El ratonero bodeguero andaluz

Tenemos la gran suerte de contar con dos razas de perros ratoneros que reciben su nombre de dos regiones diferentes de nuestro país. Por una parte, el ratonero bodeguero andaluz, perro de origen jerezano seleccionado por sus aptitudes para la caza de roedores y alimañas. Por otra, el gos rater valencià, canis villaticus o gos de l’horta (perro de la gente del campo o de la huerta) de reducido tamaño, pero un gran cazador de roedores, conejos o alimañas.

CdC

20/09/2018 | 3976 lecturas

Esta primera entrega la dedicamos al Ratonero bodeguero andaluz, para hablar de su historia, su carácter, su morfología y sus aptitudes para la caza.

Orígenes británicos

Los orígenes de la raza nos llevan hasta la comarca de Jerez de la Frontera, en Cádiz. Desde este punto estratégico de nuestro sur peninsular se trazaban líneas comerciales con las Islas Británicas ya en el siglo XVIII, lo que comunicó las razas caninas de allí con los perros autóctonos. Se apunta al fox terrier de pelo liso como el inicio de una gestación que daría como resultado al Ratonero.

El carácter valiente, incansable y con una predisposición enorme a la caza de pequeños animales les llevó a posicionarse como una herramienta valiosísima para el control de las plagas de roedores y conejos con los que se lidiaba en la época.

El tamaño perfecto para cazar el conejo

La base morfológica con la que el Bodeguero llegó al siglo XX guardaba una estrecha relación con el fox terrier. Se mantuvo la peculiaridad del manto con predominancia en color blanco debido precisamente a su funcionalidad. Los roedores aumentan su actividad durante la noche, y se solían encontrar en los lugares menos iluminados, como bodegas, pajares, graneros, almacenes… Un perro blanco es más fácilmente reconocido en lugares con escasa luz.

Su tamaño, le lleva a destacar en aquellos entornos en los que el conejo se hace fuerte y su caza requiere perros valientes que sigan su rastro por las zonas más apretadas de vegetación.

Su talla se sitúa entre 37 y 43 centímetros de altura a la cruz en los machos, y un ideal marcado en 40 centímetros, algo menor en las hembras, más pequeñas, con una altura de entre 35 y 41 centímetros, encontrando el ideal en 38. En cuanto a la longitud de estos perros, el estándar lo describe como tendente al cuadrado (alzada a la cruz equivalente a la longitud), aunque el estándar admite hembras más elongadas. Su peso ronda lo los siete, incluso los ocho kilos.

Rápido y ágil

Su conformación física le otorga unas características muy valoradas en la actividad cinegética, sobre todo si hablamos de rapidez y agilidad, lo que le permite alcanzar a diente al conejo que no abandona el encame y confía en sus patas para dejar atrás a sus perseguidores dentro de arroyos y matas donde se siente seguro.

Una constante en el carácter de la raza que destacan los criadores y apasionados del bodeguero es su capacidad de trabajo en equipo. Forma un compenetrado grupo con otros ejemplares, ya sea de la misma raza o de otra distinta, para conseguir una gran eficacia en la caza.

Equilibrado, muestra un carácter tranquilo en casa, donde también alerta si alguien extraño entra en el territorio familia, pero en el campo es un perro inquieto y muy trabajador.

El cazador de conejo y liebre destina su buen olfato y su tenacidad a mover monte tras estas piezas de pelo. Para ello, el Bodeguero hace uso de un fino olfato, pero destacará recurriendo también a la vista y a su oído para dirigir sus pasos entre la vegetación. No es extraño verle parado a pie de mata girando las orejas para dirigir sus pabellones auditivos hacia los sonidos que percibe desde el interior de la maraña.

De caza con bodegueros: tras el conejo

Y para hablar de la raza y su capacidad cazadora hemos hablado con Raúl Franco González, responsable del afijo Góngora Terriers, especializado en ratonero bodeguero andaluz, raza con la que lleva trabajando casi veinte años y que nos ha cedido las fotos de sus perros durante el trabajo de caza. Os dejamos con sus palabras y experiencia:

El Ratonero bodeguero andaluz es un perro inquieto e inteligente, con una constante atención a cualquier ruido o movimiento q se ocasione. Se trata de una raza de perro siempre dispuesta a realizar su labor de caza, ya sea ante roedores, alimañas, conejos etc. Le pega a todos los palos gracias a su tenacidad y afán por el trabajo.

Se vale de su vista, olfato, oído y su gran instinto para dar caza a su presa con unos movimientos ágiles y rápidos. Dispone de un gran carácter, como buen terrier que es, aunque eso no evita que sea un perro extremadamente cariñoso y fiel.

Aprende a un ritmo muy alto cualquier función. Trabaja muy bien en equipo, sobre todo a diente, y respeta la jerarquía del líder. Una raza muy completa y agradecida con las personas de su entorno, en especial con los más pequeños de la casa. Capaz de adaptarse a cualquier ambiente, temperatura o trabajo.

El ratonero bodeguero andaluz de Góngora es un perro rústico, con carácter, trabajador y fiel al estándar morfológico. Tras casi dos décadas seleccionando esta raza, cada vez más contento con el resultado, pero siempre con el objetivo de mejorar.

Como cazador, comencé a vivir la caza con perro desde que era muy joven, ya que mi abuelo tenía una rehala de galgos y podencos. Para mí la caza se reduce casi exclusivamente a una pieza: el conejo, aunque también practico y disfruto del control de alimañas, el pájaro al vuelo y de una buena montería con perros.

Una jornada de caza a diente

Son muchos los buenos recuerdos y experiencias de caza que he ido atesorando con esta raza, pero voy a citar una que aconteció uno de los primeros días de la temporada hace ahora un par de años y que me hizo disfrutar muchísimo de estos perros.

Salí temprano con mis bodegueros. Ese día cazarían a diente que, es una modalidad que personalmente me encanta porque tienes la oportunidad de vivir el pulso que el perro le echa al conejo. En estas jornadas el trabajo que desempeñan los perros es magnífico.

Comenzamos rastreando una zona de secano, pero no tuvimos suerte y no echamos conejos, solo alguna perdiz pero, al ir sin escopeta, el lance se resumió en unas carreras y poco más.

Cambiamos de zona y entramos en una dominada por árboles frutales en campiña. Pocos minutos de trabajo duro trajeron los primeros frutos: los perros dieron con el primero. Tras desencamarlo, la carrera fue preciosa… y repetida. La velocidad que desplegaba el conejo le llevó a esconderse de los perros hasta en tres ocasiones. Pero la perseverancia y la pasión que ponen estos perros en su trabajo les llevó a encontrarlo en las tres ocasiones, levantándolo y obligándolo a correr. Los perros no pararon de pegar la nariz al suelo para buscar el rastro caliente que les llevaba hasta el conejo.

A continuación, pude disfrutar del trabajo de los bodegueros al abrirse paso a través de los árboles para dejar en medio al conejo y así darle caza. El instinto de caza de estos perros es increíble. En todo grupo siempre destaca un miembro dominante que es el que lleva el peso del trabajo en campo. Cuando alguno joven se desviaba de la zona donde estaba el rastro, el dominante, más experimentado viejo, iba a por él y lo volvía a meter en la faena.

CdC

 

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