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Un ganadero encuentra a un jabalí matando a navajazos a una ternera

«Le mordía y, en cada embestida, le levantaba casi un metro del suelo. Nunca he visto nada igual. Me quedé petrificado por la escena. No imaginas el terror que supone ver aquella gran cabeza ensangrentada mordiendo y comiendo a la ternera».

16/08/2018 13:37:26 | CdC | Archivado en:  JabalíCantabriaAgricultura.

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Ternero muerto por jabalí
Detalle donde se aprecian las dentelladas y navajazos del jabalí en el cuerpo del ternero.
Detalle donde se aprecian las dentelladas y navajazos del jabalí en el cuerpo del ternero.
Jabalíes de esta misma noche en las tierras de Higinio
Jabalíes de esta misma noche en las tierras de Higinio
Daños al maíz 2
Daños al maíz

De esta manera describe la terrible escena que vivió Higinio Ruiz el pasado lunes cuando llegó a su ganadería y se dirigió a comprobar el estado de una ternera nacida el día anterior.

Una publicación en las redes sociales de Piensos y Forrajes Grupo Aregon nos ponía sobre la pista del suceso. Su responsable, Juan Manuel Torres, amigo de Higinio, nos ha hablado de lo sucedido: «Cuando nació la ternera, Higinio le dio el calostro y la dejó a buen recaudo, junto a su madre. Cuando volvió al día siguiente temprano, se encontró a un jabalí enorme zarandeando a la ternera. Me lo contaba como si fuera una película de terror».

Un ataque salvaje

Hemos contactado con Higinio Ruiz, propietario de la empresa Ruiz Vasco Sc, ubicada en Meruelo, Cantabria, una explotación de ganado bovino para la producción de leche, para que nos cuente todo lo que vio: «Llegué temprano en la madrugada del pasado lunes, sobre las 5:45 h. para comprobar el estado de la ternera, nacida pocas horas antes. Pero no llegué a bajar del coche. La escena que encontré me dejó paralizado».

Y no es para menos. A tan sólo unos metros del coche pudo comprobar la fiereza de aquel cochino, que arremetía con una fuerza increíble y salvajemente contra el cuerpo del ternero: «El jabalí, de unos 90 o 100 kilos, no dejaba de zarandear a la ternera moribunda. La levantaba del suelo, la mordía, la atacaba con las navajas. No sabía qué hacer, pero no me atreví a bajar del coche. Jamás había visto algo parecido».

La cercanía con el jabalí era extrema: «Estaba a menos de diez metros del jabalí, alumbrándole con los faros del coche, y él ni se volvió. Pude ver que era un macho, le veía abrir y cerrar la boca en cada dentellada y cada mordisco que le daba a la pobre ternera».

Más de medio minuto de terror

La escena se alargó durante más de medio minuto, aunque al aterrado ganadero se le hizo eterna: «Estuve allí, sin moverme, durante 30 o 40 segundos. Ni se inmutó ante la cercanía del coche. Hasta que reaccioné y abrí un poco la puerta para intentar grabar con el móvil al jabalí. En ese momento, se volvió hacia mí y me miró. Acto seguido, se dio la vuelta y se alejó tranquilamente».

Inmediatamente se llamó al guarda del Parque Nacional, que se personó en el lugar e hizo parte de lo sucedido para, posteriormente, tramitar la correspondiente denuncia en el cuartel de la Guardia Civil.

El problema de los daños ocasionados por el jabalí es una constante que va a más con el paso del tiempo en esta zona. La especie vive una expansión incontrolada en las zonas costeras del norte peninsular. Al no encontrar predadores naturales, puesto que el lobo no llega a zonas tan cercanas al mar, y gracias a una gran capacidad reproductiva, con dos gestaciones anuales en esta área, El resultado es que se expanden por zonas cada vez más cercanas a estas explotaciones ganaderas y agrarias.

Juan Manuel Torres describe la situación como crítica. Su trabajo se centra en la agricultura, en la siembra, y teme que el año próximo, ante tanto daño ocasionado por el jabalí, el negocio se resienta a muy altos niveles.

La solución: seguir cazándolos

Ante la magnitud que está tomando el problema, el control de las poblaciones de jabalí se hace imperativo. Para hablar de la situación de la caza del jabalí hemos hablado con Ignacio del Valle López-Dóriga, presidente de la Federación Cántabra de Caza.

Nos cuenta que el crecimiento del jabalí en la zona ha sido exponencial: «Hace doce años, la presencia del jabalí en este tipo de entorno costero era mínima. Ahora estamos teniendo verdaderos problemas de sobrepoblación. Las zonas de reserva, como la Reserva Natural de las Marismas Santoña, se han convertido en el origen de este problema, desde ahí se extienden a los alrededores».

Ignacio subraya que el hábitat que encuentran en las zonas de reserva, unido a la gran cantidad de alimento que encuentran en las explotaciones agrarias de los alrededores ha conseguido que el jabalí se reproduzca a unos niveles altísimos: «Las grandes plantaciones de maíz le ofrecen un alimento que les encanta. Además, los bosques de eucalipto y de encina les aseguran cobijo».

De esta manera, el cazador se ha convertido en una herramienta indispensable para el control poblacional de esta especie en expansión: «Allí se conceden 24 cacerías como mínimo al año en cada coto de la zona, con un cupo que se ha incrementado a ocho jabalíes por cada batida. Y las cuadrillas de la zona son muy efectivas en las batidas que se organizan, llegando a abatir cinco o seis ejemplares en cada día de caza. Incluso en el Parque natural de las marismas se celebran batidas de control continuamente».

A pesar de un control cinegético intenso, la proliferación de jabalíes sigue imparable. ¿Qué se debe hacer para mantener la densidad de cochinos en unos números estables y que no intercedan en el entorno ganadero y agrícola de Cantabria? López Dóriga lo tiene muy claro: «Hay que seguir cazándolos. Nuestros cazadores son muy efectivos. El problema es que en la costa no hay tradición en la caza del jabalí, y eso hay que potenciarlo. La Administración no pone trabas a este control cinegético. Creo que debemos centrarnos en cazar las zonas de reserva, esas áreas donde se refugian y desde donde se han expandido».

Jabalíes cada noche comiendo las siembras

Higinio nos envía una foto de esta misma noche. El jabalí acude cada noche a comer en sus siembras: «Están comiendo mucho, si sumo lo que destrozan al año, puede llegar a los 40.000 kilos. Ahora mismo están entrando, y eso que el maíz aún no tiene panoja, pero devoran lo que encuentran a su paso, pero lo peor, es que rompen todo allí por donde pasan. No tienen ningún miedo. Nos acercamos con el coche hasta ponernos a su lado. no son como el zorro, que enseguida que lo alumbras escapa, los jabalíes no extrañan nuestra presencia».

 

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