Tiempo de terreros

Cuando ese olor a esparto en las manos ya no las embriaga, cuando ya son recuerdos aquel del tomillo, el romero y la jara… suspiros de añoranza acompañan al jaulero que, cabizbajo, deambula absorto en su pensar entre susurros que surgen como rezo, repasando mentalmente aquellos días de pasados puestos y de trabajos realizados por sus reclamos.

David L. Amador Fontalva | 16/06/2008

Se han de enfrentar a la muda o peleche en las mejores condiciones posibles

Finalizada su caza, la vida del jaulero vuelve a sufrir un cambio importante, y quiero pensar que para todos nosotros muy agradable, pues forma parte de este arte observar que la vinculación y complicidad entre cazador y reclamo continúa siendo patente. Es tiempo de terreros, denominando así a este momento, en el cual, aquellos reclamos que merezcan el esfuerzo, mimos y dedicación, un año más, por parte del cuquillero se han de enfrentar a la muda o peleche en las mejores condiciones posibles.


Acabada la temporada de caza con reclamo, ahora comienza ese otro periodo durante el cual el jaulero debe atender con mimo a su pájaro para asegurarse de que la muda se realiza de la mejor forma posible.

Es ésta, quizá, la época más delicada de la vida de un reclamo, pues durante el proceso de muda sufre apatía y fiebre, llegando en algún caso a costarle la vida. Debemos, dentro de nuestras posibilidades, facilitarles que esta transición sea lo más llevadera posible. Para ello, tendremos que ir preparándoles un lugar idóneo y un espacio confortable donde éstos se puedan encontrar de la mejor de las maneras; así, les haremos el tiempo más soportable y cómodo.

Es base de esta modalidad que los protagonistas lleguen en la mejor forma y manera posible al inicio de la próxima temporada, siendo condición fundamental que hayan tenido una buena muda.

Ahora bien, basándonos en lo anterior, la experiencia nos ha demostrado una serie de preceptos a tener en cuenta para que este tiempo tan delicado nos sea próspero en cuanto a la salud de nuestros campeones. A los reclamos, con anterioridad a introducirlos en los terreros, unos dos o tres días antes, los desparasitaremos internamente. Para ello hay productos específicos en pajarerías, y el motivo lógico de hacerlo con esa anticipación es evitar que las deposiciones se mezclen con la tierra y éstos, al picarla, se vuelvan a infectar.


Terrero de doble piso realizado en madera. Como fondo, la mayoría de los pajariteros suelen colocar tierra para que la perdiz realice la limpieza de su plumaje. © Alejandro Jurado Romero.

La ubicación de nuestros terreros o pelecheros, para que sea la ideal o aconsejable, debiera ser al aire libre, situados al oeste, para que reciban los primeros rayos del sol, al amanecer, pues es menos dañito y a la vez beneficioso. Siempre les buscaremos la sombra y evitaremos de esta manera el calor del mediodía y el de la tarde, que durante el verano es muy perjudicial. De esta forma, el pelecho será lo más natural posible, similar al de sus congéneres en el campo. Evidentemente, no todo el mundo posee una terraza o un patio donde poder ubicar de esta manera sus terreros, teniendo que ser otros los lugares donde deben realizarlo; en esos casos, procuraremos que el sitio se encuentre en un lugar ventilado y fresco.

Quizás, dentro de esta antigua modalidad de caza el utensilio que más ha podido evolucionar haya sido, precisamente, el que nos ocupa, pues cada año podemos encontrar en el mercado terreros portátiles al gusto prácticamente de cualquier consumidor. Los individuales, dobles, dobles con habitáculo compartido de tierra en el centro, muebles de cuatro, seis, ocho pelecheros...

La madera como base principal estructural de forma ornamental está dejando paso en la actualidad al acero inoxidable, de mayor durabilidad, a la vez de ser más aséptico y fácil de limpiar. Sin dejarnos atrás los realizados por los propios jauleros, auténticas obras de arte, donde el trabajo y la calidad llegan a impresionar a cualquiera, tampoco debemos olvidar los voladeros, en éstos disfrutan de mayor espacio nuestros pájaros, pese a que no son muy aconsejables, pues este espacio es compartido e irremediablemente se producen peleas, muy perjudiciales e innecesarias, que nos pueden causar importantes disgustos.


Hay diversos tipos de terreros, entre ellos de madera y de chapa, material este último que cada día gana más adeptos. © Alejandro Jurado Romero

La tierra, por ser quizás las más utilizada por la mayoría de nosotros, estaría compuesta por la siguiente mezcla: una parte de tierra vegetal (de huerto o labor) a la que añadimos otra de arena de río (o de arena de torrentera formada tras la lluvia) y media de ceniza, bien de olivo o de encina, que hará función antiparasitaria natural externa.

Esta arena la iremos cambiando periódicamente, cada quince días aproximadamente, tiempo suficiente y adecuado para una correcta limpieza del plumaje que han tirado y de los excrementos. Ni que decir tiene que si pulverizamos de paso con algún producto antiparasitario externo específico para aves —que encontramos con facilidad en el mercado—, complementamos el toque de limpieza y apoyo a aquellas zonas donde no haya llegado la ceniza.

Procuraremos que durante estos cambios la arena se encuentre algo húmeda, así ayudará a tirar plumas con más facilidad. Como curiosidad, indicaremos que hay otros aficionados que innovan más aún y en zona de playas pelechan a sus reclamos con la arena lavada de la orilla por el mar, que le da muy buen aspecto a la pluma, me imagino que motivado por el salitre, y además tiene otra ventaja añadida; ésta no levanta polvo.


La ubicación del terreros debe ser al aire libre y orientados al oeste, para que reciban al amanecer los primeros rayos del sol. © Alejandro Jurado Romero

La dieta alimenticia varía durante este periodo. Así, evitaremos darles comida estimulante de encele y les controlaremos el suministro de grasas vegetales, como podrían ser las pipas de girasol. Aunque aquí de nuevo entra la costumbre de cada pajaritero y según cada cual, empleará, bien pienso específico de mantenimiento —con unos granos de trigo para que el almidón rebaje proteínas— o bien su propia mezcla de granos que utiliza por hábito o tradición. Independientemente de una u otra práctica, será común aportarles frutas y verduras frescas.

El agua durante este periodo será muy importante y fundamental, procurando siempre se encuentre limpia y fresca, pues de esta manera evitamos enfermedades intestinales que les podría provocar la inadecuada higiene.

Una vez recordados y seguidos los pasos anteriores, como comenzaba este artículo, para finalizar el jaulero suspirará nuevamente y con suave palilleo a sus reclamos, uno a uno les deseará entre susurros: «Buen peleche, compañero. Gracias por compartir conmigo tu trabajo, tu esfuerzo y tu cantar». ¡Buena muda!

David L. Amador Fontalva
Asociación Nacional de Cazadores de Perdiz con Reclamo (ANCREPER)

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