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La caza tradicional, como siempre se ha entendido

La mejor gestión

En el coto, quizás porque las ciervas se comen todo, quizás porque sale muy caro desmontar y sembrar, un día optamos por hacer varios núcleos de gestión, o sea, encerrados de pocos metros cuadrados rodeados de mallazo de dos metros de alto para evitar la entrada de ciervos y jabalíes, y metimos un bebedero hecho de obra y boya para regular su caudal conectado a un depósito y un bidón colgante lleno de trigo al que le hicimos varias rajas con una radial para que comieran perdices y los pocos conejos que se veían.

22 may. 2015 - 4.178 lecturas - Un comentario

La verdad es que los animales tardaron su tiempo en acostumbrarse a ver estas nuevas estructuras metálicas y sobre todo entrar en ellas, pero al final —por la comida baila el perro— las tomaron con ganas, pero también los arrendajos, rabilargos, muchas aves granívoras —esto sí que es menos rezar y más echar grano—, tórtolas turcas y diversos predadores que también comían, bebían y acechaban a conejos y perdices con más éxito.

Notamos que en torno a cada núcleo —hicimos 8 o 10 en todo el coto— se asentó un bando de perdices y algún que otro conejo, pero también varios predadores. En algunos de estos encerrados vimos desplumaderos de perdiz, y hasta grabamos con esas modernas cámaras-trampa cómo los rayones de una cochina entraban por los agujeros del mallazo a comer y beber, mientras la madre esperaba fuera a que sus hijos se dieran el festín. Entendimos así como alguno de los bidones de trigo y de agua se vaciaban antes de la cuenta y encima estábamos fomentando uno de los mayores predadores de la caza menor: el jabalí.

Notamos también que en torno a cada núcleo se asentaba un solo bando de perdices y los mismos conejos, lo que significaba que algunos animales se hacían dueños del maná y del territorio y no dejaban que otros inquilinos se aprovecharan de ello. Todo esto y las palizas que se daba uno de los socios llenando los bidones de trigo y agua, hizo que el invento se abandonara y se iniciase una gestión más natural y creo que rentable, aunque un poco más cara.

Volvimos al desmonte de manchas viejas y a la limpieza de charcos y fuentes, y la cosa fue mejor. Renunciamos a las siembras dado el gran número de ciervas, que nos obligaría a cerrarlas con malla cinegética, con lo cual el coste sería insostenible. Yo creo que los animales agradecen más un desmonte, una siembra o una charca natural y asequible que esos pequeños encerrados que muchas veces se convierten en trampas mortales porque les esperan agazapados los predadores.

Pero como desmontar una mancha era muy costoso, y sembrar inviable por las ciervas, ideamos una alternativa que tuvo mucho éxito, y fue desmontar en medio de las manchas más viejas e impenetrables varios caminos paralelos, a un tiro de escopeta uno de otro, con una anchura del doble de la vertedera del tractor. Antes de hacer estas sendas en la otoñada, con el terreno ya mojado, se echó triticale por donde iba a pasar el tractor. De este modo el grano quedaba enterrado y abonado por el propio monte, y muchas semillas germinaron, otras no salieron, pero como se trataba de una siembra para la caza que no se esperaba cosechar, no le dimos más importancia. Y estos brotes verdes fueron esenciales para perdices y conejos, su carga protéica encela más a las conejas y pone más fuertes a las perdices. Sabíamos de antemano que si alguna espiga salía adelante se la comerían las ciervas cuando madurase, pero el bien ya estaba hecho.

También quisimos echar veza, porque esta leguminosa, por su alto contenido en proteínas, se convertiría, hablando vulgarmente, en el filete del bocadillo y, además, como leguminosa, fija nitrógeno en la tierra, abonando al cereal, al que se enroscará como si se tratase de una enredadera, lo que habría que hacer si la siembra estuviera protegida, pero lo desechamos porque era muy cara y la voracidad de las ciervas no la dejaría crecer. Los brotes vinieron muy bien a la caza y cualquier socio podía ya adentrarse y cazar con su perro el corazón de estas manchas, antes prohibitivas por impenetrables.

También podíamos batirlas poniendo puertas por delante. O sea, ampliamos el número de hectáreas cazables y abrimos claros en los que de nuevo nacía hierba y todo tipo de semillas naturales, y en verano, como lógicamente no llegó ninguna espiga, distribuimos un poco de grano. Y el siguiente otoño, con la tierra ya algo empapada, volvimos a echar grano y muchos germinaron de nuevo e hicimos nuevas calles cuando vino el tractor en otras manchas. Y esta labor sí la agradeció más la caza menor, que quiere sobre todo pastizal y terrenos abiertos, y los socios, que comenzaron a cazar nuevos lugares ganados al monte.

Al mismo tiempo, con una desbrozadora de mano, cuando llega mayo limpiamos las fuentes y charcos cegados por la maleza, para que perdices y conejos puedan beber con facilidad. Y todo esto lo agradece la caza menor. Creo que hasta se da cuenta de que come y bebe mejor y cría con más ganas. Los núcleos de gestión son positivos, pero creo que deben hacerse muchos para que de verdad funcionen porque, si son pocos, los predadores se concentran junto a ellos y estos focos de gestión, que se hacen precisamente para que haya más caza, se convierten en auténticos sumideros. Pero en los cotos con posibilidades, o sea, con charcos, pantanos y fuentes, es mejor rehabilitarlos y esparcir algo de grano por los carriles que poner comederos y bebederos artificiales, cuyo mantenimiento es costoso en dinero y sobre todo en esfuerzo. Y otra cosa a tener en cuenta: la estética. No es lo mismo toparse mientras cazas con una estructura metálica artificial y fea, que ver una charca saneada o una siembra con su verde esperanza.

Muchos de los pasillos que hicimos hace años necesitan ya un nuevo paso de tractor porque la jaras se están poniendo muy altas y dificultan el caminar, de modo que habrá que pasar de nuevo la vertedera, pero ya va a ser un paseo porque es monte nuevo, pero antes echaremos, cuando la tierra esté empapada, un poco de triticale para que la caza aproveche sus brotes y tarde más en salir la jara. Y además, los que cazan en mano, y sobre todo los perdigoneros, que a finales de enero comenzaron su ansiada temporada, han agradecido estos nuevos abiertos porque han hecho nuevos puestos, algunos con mucho éxito.

 

1 comentarios

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25 may. 2015 09:01
ALEPUS
ALEPUS ««“La suerte con un perro, también depende de si el can la encuentra en su amo” »»
Tío Calañas, no sabe lo que le agradezco la valentía que ha tenido usted con decir todo esto. Uno de los grandes detractores de nuestra perdiz salvaje han sido y serán la “gestión” que consiste en llenar de comederos y bebederos para gallinas todo el coto, y cuantos más mejor. Algunos de los aspectos negativos los enumera usted con exactitud. Cuando muestro mi desprecio a este tipo de “gestión”, la única justificación que oigo es que en la mayoría de los cotos de Castilla la Mancha la practican, vamos…..como si algo que hace todo el mundo de manera repetitiva fuese lo mejor, pobre gran error. (También hay otros motivos en los que ahora no voy a entrar)
Para que entienda mi euforia literaria, tengo un extenso trabajo en esta su línea, terminado hace 8 años, y no veo manera de que me lo publiquen. Para terminar decirle que su alternativa de “La mejor gestión” no es correcta, por discrepar con usted en algo, es la ÚNICA gestión si queremos salvar a la perdiz SALVAJE. Un saludo y gracias.