas estas superficies deforestadas a lo largo tiempo para ser cultivadas. También la industrialización y la construcción del ferrocarril necesitaron hacer un gasto enorme de madera.

Este nuevo paisaje agrícola y ganadero extensivo, en el que todavía no existía mecanización en las labores agrarias se convirtió en el escenario ideal para la caza menor. Los trabajos del campo se realizaban a mano y con empleo de animales, utilizando métodos de abonado y mejoras naturales. Todas estas prácticas favorecían el establecimiento de la caza menor, que en comparación con la época actual, no estaban enfrentadas a la mecanización de siembra y cosecha ni al uso de fitosanitarios y agroquímicos. Se daba lugar al hábitat idóneo de la reina de la caza menor: La perdiz roja. Esa gran abundancia en realidad corresponde a un periodo muy corto de la historia.

Este retroceso del terreno forestal en fomento del uso agrícola, unido al avance de la ganadería, da lugar a una modificación en las costumbres del lobo, que es predador natural de ungulados silvestre. Sin embargo en esta época se ve desplazado y realiza ataques sobre el ganado con mayor frecuencia para alimentarse.

En el año 1939 se inicia un plan de reforestación que había sido planteado por la segunda república y retomado por el gobierno de la postguerra. Se calculaba que alrededor de seis millones de hectáreas habían sido deforestadas. Diversas experiencias de Ingenieros de Montes y Forestales hacen que se inicien proyectos de reforestación con especies pioneras, aptas para crecer bajo insolación directa, como son los pinos. De alguna forma el estado reconoce una antigua mala gestión y se hace cargo del proceso de restauración. Estas repoblaciones se generalizan en todo España y llegamos a día de hoy momento en que con la crisis económica los proyectos públicos de reforestación parece que llegaron a su fin, con alrededor de tres millones de hectáreas nuevamente arboladas.

Estos nuevos bosques evidentemente no son lo que habían sido antes, incluso las repoblaciones de pinos se las podría ver como un desierto verde. Sin embargo es el momento de replantear los objetivos técnicos de una restauración ecológica. Estas repoblaciones son ideales para que se establezcan otras especies de árboles, como el roble, la encina, y el haya, que necesitan sombra para su desarrollo inicial. Se presenta por tanto una oportunidad para que en nuestros bosques se lleve a cabo una gestión integral de los recursos naturales renovables en los que sean compatibles todos los usos y aprovechamientos: Paisajístico, recreativo, maderero, resinas, setas, frutos y piñones, ganadería y por supuesto la caza y la pesca. Es el momento de replantear los objetivos ambientales y aprovechar la gran oportunidad que nos ofrecen estos nuevos bosques.

En concreto no podemos dejar de lado su gestión para fomentar la biodiversidad y la fauna silvestre.

La realidad de muchas regiones es que tienen un paisaje propiamente forestal, formado por bosques relictos de especies frondosas, nuevas repoblaciones de coníferas, matorral de degradación de etapas seriales, que surge en antiguos campos de cultivo, y campos agrícolas, algunos de los cuales aparecen repentinamente debido a subvenciones.

Este escenario vuelve a ser propicio para la caza mayor, se trata de un uso del suelo nuevamente forestal y de esta forma observamos la proliferación del ciervo, corzo, gamo y jabalí y por supuesto también del lobo.

Pero a su vez y lamentablemente, es desfavorable para la fauna menor, la cual ha experimentado un declive progresivo en sus poblaciones, debido a la modificación del ecosistema benigno que encontraba anteriormente. Aparte hay que añadir otra tribulación más para toda la fauna en general pero especialmente para la caza menor por ser más sensible, que es la degradación antrópica del medio natural, las carreteras, los basureros, las canteras, las instalaciones eléctricas lo deterioran, y proliferan por ello algunas especies que determinamos oportunistas que no sólo son inmunes a dichas perturbaciones sino que además se aprovechan de las mismas. De este modo tenemos las poblaciones más elevadas, de todos los tiempos, de zorro, de córvidos de todo tipo, de algunas aves rapaces como ratoneros y milanos que siempre vemos esperar pacientemente en los postes de las carreteras para comerse algún bichito atropellado, y cómo no de jabalí, especie omnívora por antonomasia.

La legislación no acierta al proteger algunas de estas especies oportunistas, por hacer una protección general no matizada de las aves rapaces. También está protegido el cormorán, principal causante de la desaparición de la trucha común autóctona en los tramos altos de los ríos. Hay otra ave oportunista que pasa desapercibida, la cual hace un par de décadas pasó por peores momentos que el actual, si bien nunca ha estado en peligro. Es la cigüeña blanca, causante del déficit poblacional de anfibios en las pequeñas charcas, algunas de ellas joyas ecológicas. Es notorio también el daño que hacen sobre las nidadas de aves que anidan en el suelo.

Una gestión apropiada para el medio tiene que abarcar grandes extensiones de terreno, ya que hay incompatibilidades en el mundo animal que solo se subsanan con superficies de gestión suficientemente grandes para que cada grupo de especies encuentre su hábitat y estén todas ellas representadas.

 

Extraído de Reflexiones sobre La Caza. Beneficio medioambiental que reporta. Su ejercicio, su cultura y su arte.

Capitulo 2: La escasez de fauna silvestre

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