
A finales de diciembre del año pasado comenzó la temporada de caza de perdiz con reclamo en el territorio insular balear. Son estos aficionados los más afortunados al ser los primeros en poder disfrutar de las salidas al campo. Después vendrán levantinos, castellanomanchegos, andaluces, murcianos y extremeños.
Miguel A. Díaz García | 03/02/2010
Para poder disfrutar de lances espectaculares, habrá sido esencial el trato dado a nuestros reclamos en los meses previos. Un mal pelecho, una deficiente alimentación y/o la falta o exceso de las horas de sol, harán que nuestros pájaros no estén en condiciones óptimas para su total rendimiento en el repostero.
Si a todo esto le sumamos lo extraño que está siendo en los últimos años el celo de las perdices de nuestros montes al defender sus territorios de influencia, nos podemos encontrar con unas mochueladas descomunales.
Si los preámbulos son importantes, el mantener los cuidados y mimos a nuestros pájaros durante la época de caza cobra una gran relevancia.
No debemos descuidar la alimentación de los verdaderos protagonistas del reclamo. El hecho de seguir suministrándoles piensos de alta energía o mixturas de granos muy ricas en proteínas y vitaminas, o el exceso de horas de sol, pueden hacer que nuestros guerreros sigan en estado de encele adecuado para la caza, pero también puede ocurrir que sea excesivo todo lo anteriormente explicado, y así nuestros perdigones pueden pasarse de celo e incluso empezar a soltar plumas, iniciando así un pelecho temprano que desaconsejará sacar al pájaro al campo, ya que en el pulpitillo, posiblemente, empiece a rajar o asear, sin querer meter en plaza al campo y deshaciendo toda posibilidad de finalizar finalmente el lance.

Se observa a veces que las hembras entran en plaza más enceladas que los propios machos.
En cambio, si suavizamos en demasía el aporte de alimentación especial en la época de caza, podremos conseguir que los pájaros se bajen de celo, de tal forma que en el campo corremos en riesgo de topar con un verraco que aplaste al reclamo. Lo cierto es que cada pájaro es distinto a los demás y necesita de cuidados personalizados. Algunos requieren mucho empuje alimenticio para cumplir en la caza y, sin embargo, otros, una vez iniciados en el celo, no precisan ser incentivados para mantener su estado óptimo en la caza, máxime si hemos tenido la suerte de poderles tirar alguna que otra collera.
Una vez hayamos conseguido iniciar y mantener el celo de nuestros reclamos, deberemos estar a expensas de lo que la naturaleza nos dé. Si en la anterior primavera criaron bien las camperas, tendremos más posibilidades de éxito. Si el otoño es generoso y temprano en lluvias, posiblemente las perdices estén muy buenas para entrar en plaza, y así podremos culminar lances deseables.
Si el invierno, en el cual se desarrolla esta modalidad cinegética, cumple sus objetivos de lluvias, heladas, días soleados y otros nublados sin lluvias, éste hará, siempre y cuando se cumplan las premisas anteriores, que podamos disfrutar de nuestra pasión. No en vano se suele decir que el perdigón hay que cazarlo con capote y botas de goma.
El celo

No existe una fecha definida que determine el día exacto del inicio del celo de la perdiz.
Sería conveniente explicar lo que los aficionados a esta modalidad de caza entendemos y defendemos al hablar del celo de la perdiz.
Estamos de acuerdo en que el celo es lo que hace iniciar el ritual de la reproducción natural de las distintas especies animales, si bien no es definitivamente una época de crianza.
Se podría decir que, en la perdiz, entre otras aves, esta época tiene tres fases bien definidas:
La primera es la conocida como la picaílla. Suele coincidir con los primeros días de lluvias del invierno, cuando, en condiciones meteorológicas normales, los días son unas veces soleados y otras lluviosos, y las noches frías y heladoras. Mirando el calendario, esto suele ocurrir desde mediados de diciembre hasta la mitad del mes de enero, aunque en estos últimos tiempos, no se ha cumplido esta norma.
Durante la picailla los machos del bando empiezan a pelearse entre sí buscando el liderazgo del grupo. De esta forma, los bandos se juntan y mezclan, ocasión que aprovechan los machos para medirse con los vecinos. De estas peleas suelen salir formadas las colleras, parejas o pares, aunque durante las noches se vuelvan a juntar al bando para pernoctar.
Defensa territorial
La segunda fase es la defensa territorial. Es en este tiempo en el que se desarrolla la actividad cinegética en nuestros terrenos. Las colleras formadas se asientan en una zona. En ella, el macho defiende los límites para asegurar la manutención a la prole que podría nacer en primavera.
Al introducir un macho enjaulado y encelado en ese territorio de influencia, el campero defenderá sus propiedades; primero, desde sus cantaderos habituales, lugares altos desde donde podrán otear todo o parte de sus dominios. Si esto no convence al intruso para que desista en su empeño de usurparle parte de sus propiedades, incluida su hembra, el macho del campo vendrá (normalmente acompañado la hembra) a buscar pelea con nuestro reclamo, inicio a lo que conocemos como entrar en plaza.
Reproducción y cría
La tercera y última fase es la que comienza con la confección del nido, la fecundación de la hembra por el macho, la puesta de huevos, la incubación y eclosión de los mismos, y la crianza de los nuevos pollos, por lo que ésta es la verdadera época de reproducción y cría de la perdiz roja, que puede extenderse desde mediados de abril hasta bien entrado el verano.

Cuando metemos en el campo un macho enjaulado y encelado, el pájaro campero acudirá raudo a defender su territorio.
En algunas ocasiones hemos podido observar que en plaza entran las hembras más enceladas que los machos, y parece que son ellas las que llevan la iniciativa en todo el ritual.
Personalmente creo que es debido a que los machos, debido al exceso de calor, la falta de lluvias y de noches frías en estos tiempos en los que debería azotar el invierno, no tienen el celo suficiente como para defender el terreno de influencia. Sin embargo, las hembras sí están receptivas, y ya que sus propios machos no les hacen demasiado caso, se dedican a usar los cantaderos para proclamar su estado febril, dando a saber que están receptivas para los machos. Como para la caza, los cuquilleros solemos tener encelados a nuestros machos (algunas veces en demasía...) las hembras acuden raudas, esta vez seguidas por sus machos.
Cuando esto ocurre, hay que tener cuidado con eliminar de una zona o coto de caza demasiadas hembras, ya que los machos, después del tiro a su compañeras, estarán muy reacios a entrar en plaza, y puede que se queden viudos para todo el resto del año.
Todo depende (ya lo hemos referido antes) de la climatología. Si el invierno es corto y la primavera temprana, podemos correr el riesgo de, a mediados o finales de temporada de caza, encontrarnos algunos nidos ya formados, e incluso con varios huevos, comprobando así que el inicio de la puesta ya ha comenzado, por lo que abandonaremos la zona para dejar tranquilas a las perdices, desistiendo de esta forma de volver a colocar puesto, repostero y pájaro para evitar hacer daño al campo.
El inicio de la temporada
No existe una fecha definida que determine el día exacto del inicio del celo de la perdiz (aunque siempre se ha dicho «Por San Antón, cada perdiz con su perdigón»), por lo que no debería existir un día concreto en el que, año tras año, se levante la veda. Pero como las distintas administraciones autonómicas deben publicar sus órdenes de vedas con el suficiente tiempo (suele ser entre mayo y junio de cada año) para poder organizar la caza de la media veda, que es la más temprana en el calendario, se ven obligadas a poner las fechas de las demás modalidades de caza.
Para delimitar las fechas de inicio y cierre de la temporada del reclamo habría que tener en cuenta la cantidad de perdices resultantes de la última cría, las características del otoño (lluvias, temperaturas, pastos...) y las del inicio del invierno (frío, heladas nocturnas, temperaturas...), además de otras premisas que ya se están teniendo en cuenta, como las características de las zonas a cazar (latitudes, tipo de terrenos cinegéticos, etc.).
Las administraciones deberían buscar una solución a este problema, eso sí, consultando con gestores, cazadores y demás interesados en estos temas, a sabiendas que éstos nunca van a tirar piedras contra su propio tejado, y convencidas de que el cazador es el más interesado en mantener un equilibrio adecuado en el campo, en beneficio de las especies cinegéticas y de la caza.
(Asociación Nacional de Cazadores de Perdiz con Reclamo, ANCREPER)
Comentarios (2)
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A ver si leen el artículo muchos de estos “modernos detractores” de esta bendita modalidad, como es, La Caza de la Perdiz con Reclamo macho, y se enteran de una vez, que el celo de la perdiz empieza mucho después de que cierren la veda, y que mientras tanto, solo se trata de defensa territorial, y nunca se puede hablar de celo, propiamente dicho.
Enhorabuena por el artículo,
Un abrazo.
Joaquín……….. Cuquillero
Un abrazo. Baldomero
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