Poniendo en valor a la caza

La caza, actividad ancestral que proviene desde la prehistoria donde fue la principal fuente de sustentos de nuestros antepasados, hoy en día es mucho más que un ocio que practican los cazadores, es un instrumento muy necesario para controlar las poblaciones animales, minimizar los daños que ocasionan y mejorar el hábitat natural donde se practica.
Carlos Irujo

Carlos Irujo

07/02/2020 | 3187 lecturas

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Frente a los ataques del animalismo, decir que en España el colectivo de cazadores lo formamos más de 750.000 personas, frente a los contados animalistas que están en contra de la caza bien hecha. No hay más que comparar los miles de cazadores que acuden a las manifestaciones a favor de ella y cuantos acuden en su contra. La caza es mucho más práctica y necesaria para la sociedad que la errónea pretensión de humanizar a los animales, sirviendo como ejemplo lo siguiente:

En gran parte de España la caza es una actividad eminentemente social. Donde existen muchos cotos públicos cuyos titulares son los ayuntamientos, los cuales ceden su aprovechamiento a las sociedades locales donde cazan practicantes de todo tipo de edad y extracción social.

La caza es una actividad eminentemente social en gran parte de España

Es uno de los motores económicos de muchos pueblos de España, donde para muchos ayuntamientos la caza es el mayor sustento económico para sus arcas municipales, ya sea mediante adjudicación directa a las sociedades locales o por subasta.

No solo es una actividad de ocio y búsqueda de alimento para las familias de los cazadores, sino que es un actividad totalmente necesaria para una correcta gestión del Medio Ambiente, ya sea para la mejora de los hábitats y de las especies protegidas, como para controlar los excedentes de las poblaciones de especies que ocasionan cuantiosos daños en la agricultura, como por ejemplo los conejos, los jabalíes, ciervos y corzos, los patos en los arrozales de la ribera, o las palomas torcaces.

Los cazadores no solo colaboramos para eliminar daños a la agricultura, sino que regulamos los excesos de poblaciones de jabalíes, corzos y ciervos, que ocasionan cada año en España más de 15.000 accidentes por atropellos con cuantiosos daños materiales y en algunos casos personales, incluso muertes. En España se calcula que hay una población aproximada de cerca de un millón de jabalíes, extrayéndose cada año de media un 40%, por lo que el 60% de ellos al criar siguen acumulando ejemplares al medio, y con ello acrecentando los problemas que causan. Por ello, ¿qué pasaría si dejáramos de cazar? Una autentica debacle, ya que aumentarían exponencialmente hasta límites insospechados.

Los cazadores regulamos los excesos de poblaciones de jabalíes, corzos y ciervos

Somos el aliado necesario de las administraciones para contribuir a la lucha contra las enfermedades infectocontagiosas compartidas entre los humanos y la fauna, ocasionando algunas de ellas el contagio a ganado y en algunos casos a las personas. Ejemplos de ello son las ocasionadas por la fiebre Crimea-Congo, las desagradables y graves consecuencias de la Enfermedad de Lyme, entre otras afecciones que contagian las garrapatas, la Tuberculosis que afecta al ganado vacuno, o la Peste Porcina que afecta a países del norte del Europa y que tanto preocupa a nuestras autoridades sanitarias, ya que es una seria amenaza para el sector del porcino blanco, actividad que supone el 1,4% del PIB y sostiene un millón de empleos, la cual acertadamente está marcando pautas de colaboración a los cazadores para que no se extienda a nuestro país, o muy recientemente el gran problema que hay en China causados por un coronavirus procedente de animales.

Tal como comentó Gerardo Pajares en las recientes Jornadas de Caza y Naturaleza de ADECANA, hoy en día la caza se enfrenta al desafío de reajustar el contrato social, trascendiendo de su condición de actividad de esparcimiento a la de actividad colaboradora al bienestar social. Los cambios que se operan a nivel global derivados de las condiciones socioeconómicas, la crisis climática y los movimientos de personas y mercancías que entrañan graves riesgos de salud para la fauna y las personas, planteando esto serios problemas tanto para la conservación de biodiversidad como para la economía y la salud humana.

Pero como nos comenta nuestro compañero Aitor Zugasti, el compromiso social de la caza debe ser recíproco, no solo de la sociedad con la caza, sino también de los cazadores con ella. ¿Y cómo se puede llevar a efecto?

En primer lugar es necesario el compromiso público de la administración (Medio Ambiente) con la actividad cinegética, el cual en algunos sectores anticaza de la misma echamos en falta, así como de los grupos políticos que, aunque mayoritariamente son favorables a la caza, alguno es contrario a ella, y en segundo lugar, recíprocamente los cazadores tenemos que tener respeto y convivencia con el resto de la sociedad no cazadora, visibilizando mucho más lo bueno que hacemos a favor del campo, no solo las capturas que solo son el producto de una gestión ordenada.

Carlos Irujo
Presidente de ADECANA

 

 

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