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Nota

Todos los datos expuestos en este artículo han sido extraídos de la Tesis Doctoral titulada: «DETERMINACIÓN DE LOS PRINCIPALES PARÁMETROS ECOETOLÓGICOS DE LA PERDIZ ROJA (Alectoris rufa Linnaeus, 1758) Y SU APLICACIÓN A LA EVALUACIÓN DE ANIMALES DESTINADOS A REPOBLACIÓN», defendida en la Facultad de Veterinaria de León por el Dr. José Antonio Pérez Garrido el 20 de junio de 2006, habiendo obtenido la calificación de «Sobresaliente Cum Laude». Los protocolos desarrollados forman parte del Proyecto «Reproducción de Especies Cinegéticas Autóctonas», financiado por la Diputación Provincial de Valladolid.

Claves de las repoblaciones de perdiz roja

en verano y otoño


La perdiz roja, la pieza reina de la caza menor, merece toda nuestra atención, como cazadores y como gestores del medio en el que desarrollamos nuestra actividad. En este artículo damos, en base al estudio realizado por los expertos, las claves para las repoblaciones de las patirrojas en nuestras áreas de caza.

El método de repoblación más utilizado a la hora de intentar reforzar las poblaciones naturales de perdiz roja consiste en la suelta, en época estival, de pollos de perdiz roja de entre 2 y 5 meses de edad, siguiendo las recomendaciones de diferentes autores como LERANOZ y CASTIEN (1989) tras un completo trabajo realizado en la provincia de Navarra, o CAPELO y col. (1996) en Portugal. Las enormes diferencias existentes entre los diferentes hábitats en que se han realizado estudios de este tipo, justificaba la necesidad de emprender una experiencia similar en otro medio tan representativo para la especie como es el que nos ocupa: el ecosistema agrocerealista, que supone prácticamente 1/5 de la distribución espacial de la perdiz roja en la Península Ibérica.

Ningún animal de granja llegó con vida a la época reproductiva siguiente, con lo cual no pudieron incorporarse al plantel reproductivo de la finca.

Por ello, los primeros estudios realizados por nuestro equipo sobre repoblaciones de perdices controladas con equipos de radioseguimiento se basaron en la utilización de animales jóvenes entre los meses de agosto y noviembre (PÉREZ y col., 2004), durante tres años consecutivos, tratando de evaluar, además de su capacidad de supervivencia, sus posibilidades de integración en los bandos de perdices autóctonas, todo ello en una época en que se produce la formación de bandos a partir de las nuevas polladas existentes en el campo.

Animales utilizados


Necropsia de un cadáver y causa de muerte indeterminada, sin indicios de cualquiera de los otros tres grupos de causas de muerte.

Se liberaron un total de 144 individuos, todos ellos con menos de 6 meses de edad: 90 procedentes de granja cinegética comercial con los debidos controles sanitarios y genéticos (GG) (54 pollos de 2-3 meses y 36 subadultos de 5 meses de edad) y 54 pollos silvestres (SS) (2-3 meses de edad) capturados en la Finca Coto Bajo de Matallana, propiedad de la Excma. Diputación Provincial de Valladolid. Todos ellos fueron equipados con sus correspondientes collares radioemisores. En el caso de los animales de granja se procuró liberar el mismo número de machos que de hembras.

Metodología y resultados

Se compararon dos métodos de suelta: directa e inmediata tras su recepción/captura y con aclimatación previa en jaulón durante una semana.


Perdiz muerta por actividad cinegética.

Tras realizar el correspondiente tratamiento estadístico de los datos, no aparecieron diferencias significativas entre las diferentes variables estudiadas en función del año, punto de suelta o fecha de suelta. Ello nos lleva a tratar los resultados para el conjunto de animales sin considerar dichos aspectos para facilitar su interpretación.

Supervivencia

Ningún ejemplar procedente de granja cinegética llegó con vida a la siguiente época reproductiva. La supervivencia media para el total de los animales de granja fue de 10,35 días, 12,57 días para los pollos, con una supervivencia máxima de 79 días (Gráfico 1). Dicha supervivencia media se redujo a 8,5 días para los subadultos repoblados en otoño, con una supervivencia máxima de 48 días.


Gráfico 1: Supervivencias media y máxima de animales silvestres y de granja.

En cuanto a las bajas regradas, observarnos cómo la mayoría se agrupan en las dos primeras semanas posteriores a la suelta (casi un 78%), permaneciendo con vida únicamente 8 animales durante más de un mes, y sólo 2 individuos sobrevivieron más de 2 meses (Gráfico 2).


Gráfico 2: Evolución de la supervivencia tras la liberación al campo.

Analizando las causas de muerte, 68 de las 90 perdices de granja (un 75,56%), murieron a manos de los predadores: 39 de ellas predadas por rapaces (un 43,33% del total) y 29 por carnívoros (un 32,22%), mientras que para 14 no pudimos determinar con exactitud la causa de muerte (15,56%) y 8 fueron cazadas en cotos del entorno (8,89%) (Gráfico 3).

Por su parte, casi uno de cada tres pollos silvestres llegó con vida a la primavera siguiente, y un 15% sobrepasa con vida los 11 meses de duración de la batería del collar, estableciendo una supervivencia media estimada de 91,04 días (Gráfico 1).


Gráfico 3: Causas principales de muerte (en %) de perdices de repoblación.

A diferencia de lo que apreciamos en las perdices de granja, para el caso de los pollos silvestres no se observa un agrupamiento de bajas en fechas tan concretas, sino que éstas se registran de manera más escalonada. Así, durante la primera semana posterior a la suelta se registran un 20,37% de las bajas, y durante las primeras dos semanas un 37,04%, superando el primer mes de vida la mitad de los animales (Gráfico 2).

También para los pollos silvestres los predadores se muestran como la principal causa de desaparición de los mismos, causando la muerte de 36 animales (78,26%), 22 por predación aérea (47,83%), y 14 por predación terrestre (30,43%). Para 8 de las restantes perdices encontradas muertas no se pudo constatar, a ciencia cierta, la causa de muerte (17,39%), mientras que 2 ejemplares fueron cazados en cotos limítrofes con el área de estudio (4,35%) (Gráfico 3).

Dispersión y área de campeo

Observamos que, desde su puesta en libertad, los movimientos de los pollos de granja fueron muy reducidos en comparación con los registrados para los silvestres, de modo que su dispersión media apenas alcanzó los 470 m, con una dispersión máxima individual de casi 1750 m (Gráfico 4). Además, las primeras mostraron sus mayores desplazamientos en días inmediatamente posteriores a la suelta, de modo que en cuanto llegaban a un sitio en el cual encontraban alimento fácil y cierto nivel de protección, las localizaciones de estos animales prácticamente no sufrían modificación alguna. En consecuencia, sus áreas de ocupación fueron de escasa superficie (poco más de 9,5 has de media) (Gráfico 5).


Gráfico 4: Dispersiones (en metros) de perdices con distinto origen.

Sin embargo, las perdices silvestres mostraron un movimiento continuo por su área de ocupación, con unas dispersiones media (1194 m) y máxima (3880 m) que casi triplicaron a las registradas para las de granja (Gráfico 4), lo cual se refleja, también, en unas mayores áreas de campeo (Gráfico 5).


Gráfico 5: Áreas de campeo (en Has) de perdices con distinto origen.

Comportamiento social y éxito reproductivo

Pese a que algunos autores optan por las repoblaciones con pollos de granja porque observan que se unen a bandos silvestres, en nuestro caso ningún ejemplar se integró en bandos. Aunque es cierto que cuatro de ellos los localizamos, en diferentes ocasiones, en las cercanías de polladas silvestres, una vez que estas emprendían la huída, se quedaban solos, de modo que en localizaciones posteriores ya aparecían aislados.


Perdiz predada por carnívoro, con plumas mordidas, huesos rotos y marcas de dientes en la antena.

Sí que se observaron con frecuencia asociaciones de 2-3 pollos de granja, a modo de bando, pero siempre se produjeron en las inmediaciones de las instalaciones de mantenimiento de otras perdices, con lo cual no pudimos comprobar si era una asociación como tal o sólo coincidencia en una zona de elección para estos animales, puesto que cuando emprendían la huída lo hacían por separado.

Como hemos visto anteriormente, ningún animal de granja llegó con vida a la época reproductiva siguiente, con lo cual no pudieron incorporarse al plantel reproductivo de la finca.


Perdiz predada por predador aéreo, con plumas arrancadas limpiamente y huesos descarnados.

En el caso de los pollos silvestres, todos ellos se integraron en bandos y, lo que más llamó nuestra atención, tanto en sus bandos de procedencia como en otros diferentes, e incluso constatamos, en diversas ocasiones, fue el intercambio de individuos entre bandos que compartían parte de sus zonas de ocupación. De todos ellos, 8 llegaron con vida a la siguiente estación reproductiva y 5 se emparejaron, si bien, debido al agotamiento de las baterías de los collares, tan sólo pudimos comprobar que 2 de ellos llegaran a incubar.

Influencia del método de suelta

Ningún resultado parece significativamente influenciado por el método de suelta. En las perdices de granja sí que se observó una supervivencia media superior para los liberados desde jaulón de aclimatación (16,79 días frente a 9,20), pero la supervivencia máxima de los lotes fue similar (79 frente a 76 días), y no sirvió para incrementar el éxito final de la «repoblación» (Gráfico 6). La dispersión media fue ligeramente mayor para los liberados inmediatamente después de llegar a la finca (494,97 m frente a 437,65).


Gráfico 6: Evolución de la supervivencia de los animales de granja en función del método de suelta.

Gráfico 7: Evolución de la supervivencia de los animales silvestres en función del método de suelta.

Curiosamente, en el caso de las silvestres sucede al revés, de modo que los liberados desde jaulón de aclimatación fueron los que menor supervivencia presentaron (37,33 días frente a 106.38) sin que ninguno de ellos superaracon vida los 6 meses, mientras que poco más del 30% de los liberados inmediatamente después de su captura superan dicha fecha (Gráfico 7) y fueron, a su vez, los que mayores dispersiones realizaron, con medias de dispersión muy superiores a la de los liberados sin pasar por jaulón de aclimatación (1708,63 m frente a 1048,02).

 
Por José Antonio Pérez Garrido, Daniel José Bartolomé Rodríguez y Marta Elena Alonso de la Varga.
Departamento de Producción Animal.
Facultad de Veterinaria de León.
e-mail: japgvet@gmail.com
 
Fotos: Alberto Aníbal Álvarez y autores.

 

Comentarios (4)

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Nada nuevo bajo el sol.
makis
10/07/2007 23:50:48
Total, que este estudio viene a corroborar lo que todos ya sabíamos, que las "perdices" de granja no sirven nada mas que para engordar los depredadores que acuden a donde las sueltan como el que va al frigorífico lleno de carne a darse un festín.

También sirven para engordar los bolsillos de los de los negocios de las granjas, por supuesto que si.

Tal como arrojan los resultados no llego ni una de las granjeras a ser viable y sobrevivir.

Lo que no dice el estudio es que al tener carne fresca los depredadores acuden en masa, con lo cual también aumenta la presión de estos depredadores sobre las escasas perdices autóctonas que haya, con lo cual le estamos haciendo un flaco favor al coto, pues los depredadores que ya se asientan en el territorio seguirán con las camperas una vez hayan terminado con las provisiones que constituyen las granjeras soltadas, no abandonando el territorio hasta que terminen tanto con unas como con otras.

Por lo que yo creo que en vez de repoblar con granja, que al final es tirar el dinero, deberíamos ser mas pacientes y esos medios emplearlos en financiar mejoras del hábitat de nuestras perdices, gestionando comederos, bebederos, refugios...etc, además de llevar a cabo un control de predadores, siempre dentro de lo permitido por la ley.

Con poco que se invierta en esto, si somos un poco pacientes, se verán los resultados, siendo el aumento que consigamos de la densidad de perdices mucho mas viable y fiable, ya que la "REINA" es muy agradecida si la cuidamos, y nos lo premiara con creces.

Saludos a todos.
Makis.
Felicitación
makis
10/07/2007 23:59:58
Se me olvidaba, mis mas sinceras felicitaciones a los autores del estudio, y agradecerles su honradez y valentía al publicarlo, ya que seguro que habrán tenido o incluso tendrán algún tipo de presión por parte del colectivo de criadores de "Gallinos", (huy, Perdón)digo "Perdiz de crianza"(como a los granjeros les gusta denominarlas), vamos igual que el vino:, crianza reserva, de tal añada... etc.

¡Lo que hay que ver y oír.!

Repito mis felicitaciones a los autores.

Makis.
si pero...
JACS
11/07/2007 21:58:55
Bien, el estudio me parece bastante real pero no representativo para la situación de esos cotos en los que se practican dichas sueltas, hay que tener en cuenta que en estos sitios se produce una eliminación sistemática de todo tipo de depredadores, hasta el punto de estar una semana estudiando un coto y no llegar a ver una simple hurraca, para que hablar de aguilas, zorros, meloncillos..., en ellos todo apunta al veneno, con lo que se cierra el circulo de adulteración del entorno.
Mi humilde opinion es que si se quieren tener perdices lo unico que hay que lograr es un aprovechamiento sostenible, conjugando mejoras de habitat y "algo" de eliminación de predadores especialmente hurraca, grajilla, meloncillo, zorro y jabalí(se que el meloncillo esta protegido)no creo que haya mas secretos. A nosotros siempre nos ha funcionado.
POR FIN LO QUE QUERIA
Igor24
31/07/2007 23:12:40
Estimados autores y compañeros cazadores, algunos como yo por fin leemos un artículo que constate experimentalmente nuestras sospechas casi del todo confirmadas. LA ÚNICA MANERA de mantener un campo y monte con poblaciones animales correctamente estructuradas es realizando una GESTIÓN COMPROMETIDA Y FORMADA (gestores formados). Gestores formados en el conocimiento real de nuestra naturaleza y ecosistemas y comprometidos en el sentido de que su principal interés en su labor sea mantener las poblaciones animales en el equilibrio que permita su necesaria extracción de individuos, caza, y no en hacer negocios; yo no digo que quien dedica tiempo a gestionar algo que todos los ciudadanos disfrutamos no cobren, pues las perdices y los jabalíeeeeeeeees son de todos, pero una cosa es cobrar y otra enriquecerse.

En África y en todo el mundo está quedando constatado que LA CAZA ES NECESARIA puesto que los humanos hemos transtocado un posible "orden natural" en el que no sería necesaria intervención alguna, y no quedan prácticamente en todo el mundo lugar en el que ese orden natural persista (quizás en lo más recondito del Amazonas y otras selvas perviva este orden natural, cuyo ecosistema incluye al hombre como especie animal integrada en un ecosistema equilibrado, ya que esos humanos impactan lo justo y necesario en su medio, por cierto no debemos ir a influenciarles, ni son mejores ni peores que nosotros, ni mucho menos más pobres, aunque vivan menos años).

De manera que el EQUILIBRIO MEDIAMBIENTAL está en que se proteja y mantenga la vida de aquellas especies amezadas y se cace o elimine del ecosistema (caza con dardos para repoblar otras zonas) las especies que incrementen su número por encima del necesario debido, en la mayor parte de los casos, a la acción humana. El caso de la perdiz es claro, en un monte en que las hay y no se siembra no suele haber excedentes que cazar, pero en cuanto se siembran unas fincas, tenemos muchas perdices pues tienen más comida y la protección que ya les sobraba, y entonces a cazar de lo lindo...

En definitiva: gestión bien orientada; un saludo a todos los cazadores ecologistas que existimos. Igor24.

 

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