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Andalucía

El lince se escapa de la extinción

En el valle del río Guarrizas, en la provincia de Jaén, entre dehesas bien conservadas desde las que se divisan los campos de olivos imperantes en la provincia, se liberaron el 14 de febrero de 2011, por primera vez, linces ibéricos nacidos en cautividad.

18/02/2018 | ABC | Araceli Acosta

El lince se escapa de la extinción Justo siete años después volvemos al lugar donde Grazalema y Granadilla –la primera apareció muerta solo seis meses después en una jaula trampa en una finca de caza, pero la segunda sigue en la zona produciendo cachorros- dieron sus primeros pasos en libertad.

Desde entonces se han liberado un total de 48 ejemplares en esta zona de reintroducción (37 de ellos provenientes de centros de cría en cautividad) y la población ha ido evolucionando hasta alcanzar 74 ejemplares, con datos aún provisionales de 2017. Unas cifras que van en línea con el crecimiento que ha experimentado la población total de linces ibéricos en libertad en la Península: 547 ejemplares, de ellos 402 en Andalucía.

Aunque la especie sigue estando catalogada por la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (IUCN) como «en peligro» y continúa siendo la especie de felino más amenazada del planeta, la situación actual poco tiene que ver con la de partida. Como explica Miguel Ángel Simón, director del programa de conservación del lince ibérico, quien ha capitaneado los tres proyectos Life, coordinados por la Junta de Andalucía, que han devuelto a la vida a este hermoso felino, el primero de los proyectos nació «para asegurar una reserva genética en el caso de que la especie se extinguiera en la naturaleza».
Más allá de Doñana

Y es que en 2002 la situación del lince ibérico era crítica, solo se mantenían dos poblaciones aisladas en Andalucía con menos de 100 ejemplares (41 en Doñana y 53 en Andújar). Ese año la IUCN revisó su categoría de amenaza y la incluyó en la categoría de «en peligro crítico» de extinción, la categoría máxima de amenaza de una especie. Hoy, con 216 liberados -185 nacidos en cautividad y 31 capturados en el campo- y los 30 que está previsto se liberen en este 2018, podemos decir que «estamos alejando el riesgo», cuenta Simón mientras nos dirigimos a la finca donde se van a soltar los primeros ejemplares de este año, dos hembras, Olavide y Ofelia.

Ambas acaban de llegar en sendos cajones en un jeep conducido por Guillermo López Zamora, uno de los veterinarios del proyecto Iberlince, tras seis horas conduciendo desde el centro de cría en cautividad de Silves, en Portugal. «La selección de los ejemplares que se introducen en un lugar u otro se hace por criterio genético –explica- para reforzar la población de destino alejándola de la endogamia», uno de los mayores problemas con que se encuentran las especies con poblaciones reducidas.
Conejos y atropellos, su amenaza

De los dos núcleos de Doñana y Andújar, que eran los que quedaban en 2002, se ha pasado a recuperar los territorios históricos del lince en la Península, con núcleos en Guadalmellato (Córdoba), Guarrizas (Jaén), Sierra Morena Oriental, Montes de Toledo, Valle del Matachel (Extremadura) y Vale do Guadiana (Portugal). Buena parte de este éxito se debe a los convenios firmados con los propietarios de fincas para poder actuar en ellas mejorando el hábitat idóneo para los conejos de monte, presa favorita del lince, que constituye entre el 80 y el 90% de su dieta, explica Maribel García, bióloga del proyecto.

El conejo de monte ha sufrido una drástica disminución en España, primero por la mixomatosis, que se extendió rápidamente tras su introducción en Francia en 1952, y después con la enfermedad hemorrágica vírica, que se detectó en la década de los 80 del siglo pasado, pero mutó en 2012 y que, sin duda, es «el factor que está limitando la expansión del lince», cuenta Simón.
El último reclamo turístico

María Jesús Gualda, propietaria de la finca El Añadío, unas 400 hectáreas dedicadas sobre todo al ganado bravo, explica que es perfectamente compatible la conservación con el uso ganadero y cinegético. «El lince no nos molesta, al revés, bien gestionado es un reclamo turístico», dice. Ya hay una decena de empresas que operan en Jaén para el avistamiento de linces y otras especies de fauna ibérica.

Ahora la clave está en conectar los nuevos núcleos en los que se ha asentado el lince, y ese será el objetivo del próximo proyecto Life al que quiere optar este programa de conservación para desarrollar entre 2019 y 2024. «Ya hemos visto conexiones entre las diferentes áreas de reintroducción, lo que nos indica que el objetivo de conectar las diferentes áreas de presencia y reintroducción es posible», afirma el director del programa.

Sin embargo, el éxito obtenido hasta ahora conlleva un peaje, y es la muerte por atropello que está sufriendo la especie y que en 2017 registró uno de sus peores años, con 31 linces atropellados. «Esto hay que analizarlo en un contexto de espacio: en 2002 la superficie con presencia del felino era de 125 kilómetros cuadrados, mientras que en 2017 supera los 3.000 km2, lo que implica que el lince ibérico se distribuye por zonas peor conservadas y con más riesgos de atropellos y otras amenazas», dice Simón.

Del análisis de los datos se desprende que el 70% de los atropellos se producen en cinco carreteras (tramos de la A4 en Jaén y Ciudad Real; CM-410 en Toledo, N-420 en Córdoba, EX 103 en Badajoz, y A301 en Jaén). En algunos de estos puntos ya se trabaja con Fomento y otras administraciones para habilitar colectores como pasos de fauna y mejorar el vallado, explica Simón, pero es necesario aún un mayor esfuerzo para evitar perder linces que tanto esfuerzo ha costado recuperar.

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