Economía de la caza

La Economía natural, y por tanto la de la caza, es diferente de la Economía general de mercado, de la Economía agraria o de cosecha, y de la tan mal llamada Economía ambiental.
José Miguel Montoya Oliver

José Miguel Montoya Oliver

07/10/2018 | 5533 lecturas

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Características propias de la Economía natural

1ª. Los capitales

En la Economía natural, sus capitales son básicamente biológicos y están estrechamente enmarcados en su diversidad, cuantía, distribución y características (especies, sexos, edades, dimensiones, calidades y estados) por los condicionantes propios de cada ecosistema: por sus capacidades naturales de carga y descarga. A diferencia de otras economías que pueden ampliar o reducir enormemente sus capitales económicos, en el caso de la Naturaleza y la Caza, el margen para la elección de sus capitales biológicos es bastante estrecho. En el campo cabe lo que cabe, y no puede dejarse ni más ni menos de lo que se debe; así de simple: si sobra hay que sacar, si falta hay que dejar. Esta es la primera diferencia con las demás economías clásicas.

2ª. Los réditos

Los intereses generados por esos capitales vivos, sus crecimientos, son igualmente biológicos y ni varían con el mercado de capitales ni dependen de él. Dentro de cada ecosistema, los crecimientos solo dependen de las biomasas presentes, de la calidad de la estación para las mismas, y de la biología propia de las poblaciones manejadas: una nueva diferencia con las demás economías, y van dos.

3ª. La administración de capitales y renta

El capital biológico (censos) debe ser optimizado en todos los casos, sin que pueda extraerse una renta (capturas) ni superior ni inferior a la necesaria. En ausencia de salvaguarda del capital biológico, suele contabilizarse como renta, lo que puede ser un consumo más o menos encubierto del capital biológico (sobreexplotación). Por el contrario, extraer menos de lo preciso (infraexplotación) conduce a peligrosas acumulaciones de capital biológico, a una caída de su crecimiento y vitalidad, e incluso a situaciones de riesgos y daños. Esta característica administración de capitales y rentas es una nueva diferencia con las demás economías, y van tres.

4ª. El mercado

En otra nueva gran diferencia con las demás economías (y con ella van cuatro), en cuestiones de Naturaleza y Caza, el mercado apenas consigue actuar mediante sus habituales y manoseadas leyes de oferta y demanda. Tanto en valores y usos como en recursos (y la caza es las tres cosas a la vez), la conformación de los precios a través del mercado suele ser solo parcial, y en la mayor parte de los casos resulta imposible, engañosa o injusta. El mercado perfecto no existe en general, y mucho menos aquí, y el socorrido, manido y tantas veces falaz argumento del mercado y sus leyes, como mecanismo presuntamente eficaz de negociación y fijación de precios, está limitado en el ámbito de la sostenibilidad por los siguientes aspectos, relativos a la violenta colisión entre lo urbano y lo rural que está arrasando los campos y mares de España.

  • Negociación. Los negociadores actúan habitualmente en espacios distintos, muchas veces distantes entre sí, y normalmente en condiciones de manifiesta desigualdad negociadora: los unos se imponen sobre los otros. Basta ver el desequilibrio existente hoy entre la predominante sociedad urbana y su subordinada sociedad rural (a la que se le imponen múltiples limitaciones so pretexto ambiental y a la que, por el contrario, se le expolian con brutalidad la mayor parte de las externalidades ambientales positivas que genera) para comprender que la primera impondrá casi siempre sus demandas y exigencias sobre la segunda: colonos y aborígenes.
  • Innegociables. El error sería creer que, en materia de Naturaleza y Caza, como en el mercado, todo es negociable y todo tiene un precio: Todo se compra y se vende. Algunas cuestiones naturales y cinegéticas son claramente innegociables: no todo está en venta. El mercado apenas si conseguirá fijar algunos valores y tal vez algunos precios, para algunos de los bienes y servicios naturales y cinegéticos comercializables, y aún esto de forma muchas veces discutible. Desde luego nunca podrá valorar por sí solo todos los valores de la Conservación y de la Protección a los animales (Sí: animalismo puro y duro es el cazar), así como los muchos otros valores sociales generados por el buen manejo de la Naturaleza y la Caza.
  • Subjetivismo. En la práctica del manejo de los valores, usos y recursos naturales, es frecuente que las pasiones, los sentimientos, lo psicológico, movilicen a los interesados mucho más que el dinero. Muchas personas presentan fuertes vinculaciones de orden afectivo y cultural con los espacios naturales y con el universo global de lo natural. Tal vez hacen lo que hacen, en uso de su libertad, porque ni quieren ni sabrían actuar de otra manera: el cazador será cazador, el gestor de caza gestor, el ganadero, ganadero, el pescador, pescador, el payés, payés… porque ni saben ni quieren ser ninguna otra cosa que ellos mismos. Así, muchas de las cosas que vemos hacer en materia cinegética, no pueden comprenderse a fondo desde una perspectiva económica deshumanizada y fría, presuntamente objetiva, pero tremendamente errónea. Lo que el interesado en la caza trata de fomentar, muchas veces es de compleja valoración, y resulta de difícil entendimiento por parte de otros. La Sociología, la Sicología y la Economía natural no están ni mucho menos tan distantes entre sí, como pudiera parecer a primera vista.

5ª. La marginalidad

Las características propias de lo natural y de la caza, derivadas de la marginalidad socioeconómica de los espacios más o menos naturales y por tanto de los cotos, son las mismas de la Economía natural, definitorias de la misma y claramente diferenciales respecto a las demás economías (y van ya hasta cinco diferencias, características y propias): unas economías clásicas que resultan absolutamente erróneas cuando se aplican al universo de lo natural, y por tanto al de la caza, y terriblemente injustas e insostenibles para el Hombre y la Naturaleza. De aquí la urgencia de crear, proponer y desarrollar esta nueva economía según la Naturaleza: la Economía natural.

Consideraciones finales

La economía de la caza, porque forma parte de la Economía natural, está estrechamente ligada a las culturas y espacios que se manejan, y por tanto a la sostenibilidad de los terrenos de cada coto en sus tres planos locales propios: el social, el técnico-ecológico y el económico. No es una economía apátrida, en la que el capital puede acumularse, transformarse en dinero y trasladarse de lugar, ni es tampoco una economía especulativa y fugaz, en la que todo se mueve en función de un beneficio cercano en el tiempo y con independencia del medio ecológico y social y de los condicionantes propios del largo plazo (tierra quemada).

La Economía natural, y por tanto la economía de la caza, no es propia ni de un espacio ni de un tiempo concretos. Expresa el matrimonio solidario e indisoluble, para lo bueno y para lo malo, entre todos y cada uno de los espacios del Planeta (terrestres y acuáticos) y entre todos y cada uno de los tiempos y generaciones (pasadas, presentes y venideras): el contrato a desarrollar, moral, ético y tácito, entre la Humanidad y su Planeta. En este contrato debe considerarse incluida la Conservación plena de todos los valores naturales, como biodiversidad y otras oportunidades y potencialidades naturales, y esto no solo por razones éticas, sino también prácticas (utilidades a veces muy concretas, y otras simplemente probabilísticas).

En el marco de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Economía natural, la Economía de la Sostenibilidad, porque existe y es útil, debe ser desarrollada y puesta en aplicación urgentemente. La caza tiene mucho que decir y que aportar al Objetivo n.º 15 (Vida de Ecosistemas Terrestres). Si no logramos contemplar la caza desde la perspectiva más elevada posible, habremos contribuido a perder la batalla de la Sostenibilidad. La culpa no será de quien no entiende la caza, sino de quien no la defiende al nivel debido.

Recordemos la llamada Paradoja del Inventor: «El objetivo más ambicioso es el que tiene mayores posibilidades de éxito». Ahí estamos, y que así sea, por el bien de la Humanidad y de la Naturaleza. Recuerda: Piensa en global, actúa en local.

José Miguel Montoya Oliver
Dr. Ingeniero de Montes. Profesor Titular de la Universidad Politécnica de Madrid. Miembro del Comité Científico de la Red de Investigación en Sostenibilidad (Common Ground Research Networks. University of Illinois. Chicago)

 

 

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