La voz del campo

Como aficionado al reclamo de perdiz lleva varias noches con serios problemas para conciliar el sueño. Todos los años, en los prolegómenos de la fecha de apertura de la caza, vuelve a vivir la misma situación de desvelo.

Manuel Romero

08/11/2018 | 814 lecturas

Sabe que es inevitable, pues esta apasionante modalidad de caza acarrea, en esas fechas, una gran dosis de intranquilidad, mucha impaciencia y unos enormes deseos de que llegue cuanto antes el primer día de la temporada cuquillera, para salir al campo a disfrutar del trabajo de sus reclamos.

Perdiz

Los nervios, por verse cuanto antes con su reclamo colgado en su espalda, camino del puesto, no le hacen descansar lo que él quisiera. Su descanso nocturno pasa necesariamente por padecer un estado de dormivela, pensando en el primer puesto del alba que tiene pensado realizar en aquel puesto de piedra, el cual lleva arreglado hace ya muchos días.

Ese puesto se encuentra en un puntalillo muy querencioso para la perdiz y en sus largas noches de insomnio ha vuelto a repasar mentalmente, otra vez más, el lugar donde se encuentra ubicado. Ha soñado con numerosas entradas del campo encelado, rijoso, encrestado, que se ha venido de lejos arrastrando las alas y poniendo a prueba la bondad, el temple y el buen recibimiento de su reclamo.

Cuando cierra los ojos, ya se ve en el interior de aquel maravilloso puesto, y adormilado parece escuchar los cantos de aquel macho de perdiz, guerrero, valiente, enviando desafiantes mensajes a su reclamo. Seguramente tratará de desalojar cuanto antes, todavía desde la distancia, a aquel intruso que ya campea en su querencia.

Los ecos de los cantos del campo parecen retumbar en su dormitorio… también los de su valiente reclamo, que no se achica ante los mensajes guerreros que envía el campo. Los imaginarios cantos de unos y otros forman una preciosa sinfonía de acordes musicales, que agravan aún más, si cabe, la situación del desvelo crónico que está padeciendo.

Se duerme, por fin, pensando en la posibilidad de realizar un puesto al reclamo, que esta temporada cumple dos celos, al cual ve detalles de importancia. Este reclamo ocupa, hace muchos días, un lugar preferente en sus largas noches de insomnio.

Su imaginación vuela en esos momentos pensando en la calidad que atesora, dados los importantes detalles y muestras guerreras que ofrece en casa. Estas teóricas cualidades tendrá que demostrarlas en el campo, pues sabe que es el juez implacable que determina la calidad de cada uno de los reclamos.

Otras noches se duerme pensando en aquel pollo puntero, que ya apunta buenas maneras. Su deseo es darle al final de temporada un pequeño puesto, claro si lo ve encelado y el campo ofrece ciertas garantías para realizar su bautismo…

Según se aproxima la apertura de la caza del perdigón, y cuando ya los días comienzan hacerse cada vez más largos, la espera —por verse cuanto antes dentro del tollo— se le hace tan eterna, que quisiera manejar el tiempo a su antojo y así acortar esos interminables días…

Sabe que ya mismo empezará a oír voz del campo, anunciando la inminente llegada de las peleas y disturbios en los bandos, los cautivadores cuchicheos y pitas, los revuelos de las parejas recién formadas buscando nuevas querencias, la fascinante música guerrera del campero haciéndose fuerte en su territorio…

Arde en deseos de ver, cuanto antes, la figura inconfundible del entusiasta jaulero con su perdigón colgado a la espalda, buscando emplazamiento para hacer el puesto… cargado de ilusiones y esperanzas de vivir un lance afortunado.

Por su larga experiencia sabe que cuando la voz del campose deja oír… va quedando menos tiempo para sentir —de nuevo— el embrujo, el lance, la emoción contenida, los nervios, la alegría indescriptible de… un puesto soñado.

Como recuerda también aquel puesto donde… aquel macho remolón y cobarde, se le atrancó en las inmediaciones del puesto, pero al caer la tarde entró en la plaza rindiendo respeto a su reclamo. En cambio, aquel otro se arrancó de vuelo, desde la pedriza, emitiendo un escandaloso piolío, anunciando su valor y su clara determinación de enfrentarse con su campeón…

Sueña con repetir aquel otro puesto, donde su pájaro puntero hizo una labor de maestro a aquella pajarilla enviudada, a la que cortejó largo tiempo. Hubo de emplear todos los recursos de atracción y conquista de un pájaro sobresaliente. Las muestras de cortejo y seducción estuvieron presentes en su trabajo…hasta que consiguió su objetivo y al caer la tarde, casi entre dos luces, entró en plaza confiada, rendida y serena…

Todos los años, por estas fechas, los cuquilleros sentimos y vivimos las mismas situaciones que hemos narrado del aficionado que nos hemos imaginado. Situaciones que forman parte de esta modalidad y que, afortunadamente, disfrutamos cada año en las vísperas de la apertura de la veda del reclamo.

Son hechos cíclicos, maravillosos, que se repiten todos los años y para nosotros, los cuquilleros, son tan necesarios que forman parte de nuestras vidas, desde siempre…

Manuel Romero

Autor de los libros:
-La caza de la perdiz con reclamo. Arte, Tradición, Embrujo y Pasión.
-El reclamo de perdiz. Raíces de una caza milenaria.
Pedidos de los libros, en el teléfono 686406638 (WhatsApp)

 

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