La caza, motor de economía y sostenibilidad en Extremadura

«La caza bien gestionada es sostenible y genera riqueza, también sostenible, si se permite la redundancia, si es bien gestionada».

CdC

30/04/2018 | 4912 lecturas

Lo decía Alfonso Navarro Jiménez en el prólogo de Campo y Caza Sierra de San Pedro SL. En aquellos tiempos la caza mayor en Extremadura era muy escasa y, sobre todo, estaba muy localizada. Fuera de esas zonas, la presencia de cochinos y principalmente de venados era meramente anecdótica. Pero, gracias a Sierra de San Pedro, la primera sociedad cinegética en Extremadura dedicada a la caza comercial, que aparece a comienzo de los setenta, inesperadamente se produce un cambio auspiciado por la colaboración de algunos propietarios de cotos que toman conciencia de la importancia económica que la caza puede llegar a significar en la explotación de sus fincas.

Y así, años después, lo han corroborado estudios de la Universidad de Extremadura (UEx), la caza es una actividad necesaria para la adecuada conservación de los ecosistemas y un motor de desarrollo rural «imprescindible» para una región industrialmente deprimida. José Luis Coca, decano de la UEx, se mostró convencido de que «la caza es un recurso a nivel económico y de empleo». Y el catedrático de Ingeniería Medioambiental de la UEx, Santiago Hernández, insistió en la conexión entre caza y medio ambiente.

Más allá de toda la riqueza que genera el turismo en las zonas costeras de nuestro país, en las zonas de la España rural, de población envejecida y escasa por la emigración, y que no encuentra riqueza en otros sectores, la actividad cinegética supone una de las principales fuentes de riqueza.

La caza en Extremadura genera más de 360 millones de euros anuales en ingresos

La caza mueve en España 6.475 millones de euros (año 2016). En Extremadura se hace, igualmente, una estimación solo con los datos que se conocen, en la que los resultados aportan que la caza genera más de 360 millones de euros anuales en ingresos, aunque la cifra podría ser aún mayor si se facilitaran todos los datos reales. Tanto como la tercera parte de lo que mueve el PIB de la agricultura en la región y, a día de hoy, es el motor de las exportaciones alimentarias. Y solo estamos hablando de ingresos directos, sin ahondar en todo lo que indirectamente genera.

Las casi 90.000 licencias vigentes de caza y cerca de 3.500 cotos, que ocupan el 86% del territorio de la Comunidad Autónoma de Extremadura, están directamente relacionados con la conservación de hábitats y la ocupación de miles de personas. La caza genera 90.000 jornales al año de organizadores de cacerías, salas de despiece, transportistas y carniceros específicos, veterinarios, industrias de elaboración de productos cárnicos, cargueros, postores, secretarios, guardería, rehaleros, granjas cinegéticas, hoteles, caterings, armerías, gasolineras, bares, concesionarios, etc.

Guste o no, hoy por hoy la caza, y la Naturaleza, sostenida en gran medida por esta primera, son parte de la cultura y la economía de Extremadura y un aliciente para frenar la emigración a las grandes ciudades de ese 70% de extremeños que sigue viviendo en medios rurales o cercanos a ellos. Eliminar el factor cultural de la caza en Extremadura o tratar de excluir la economía que sostiene obliga a buscar alternativas al porcentaje de población que se mantiene gracias a esta actividad.

La caza es sostenible

La propia Junta de Extremadura en su Plan General de Caza de Extremadura tiene estudiada la distribución y densidad de las distintas especies cinegéticas en la casi absoluta totalidad del territorio y, en base a ello, se establecen, en función de la población de cada especie la cantidad de animales que pueden abatirse por zonas. Sobre todo en el caso de las especies de caza mayor, que además carecen casi de depredadores naturales que mantengan su sano equilibrio.

Curiosamente, la caza menor en bote, que tan mal vista está, alimenta a un sinfín de alimañas de pelo y pluma que, de otra manera, por su elevado número y porque tienen la mala costumbre de comer todos los días, acabarían con un montón de especies vulnerables en muchas zonas por otras cuestiones que no tienen que ver con el ámbito cinegético. En caza menor, casi la mitad de las piezas abatidas son criadas en cautividad, y del resto, el 10% proviene de cría de las piezas no abatidas en sueltas y/o repobladas y mantenidas por parte de las sociedades y organizaciones cinegéticas y que son esenciales para la dieta de multitud de especies, muchas incluso protegidas, que también atrae un tipo de turismo diferente a la región.

Esto indica que la protección de especies cinegéticas es uno de los pilares de este negocio, y son la propia Administración, las organizaciones cinegéticas y cada cazador en particular, por la cuenta que les trae, los que se encargan de mantener ese equilibrio, para que sigan existiendo animales en sus cotos: si no hay especies que abatir, no hay caza. Ni rentabilidad económica asociada.

La caza también es naturaleza protegida

De hecho, Extremadura, con la proporción más alta de España, respecto a su población, de licencias y escopetas de caza, según datos de Guardia Civil, es una de las regiones de España con más espacios naturales protegidos: La Red Natura 2000, la Red de Espacios Naturales Protegidos de Extremadura, el Plan de Recuperación del Águila Imperial Ibérica, del Águila perdicera, del Buitre Negro, el Plan de Recuperación del Lince Ibérico y otros muchos más destinados a mantener el equilibrio en nuestros ecosistemas naturales, que se nutren en gran medida gracias a la actividad cinegética.

Gracias también a la actividad cinegética se conserva el monte y las zonas de arboleda bien gestionadas, en su mayoría por propietarios de fincas privadas de caza. Pero también las Reservas Regionales y los Parques Nacionales, por parte de las Administraciones, que guste o no, son o han sido zonas de caza de toda la vida.

Si no fuera por el interés de los cazadores en preservar la naturaleza, los ecoterroristas la mantendrían virgen y se devastarían extensas zonas de monte por incendios difícilmente controlables.

La caza mayor centrada en jabalíes y ciervos no plantea problema alguno en su distribución y cantidad

La caza mayor centrada en jabalíes y ciervos no plantea problema alguno en su distribución y cantidad. De hecho, su concentración y aumento se está convirtiendo en un problema sanitario en muchas zonas a causa de la superpoblación. Pero además, en los cotos destinados a caza mayor, se les alimenta y cuida para que permanezcan en las zonas de caza. Ayuda que en las épocas de sequía extrema y falta de alimento, como este pasado 2017, les viene realmente bien, tanto a los animales considerados cinegéticos como a los que no. Y no olvidemos lo más importante, crea jornales y evita largos desplazamientos a los animales.

Pero también los datos anteriores demuestran que la existencia de las especies de caza menor sin la protección y apoyo de las propias sociedades cinegéticas podría llegar a ser preocupante por la presión que soportan por sus predadores naturales: meloncillo, jabalí, zorro y gran número de rapaces protegidas.

La caza no favorece solo la conservación de la fauna silvestre, sino también la de otras especies animales como los mulos o algunas razas caninas que habrían pasado a prácticamente desaparecer.

Aquellos ecologistas radicales que creen que la naturaleza está solo para disfrutarla paseando, sin saber el grado de disturbio que ocasionan, víctimas del gran desconocimiento que tienen de la naturaleza en general, realmente no están ayudando en su conservación. La naturaleza necesita cuidados, gestión, trabajo. Algo más que las quejas absurdas de los detractores del mundo cinegético detrás de las pantallas de sus ordenadores y móviles de última generación.

Por todo lo expuesto, debemos considerar la caza como un motor de sostenibilidad y desarrollo económico en Extremadura.

Fuentes:
Tres razones por las que la Caza es motor económico de Extremadura
Aumenta el número de cazadores federados en Extremadura
La caza mueve 6.475 millones en España

CdC

 

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