El Cazador Conservador

La Sociedad de Cazadores del pueblo

Los animales silvestres son un bien escaso que ha de ser objeto de conservación, su cuidado y fomento es un deber colectivo porque su mejora genera riqueza ecológica al favorecer el patrimonio natural de un territorio, lo que contribuye además al desarrollo rural.

16 feb. 2017 - 10.983 lecturas - Un comentario

Antes de promulgarse la Ley de Caza del 70, que estableció las condiciones para los acotados actuales en España, el cuidado del campo para fuente de recursos se realizaba por muchos labradores. Las acciones de gestión, para los aprovechamientos agrícolas y forestales, las hacían los habitantes propietarios de las tierras que labraban. La caza, sobre todo de la menor, era un beneficio complementario al que tenía acceso mucha gente, tanto oriunda como foránea, y que se vivía como algo inagotable.

Hoy el campo, que está sectorizado en acotados de caza, necesita una gestión que en muchos casos la realiza una sociedad de cazadores. Esta se forma cuando propietarios de tierras de un término municipal que superen el tanto por ciento, establecido por la norma autonómica, de la superficie total, ceden el aprovechamiento venatorio. Lo que permite por la legislación actual constituir un coto, que será municipal o privado, según se haga cargo del aprovechamiento el ayuntamiento o una sociedad de cazadores. Esta última en muchas ocasiones se ampara en la figura de club deportivo, lo que permitirá agilizar trámites.

Normalmente se practica la caza a través de estas sociedades deportivas, a las que pertenecen en muchos pueblos los cazadores nacidos en ellos. Todavía no se tiene asumido en muchos sitios que estas conllevan muchos gastos, aún quedan cazadores que viven la caza como algo que no hay porqué financiar, y la solución que a menudo se aplica es arrendar la caza mayor. Sin entrar en la consideración jurídica de estos arriendos, dado que estas sociedades no están capacitadas para vender, ocurre que con la renta obtenida por la cesión todo el mundo queda contento en ese entorno, los socios del coto porque se quedan con la caza menor y pagan una cuota simbólica, el ayuntamiento porque recibe del coto cantidad suficiente para pagar la verbena de la fiesta de agosto, y el arrendatario porque revenderá los permisos de caza. Los cazadores del acotado se dedicarán a la caza menor, generalmente de un modo, sino desmedido, sí poco o nada controlado, lo que hace que allá por el primer puente del mes de diciembre oigamos ese tópico de que «no hay nada», lo que nos suena a epitafio por el daño que se ha causado.

Naturalmente si entre los socios hay cazadores actuales que ya han superado la fase atávica de colgar más para que cada temporada no haya menos, la situación cambiará. Porque el cazador, si es actual, ha de intervenir en su coto, ha de ser un activista que defienda la naturaleza y que viva la caza como una actividad alternativa medioambiental y conservacionista.

Para esta intervención es imprescindible la participación del presidente del coto, ya que este es el máximo representante del territorio en lo que a la gestión de fauna silvestre se refiere. Normalmente debería ser una persona capacitada y formada ad hoc, activa e interesada en la explotación cinegética y su porvenir. Si esto excepcionalmente no fuese así, no hay que dudar en presentar una candidatura alternativa que vele por el ideario actual de la caza.

El ejercicio de este deporte, que necesita grandes espacios naturales, sale beneficiado cuanto mayor es el terreno donde se practica. La frontera que marca la tablilla del coto del pueblo de al lado siempre es una frustración, la unión de cotos es más que recomendable ya que será mejor su gestión en todos los aspectos. Hay que derribar las tablillas y unirse, porque los de al lado también somos nosotros.

Y cuanto mayor sea el coto de caza, mejor será su gestión, la unión de cotos puede ser más que recomendable. Véase en la revista Captiva el articulo Fusión vs confusión.

 

1 comentarios

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17 feb. 22:48
+3
Joldujo
Joldujo   «Don`t mess with the queen`s guard»
Leo habitualmente los blogs de quienes os molestáis en escribir y aunque no coincidan con mis planteamientos, no suelo comentar, pero es que su escrito me obliga a hacerlo, pues al leerlo se me quedo la misma cara que Munch reflejó en su cuadro “El grito”.

Ya el título me escamó un poco, esa coletilla de Sociedad de Cazadores “del pueblo” me erizó los pelos de la nuca, pero me decidí leerlo, bueno, no empezó mal, explicando una serie de requisitos por los que se rigen los cotos, etc. para llegar a lo que le interesaba y da título a su artículo, las sociedades de cazadores y que al parecer le deben de molestar, no en vano, como gestor cinegético, estas sociedades le estorban.

Pues nada, debió de pensar: “ ahora a degüello con ellas” y ya con menos pudor que un gato en la matanza, paso a describir el funcionamiento de estas sociedades y su entorno, eso sí, delimitando con el “aún quedan”, como dando a entender que son algo residual, que digo yo, si tan residuales son, por qué escribir un artículo, pero bueno, al meollo; por lo visto, el problema es que quienes pertenecemos a estas sociedades no estamos concienciados en que gestionar lleva dinero, supongo que contratando un gestor cinegético, pero bueno, eso son ideas mías, pero lo peor es la descripción, los ayuntamientos propician estas sociedades cediéndoles la caza poco más o menos para poder poner una orquesta en las fiestas del pueblo para que el paisanaje pueda bailar Paquito el chocolatero formando una fila y las sociedades de cazadores, ignorantes los pobrecillos de ellos, venden por desconocimiento precintos que no deberían vender, claro, para eso mejor un gestor y ya descripción de quienes formamos parte de esas sociedades, más o menos somos matarifes con escopetas, vamos, que ni Berlanga hizo una descripción igual en Bienvenido Mister Marshall, pero claro, entre los socios siempre hay cazadores actuales, lo que en mi pueblo viene a ser “una de cal y otra de arena”, pero no se queda ahí, ahora va a por su competidor directo como gestor cinegético que es, el presidente del coto, el pobre que bastante tiene con saber firmar, menudo plantel.

El artículo me parece de traca, con un cúmulo de despropósitos que ofenden al más pintado, pero vamos, viendo de donde viene, un gestor cinegético, tampoco me extraña tanto, supongo que contratando los servicios de una gestoría cinegética, la caza comenzará a crecer y los beneficios a subir, aunque esto último no tengo claro para quien y lo que tampoco tengo claro es que se haría con esos “cazadores matarifes” que no están concienciados con la gestión, bueno, y en general con todos los cazadores del pueblo que no saben que para cazar hay que pagar.

Saludos
Jos Luis Charro Caballero
José Luis Charro Caballero. Ingeniero Superior de Montes. Titulado Experto en Caza y Pesca e Investigación Forestal. Manager Internacional y Gestor Cinegético.

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