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A vueltas con las perdices, nos faltan técnicos... Prácticos
Kodiak
"¿Por qué se extingue la perdiz? No se puede simplificar en una causa. Problemas de diferente índole: ecológica y medioambiental, agrícola, climatológica, administrativa, antropológica, de predación, sanitaria, de malas repoblaciones, de excesiva presión cinegética, de furtivismo y falta de gestión, tienen la culpa. Lo que no me explico es cómo aún se mantiene en pie. No hay duda de que es una especie con valores de supervivencia excepcionales, pues si no fuera así se habría extinguido hace tiempo.
Las
poblaciones de perdiz se multiplican por dos o tres en los años
de buena crianza. Un aprovechamiento sostenible de la especie en esos
años recomienda no superar en capturas al 40% de la población
precaza. Pero en demasiados cotos se caza sin freno, o con freno demasiado
amortiguado. Me consta que hay cotos donde, a pesar de no cazar, cada
vez hay menos perdices. Ello es así porque la madre es tan escasa
y la producción tan pequeña que la extracción requerida
por aquellos sumideros habituales es ya superior a lo poco que produce
el campo. Por eso, no vale sólo con no cazar. Es necesario hacer
gestión en el coto. Es imprescindible controlar predadores y
hacer diferentes labores de recuperación del hábitat durante
la veda.”
Estos dos párrafos pertenecen a un artículo, muy recomendable de leer, publicado en algunos medios de comunicación el mes pasado. Su autor, José Luis Garrido, estudioso de la caza, meticuloso e incansable recopilador de datos y estadísticas, con las que importantes profesionales y Entes Públicos avalan sus trabajos, es una de las personas que más se preocupa por nuestra perdiz roja, pieza de caza que él defiende como emblemática dentro de las que tenemos, aún, la suerte de disfrutar por nuestra geografía.
Coincidiendo con las opiniones de José Luis, podemos incluso en el foro de esta página, leer y leer, comentario tras comentario, cuáles son los problemas que atacan la perdiz, y cuáles los instrumentos de gestión necesarios para solucionarlos, o por lo menos paliarlos.
Lo
que después de este largo preámbulo pretendo plantear
es que si conocemos los problemas y los instrumentos de gestión
necesarios para hacerles frente, ¿cómo es posible que
no logremos solucionarlos?. Dejando de lado la respuesta para los aspectos
climatológicos, contra los que poco podemos hacer (yo trataría
de compensar en lo posible los perjuicios que causa la climatología
con medidas de gestión, es decir, las sequías, granizos
o frío, etc., con riego o mejores zonas de refugio) administrativos
(sin comentarios) o los agrícolas (intentaría también
compensar con medidas de gestión), y centrándonos en los
que más podemos controlar, que además son de los que siempre
hablamos, es decir en las medidas de gestión (qué coincidencia),
pienso que la respuesta está en la técnica que ponemos
en práctica. Dicho más claro, de cómo ponemos en
práctica la teoría que hemos aprendido sobre técnica
de gestión.
Todos estamos de acuerdo y hablamos de la necesidad de mejorar el hábitat, poner bebederos, hacer siembras y complementarlas con comederos, etc. Pero después de repetir siempre lo mismo, nadie nos dice cómo hacer esas mejoras, cómo y dónde poner los bebederos, cuándo o con qué diseño, y todas las demás especificaciones un poco más técnicas, pero que casualmente marcarán la diferencia entre el éxito y el fracaso de nuestra gestión. No pretendo que tengamos unos conocimientos, un nivel sobre la técnica, como el de personas como Victoriano Peiró, al que aludo por aparecer en el trabajo que sobre la perdiz de Petrel aparece en esta misma página, y que tuve el placer de conocer en unas conferencias sobre nuevas tecnologías aplicadas a la gestión de la caza menor, en las que entre otros temas, habló de los sistemas de información geográfica. Los conocimientos que estas técnicas puedan aportarnos a la mayoría de los gestores sobrepasaran lo que de verdad necesitamos, ya que independientemente de ser sumamente complicados (abandoné la conferencia para entregarme a la lectura de A. Einstein y su teoría de la relatividad que me pareció más asequible) son costosos, pero manejando esos otros conocimientos básicos y fundamentales, los que todos conocemos y de los que hablamos, esos a los que antes aludía sobre comederos, repoblaciones, bebederos o mejoras del hábitat como medidas de gestión, entonces sí tendremos que preocuparnos de buscar a aquellas personas que sean capaces de darnos el segundo capítulo, la segunda parte, el de la práctica.
Necesitamos
técnicos que nos expliquen, una vez que sabemos que hay que tener
siembras, que éstas no sólo sirven para alimentar a los
animales, que su función pasa por utilizarse para compensar los
factores limitantes, las carencias que en cada momento tiene nuestro
coto, y que si bien en unas ocasiones serán de comida, en otras
pueden ser de refugio, e incluso en ocasiones para suplir ambas. Técnicos
que nos expliquen sobre el terreno cómo hacer una siembra, hacia
qué lado tenemos que hacer los surcos para que además
ofrezcan refugio y puedan usarse como alteros, en qué parte de
los surcos sembrar, si dentro o fuera, en qué sentido orientarlos,
en qué zonas, qué trazado se ajusta mejor, o qué
sembrar y en qué época, dependiendo del objetivo que pretendamos
alcanzar. Tenemos que tener claro que no sólo es suficiente con
conocer la teoría, cuatro ideas, pues si la puesta en práctica
no se hace de forma correcta, estaremos abocados al fracaso, perdiendo
dinero, tiempo, ilusión, y al final... la caza.
En los foros de esta web hice un comentario de un par de folios sobre los bebederos, al que sarcásticamente un amigo me contestó con un e-mail “comentando” algunos aspectos que había olvidado. Eran trece folios hablando sobre la técnica necesaria para hacer un buen uso de ese instrumento de gestión. Me atacó tanto la moral que cometí la torpeza de borrarlo sin leerlo, y cada vez que posteriormente le he pedido que me lo vuelva a enviar sólo he obtenido como respuesta por su parte sonoras carcajadas, aunque no pierdo la esperanza de robárselo cuando le visite uno de estos días.
Valga como ejemplo que en un tema tan teóricamente banal como es la elaboración de unos majanos, la práctica nos demuestra que en realidad es mucho más complejo de lo que parece a simple vista, y sólo la experiencia nos permitirá completar esa teoría para su correcta elaboración. En las jornadas en las que se realizaron las fotos que acompañan este artículo, se hicieron dos grupos que elaboraron, para poner en practica la teoría estudiada, un majano. El resultado de algo, repito, en teoría tan banal como es colocar unos ladrillos que formen galerías, cubrirlos con aislante, posteriormente con leña, etc, dio como resultado dos construcciones, la de los técnicos versus la de los aprendices, y para ser gráfico diría que se parecían tanto como el Palacio de Versalles a un campo de refugiados del ACNUR en Uganda.
La teoría ya la conocemos, busquemos quién nos enseñe en el campo, quién coloque el primer comedero para que veamos a qué altura ponerlo, en qué zona, qué materiales usar...


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